A contracorriente con Vicky Cristina Barcelona

Penélope Cruz en Vicky Cristina Barcelona

Entiendo a la perfección que cualquier defensa de Vicky Cristina Barcelona está, por varios motivos, condenada al fracaso de antemano, ¿qué me vais a decir a mí que he hecho sangre de ella en diversos cinefórums?, pero resulta que el estreno de Si la cosa funciona (aquí más info), me ha llevado a lanzar una aventurada hipótesis (¿qué queréis? es Sábado). Vicky Cristina Barcelona es, para casi todos, una cinta tópica: su tratamiento, su historia, sus personajes, en especial las 2 protagonistas, la Vicky y la Cristina del título, cuya actitud ante el amor es, en efecto, tópica. La primera es la chica-que-busca-marido, la segunda la-chica-que-busca-emociones/sexo (si me apuráis, lo mismo ocurría con las hermanas Dashwood en Sentido y sensibilidad) y ambas matizarán sus posturas, acercándolas, tras algunos desengaños sentimentales. No ayuda, para seguir con lo tópico, que Allen haga de guía por una Ciudad Condal de postal. Pero, ¿y si la clave fuera justo esa?

En una secuencia del film, un poeta, el padre de Bardem, asegura estar cabreado con la humanidad por no haber certificado tras miles de años de civilización que la solución es el amor. Puede que esa Barcelona de agencia de viajes sea la alegoría más precisa para una humanidad que practica, y cada vez en mayor grado, el turismo del amor. Como si enamorarse fuera lo mismo que subirse a un Bus Turistic. Va a ser cierto que ya no quedan románticos y, de quedar, estos son japoneses con nikkons al cuello que compran miniaturas de cariño a 1 euro el beso en kioscos de souvenirs.

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2 Responses (Add Your Comment)

  1. Para mí esta película no tiene defensa la cojas por donde la cojas, y si no estuviera firmada por Allen le hubieran llovido palos por todas partes, más de los respetuosos palitos que le han caído.
    No sólo los topicazos sobre los que se argumenta la historia, la calidad de la película no llega ni a telefilm, y la cancioncita de la banda sonora, dan ganas de coger a la tía que canta y amordazarla para que deje de taladrarnos el cerebro con la cansina y machaconita canción.
    En fin, como ves, yo, por mucho que intente buscar motivos para ir a contracorriente, no los encuentro.

    Saludos

  2. Las chicas, eso sí, muy fotogénicas, pero no pagan el soberano aburrimiento de esa recorrida española for export, de pasión más declamada que exudada.
    Y ya que mencionas las damiselas de Sense and Sensibility, permíteme acotar que, moviéndose en el siglo XIX, con las restricciones para un “decir” explícito ,Jane Austen (como posteriormente las borrascosas hermanas Brontë)lograba sugerir todo el ardor erótico interno de sus heroínas a través de recursos infinitamente más sutiles y menos tópicos. Sin contar que, además, te hacían enamorar del amor.
    Salvando los siglos, las distancias y las costumbres, las únicas veces que Allen logró transmitirme algo de esto fue en las ya lejanas Manhattan y Annie Hall.

    Saludos, Iban !

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