American Horror Story X
noviembre 1st, 2011 • Sin categoría
(por Ibán Manzano)
Está siendo una temporada de decepciones televisivas. Entre lo poco que se salva destaca American Horror Story, hiperkinético psicodrama sexual construido a partir de escombros de diversas producciones, especialmente de la tradición de casa encantadas. Las casas encantadas por cierto parecen haber regresado para quedarse, si no fijémonos en la concurrencia de Insidious, Paranormal Activity 3 o incluso Emergo (vista en Sitges). Cuando se le pregunta a Ryan Murphy (y a su cómplice habitual, Brad Falchuck) por la inspiración tras sus obsesiones temáticas, las cuales funcionan muchísimo mejor cuando no se toman demasiado en serio a sí mismas, el creador de Glee cita sin pudor referentes más clásicos como los de El resplandor, La semilla del diablo y… el café. La cafeína es clave para entender el proceso de escritura de una serie que levanta a toda velocidad los felpudos de los Harmon y de su debacle conyugal, cuyo último acto transcurre en el interior de una singular morada, casi un parque temático del horror que aporta a la historia americana una desquiciada cronología del fracaso de su institución familiar en el último siglo. Los pioneros abortos clandestinos del doctor Charles Montgomery de 1922, fecha en la que se edificó la mansión, quedan conectados con los brotes psicóticos de los pacientes del no por nada también doctor Ben Harmon en una línea tan poco casual como bizarra y de la que se seguiremos desvelando secretos en próximas entregas.
American Horror Story supone además la consolidación de un modelo catódico que probablemente empezó a fraguarse en las últimas temporadas de Lost (sobre todo la cuarta y la quinta) y al que la actual edad de plata de la televisión (que arrancó en 2007 con Mad Men, como réplica a la edad de oro que abarca de 1999 a 2004) y caracterizada por el manierismo argumental lleva aspirando desde entonces. Me refiero a un tipo de ficción en la que la trama (a poder ser chifladísima) adquiere una relevancia que ya quisiera para sí cualquiera de los personajes que la sustentan. Algunos secundarios son trazados con un par de pinceladas y, si le han pillado a Murphy en un buen día, despachados con una réplica aguda. Después de todo, ¿a quién le importa los cargantes y tediosos pacientes del Doctor Harmon cuando hay un hombre de látex escondido en los pasillos? El capítulo de Halloween, cuya segunda parte se emitirá mañana, nos sirve como baremo para medir la temperatura narrativa de la serie y descubrir hasta qué punto eso llamado coherencia puede flexibilizarse. De momento parece que es más elástica de lo que apostábamos. Feliz Día de Todos los Santos.
Cojonudo post, joer.