Posts Tagged ‘James Cameron’
De Oscar (IX). Minicrítica: Avatar
Marzo 7th, 2010 • 1 comment Cine
Tags: Avatar, James Cameron

(por Antonio Gandiaga)
¿Posibilidades de Oscar?: Después de varias idas y venidas, en el día de la gala vuelve a resurgir como la gran favorita. Claro que con ella es más difícil meterse.
Ya tiene ganado…: 2.500.000.000 $. Creo que el número es lo suficientemente expresivo. En cuanto a los Oscar, está fuerte en Efectos especiales, Dirección Artística (debe ser la tela verde más bonita), y en las categorías de sonido.
Minicrítica: A finales de los 60, un quinceañero James Cameron debió vibrar con el reivindicativo espíritu pacifista y de vuelta a la naturaleza que se respiraba en su país. Cuatro décadas después, tras demostrar que es el rey del mundo a la hora de entretener, ha podido plasmar lo que sintió en aquellos momentos, apoyado por unas novedosas imágenes de síntesis. El problema de Avatar es que no se puede pasar uno desarrollando durante quince años una tecnología, y solo durante quince segundos un personaje fundamental de la historia que vas a contar, como ocurre aquí con el villano, una especie de Bush Jr. reencarnado en pura y violenta maldad.
Titanic. La orquesta, erre que erre
Agosto 29th, 2009 • 9 comments Cine
Tags: Billy Zane, James Cameron, Kate Winslet, Kathy Bates, Leonardo DiCaprio, Titanic
(Dicen que este es el año Avatar, volvamos 12 atrás al año Titanic)
Es tentador extrapolar el chiste puesto en boca de Kate Winslet, en el que la británica sugiere que tras la obsesión por los grandes tamaños de Bruce Ismay, el empresario marítimo que una mañana se levantó con ganas, la pasta ya la tenía, de erigir el buque definitivo, sólo se escondía una freudiana envidia de pene. Como decimos es tentador extrapolarlo a un James Cameron lubricándose con su cinta XXL, un juguete colosal que hace, de cualquier sutileza, megalomanía, una fantasía que literalmente también acabó húmeda. Sería un error, en cambio, quedarse en eso. Titanic es más. Titanic es, sobre todo, algo distinto. Antes que nada, en 1997, Titanic fue una anacronía: una apuesta decidida por un tipo de relato extinto, una narración culmen que lo devoraba todo: melodrama, romance, acción e incontinente sentido del espectáculo. Involuntariamente se convirtió en (casi) la última muestra de ese summun: el portátil ganaría la batalla. Pero si hasta la gente pagaba por verla 3 ó 4 veces…
Titanic era de todo, menos una película sin riesgos. Cameron firmó un guión para quinceañeras, limítrofe con lo ñoño, al que, sin embargo, es absurdo pedirle más. Lo llenó de personajes esquemáticos, resueltos por un reparto más que competente: un puñado de actores británicos, de esos que te-suena-la-cara- pero-no-te-sabes-su-nombre, que aportaban credibilidad, una achuchable Kathy Bates, un Billy Zane que con algo de guasa recogía el guante como el malo y una pareja de discutida química, DiCaprio, perpetuamente iluminado, con cara de gusiluz y sonrisa de optimista antropológico y Winslet, de la que para muestra 1 botón, o 2, su 1ª y última escena, ambas en puerto, respectivamente, un careo con el Titanic dominada por la suficiencia y el posterior desembarco en América, en la que se mide con la Estatua de Libertad, con la convicción de quién sabe algo que a los demás se nos escapa. A eso, súmenle con lo que abríamos: Cameron afanado en el más es mejor, un envite por lo sublime siempre a un paso del ridículo, como el abrazo de Jack & Rose en la proa del barco, gesto mínimo potenciado al máximo por la cámara grandilocuente y la pose de 2 enamorados a los que les falta echar a volar. Es, por tanto, tentador, y lógico, pensar en tito Cameron como Bruce Ismay, pero, quizás, a riesgo de quedarme en impresiones subjetivas, prefiero verle como otro personaje de esta travesía, como uno más de los ricachones que jamás esperaron acabar su suerte a 10 grados bajo cero: un hombretón de otra época que se pone de punta en blanco para visionar desde 1ª línea de la platea los restos agonizantes de un mundo que se ahoga, rezagado, en su buscada desmesura.

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