Cómo sobrevivir a una Fiesta erasmus….
Octubre 19th, 2009 • Tendencia
Siempre que alguien me propone ir a una Fiesta erasmus no puedo evitar imaginarme a un chulazo sueco ofreciéndome una copa mientras me cuenta las bondades de Ikea. Al fin y al cabo, en algún lugar tuvo que conocer Anita Obregón a Darek, ¿no? Como soy una ilusa (y una retrasada), siempre acepto la invitación a la fiesta encantada, olvidándome de las experiencias amasadas anteriormente y dispuesta a salir con un polaco debajo del brazo (o de las bragas):
-Una Fiesta erasmus es reconocible por la ingente cantidad de rubias que atestan el salón. El problema es que siempre creen que soy una más de su especie (soy rubia), y vienen histéricas a contarme no sé qué tontería en su idioma incomprensible. En ese momento me sale una vena flamenca de la que, afortunadamente, carezco (si me vistiera con un traje de luces parecería Gunilla von Bismark ataviada con lunares) y les digo que soy española mientras hago un gesto con los brazos que pretende emular un paso de las sevillanas. Tan mal se me da la tarea que las extrañadas escandinavas llaman al SAMUR creyendo que me ha dado un ataque de epilepsia, o de parálisis facial, porque mi cara de flamenca no tiene precio. Es bastante similar a la que uno pondría al ir al baño o al ver una foto de Jaime Peñafiel en trikini, pero emitiendo un sonidito (ayayayayayayyyyyyyyyyyyyyyy) que pretende ser flamenco, aunque junto al resto de gestos, parece una auténtica súplica de ayuda. En esas situaciones sé lo que Isabel Pantoja siente al visitar el zoo y comprobar que los osos se pegan a los barrotes tratando de hacerla entrar en la jaula, creyendo que ella es una de la especie.
- Los asistentes españoles masculinos a una Fiesta erasmus me hablarán, irremediablemente, en inglés. Les tendré que explicar que soy rubia, pero no guiri. En ese momento, son ellos los que se vuelven rubios y me cuentan que hay muy pocas rubias en España. Yo les respondo con un tajante y pocos hombres inteligentes, y acto seguido vuelven a hablarme en inglés. Creo que no me han entendido.
- Alguna fémina anglosajona vendrá a hablarme en español. Quedo bastante sorprendida cuando utiliza palabras como inflación, prolijo o coma etílico, y en ocasiones me he sorprendido buscando un diccionario de español para poder seguir el ritmo de su conversación. O estos extranjeros aprenden español muy rápido o, definitivamente, soy de otro país: de Mongolia
- Mi apartado preferido es el del examen del ganado masculino: estarán los suecos, fornidos rubios de sonrisa perlada que mantienen la compostura. No falla, siempre tienen novia. Colgada del brazo. Colguémosla del cuello, pienso. Cuando me dispongo a cometer un homicidio, un brazo me arrastra hasta un ser sudoroso, gordo y rojo cual Hellboy: el inglés borracho. Querrá hablarme en español, pero como no hay forma de entendernos, optaré por hablar en inglés. El cerdito agridulce no me ofrece nada nuevo, y dado su grado de alcohol en sangre, descarto la posibilidad de llevarlo a una habitación para extirparle el hígado y venderlo en el mercado negro.
- Hablando de habitaciones, siempre estará el macho al que, definitivamente, te quieres llevar a una. Alto, modernito, moreno de piel… y rodeado de putitas. Le llamaremos Opción A (en las Fiestas erasmus, catalogo a los hombres según la jerarquía marcada por la belleza). Cada vez que Opción A sonríe, mis ojos, cargados de humo y de la saliva que el cerdo anglosajón derramó sobre mí al hablar, se ciegan por el brillo de esos maravillosos dientes. Cuando pienso estas cosas, me asusto de mí misma, parezco una ganadera examinando un burro mediante la valoración de su dentadura.
Al final de la noche decido irme a casa, prometiéndome a mí misma que nunca más voy a volver a una fiesta de guiris (sobre todo cuando el 80% son españoles intentando probar carne extranjera). Cuando abro la puerta, escucho al español de antes gritarme Please, don´t go! Arriba Alemaniaaaaaaaaaa. Me doy la vuelta, resignada, y mientras le digo adiós con la mano, le digo Auf wiedersehen.
Bonus track: Erasmus Borrachas.





Comentarios