Posts Tagged ‘Fringe’
Fringe. Over There
Mayo 27th, 2010 • 4 comments Poniéndonos intensos
Tags: Fringe, William Shakespeare
(por Ibán Manzano)
Primera semana de la era PL (Post Lost). Tras entregamos a los anxiolíticos para superar la marcha (lo sentimos, pero el ojo de Jack se ha cerrado definitivamente y no tiene visos de volver a abrirse nunca, aunque bueno, espera, nada es irreversible, ¿verdad?) hemos de asumir que no queda más que mirar hacia delante. No hay mejor manera para ello que aproximándonos a su heredera natural.
Fringe del mismo padre, J.J. Abrams, lleva dos temporadas haciéndose a cada capítulo más grande. En muchos aspectos se asemeja más a otras producciones de J.J, aplica al esquema Alias un argumento tipo Expediente X. La realidad es por tanto una abstracción alejada de cualquier certeza. En este sentido Fringe conecta sin problemas con la sensibilidad de la era del acelerador de partículas. Desde el final de la primera temporada el argumento se sumergió en investigar los roces entre dos universos paralelos. Con Over there podemos dar por inaugurado el salto definitivo al otro lado del espejo tras algunos tímidos intentos. ¿Será la tercera temporada un ajetreado paseo a lomos de un potro desbocado entre estas dos realidades? Eso esperamos. De las dos posibilidades que se abren, o seguir a Olivia por un mundo bizarro irritantemente parecido al que conocemos o quedarnos en casa con su bad twin, ambas, he de reconocerlo, me parecen fascinantes. Sobre todo si las aderezan con máquinas de escribir que conectan universos paralelos, ejércitos trepana cerebelos y psicólogos con procedimientos de bowling coach. También está muy bien eso de emplear como epicentro cósmico un teatro abandonado: establece una conexión directa entre William Shakespeare y la hard sci-fiction. Y eso nos encanta.
Semana Lost: Una reflexión antes del final
Mayo 23rd, 2010 • Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: Fringe, Lost, Perdidos

(por Antonio Gandiaga)
A escasas horas del esperado final de Perdidos, cabe preguntarse qué es lo que nos lega esta serie. La respuesta a esta cuestión es casi tan difícil de hallar como aquellas que millones de fieles pretenden encontrar esta próxima madrugada, y que muy probablemente no recibirán.
Pero es que precisamente eso es Perdidos, un enigma sin fin (como el cuadro de Dalí), una apertura constante de puntos de fuga, tan difícil como atrayente para el que la observa. No forman parte de su naturaleza las contestaciones claras, las exactitudes. Tal vez por eso muchos se han decepcionado con esta última temporada, que nos ha venido a decir que los hombres (un médico de Los Ángeles o un sacerdote africano) son tan relevantes como los dioses que los crearon, y que estos comparten nuestras dudas y limitaciones.
En su progresiva demolición de lo temporal, Perdidos ha ido acercándose a un cierto desenfoque de la realidad, a la abstracción, como también ha hecho la espléndida (casi lynchiana) segunda temporada de Fringe. Y es por su inabarcable creatividad por lo que debe perdurar*. Cierto es que ha inaugurado también una nueva forma de ser espectador, pero los targets, las polls, los comments y los grupos de Facebook son casi lo menos interesante de estos tiempos.
Escribe el crítico Carlos Reviriego que “si aceptamos que Twin Peaks es el Ciudadano Kane de la televisión, Perdidos bien podría hacer las veces de El año pasado en Marienbad“. Eso por lo menos.
[*y por lo bien hecha que está. Solo hay que ver otras series para darse cuenta.]
Fringe. El detective cantante
Mayo 10th, 2010 • 1 comment Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: Fringe, J.J. Abrams, Roal Dahl
(por Ibán Manzano)
Un amigo mio (un artistazo visual) lo dejaba claro, el episodio musical de Fringe es una basura porque Buffy ya lo hizo antes y mejor. No lleguemos tan lejos. El episodio musical de Fringe no es de hecho ni siquiera muy musical. La promoción de Glee ha llevado a la Fox a realizar esta curiosa campaña, contaminando todos sus shows. La serie de J.J. Abrams se ha tomado un respiro antes de lo que será, segurísimo, un tramo final de traca (de hecho ya he podido ver el siguiente y pinta genial). Este último episodio más que musical, es un pulp de detectives de los años 40, con un villano, el entrañable Walter Bishop, a medio camino entre el Mago de Oz y un personaje, por ejemplo Charlie, expulsado de un relato de Roal Dahl. Es cierto que la mezcla de géneros no termina de ser todo lo armoniosa que uno podría esperar, a los actores no se les ve muy cómodos, pero también tiene algún que otro momento deslumbrante. El capítulo es hábil para recrear el infierno que asola a un padre incapaz de domar sus dominios interiores destapados por la fuga de un hijo que reniega de él. También para condensar todos los vectores argumentales de las dos temporadas de la serie en la dialéctica de un cuento para niños con el que ponernos al día por si se nos había pasado algo por alto. Para niños superdotados, eso sí.
El calvo se pone sentimental (Fringe 2×08. Crítica)
Noviembre 24th, 2009 • 1 comment Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: August, Fringe, The observer
¿Qué es eso que se supone que no ha de hacer aquel que presume de neutral? Sencillo, involucrarse. August, epidodio 2×08 de Fringe -atentos a los múltiplos de 4 que, según los productores, serán los que más chicha tengan- resitua un elemento imprescindible, pero hasta el momento marginal de la mitología de Fringe, allí donde se merece. Es más, le insufla alma. Y corazón.
The observer no pasaba de chiste periférico con estructura de personaje de ¿Dónde está Wally? Ahora sabemos que, además, llora. August, el capítulo de esta semana, es uno uno de los mejores de lo que llevamos, confirma a Fringe como una serie madura, desprendida de titubeos: sabe hacia donde va y tiene un plan. El capítulo dota de corporeidad sentimental a The observer, el calvo sin cejas que se había paseado sin entrometerse por los sucesos paranormales que ocurren capítulo tras capítulo. Con esta jugada Fringe desvela parte de sus contornos y obliga al espectador – el verdadero observador- a entender la serie como debe ser, implicándose. Lo que le ocurre a The observer, que dice sentir eso que se llama amor, no es tan distinto a la mecánica cuántica. Presume de ser una variable independiente que ratifica el experimento, pero su sola presencia desvirtúa el resultado. Y en el caso que nos ocupa el experimento ha hecho ¡boooom! justo donde queda el ventrílocuo derecho. O el izquierdo, ¿qué más da?

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