Archive for General
Hawaii-Bombay
enero 20th, 2012 • 1 comment General
Tags: Alexander Payne, George Clooney, Los descendientes
(por Ibán Manzano)
Siete interminables años hemos tenido que esperar para tener de vuelta a Alexander Payne. Una larga ausencia interrumpida por fogonazos de luz como el cortometraje que cierra Paris je t’aime (2006) y en la cual el cineasta se ha dedicado en cuerpo y alma a levantar su proyecto más ambicioso, Downsize, una comedia de ciencia-ficción acerca de una pareja en apuros económicos que opta por reducir su tamaño para combatirlos y cuyo imparable presupuesto acabó por enterrar cualquier posibilidad de verla en pantalla, dejando sus cimientos a medio construir como nuevo y esclarecedor documento de la precariedad. Volviendo a los siete años, uno de los paquetes postales que Alexander Payne recibió (probablemente su agente) durante ese tiempo contenía un ejemplar de la primera novela de Kaui Hart Hemmings. Toda una suerte, pues en ella el cineasta ha encontrado la base apropiada para materializar la última parte de ese trayecto que acaso empezó tímidamente con A propósito de Schmidt (2002) y que ha terminado por obligar al cínico chico listo de Election (1999) a mancharse los zapatos, a embarrarlos.
En Los descendientes (2011), su último largo, Alexander Payne aborda la definición moral de la herencia colocando a un padre de familia, un desvalido George Clooney con el semblante cubierto por el salitre, frente a una tormenta de verano a punto de estallar. Es satisfactorio comprobar que no siempre es necesario recurrir a las facciones gastadas de Jack Nicholson ni a las poco agraciadas de Paul Giamatti, Clooney se las apaña solo para dotar de aplomo a lo patético en un nuevo paso en su inteligente y medida carrera. Pese a sus miserias, o quizás gracias a ellas, Clooney resulta ser la elección natural para ejercer de tesorero de un pedazo de tierra virgen con profundas resonancias. Si Entre Copas (2004) encaraba el trago amargo del fracaso desde la acaramelada luz que baña los viñedos de Santa Bárbara, Los descendientes radicaliza la apuesta meteorológica, sus personajes acaban por confundirse con una Hawai que se diría pintada por un Paul Gauguin en un atardecer borrascoso. Alexander Payne, como bien ha repetido estos días gente mucho más lista que yo, parece encontrarse cómodo combinando la tradición de cierto Billy Wilder con ese pintoresquismo propio de la Cicely de Doctor en Alaska (1990-1995). Se me ocurre también compararle con un guionista tan a priori poco próximo a su obra como Aaron Sorkin, pero si me lanzo a la piscina es porque ambos parecen obsesionados por encontrar lo mejor en cada uno de nosotros.
Con todo, quizás, las mayores conquistas de Los descendientes se escondan tras el extrañísimo tono que maneja y del cual saca especial rédito cada vez que se acerca al hospital, auténtica zona cero del conflicto, con especial mención a la bronca que George Clooney le dirige a su mujer en coma. Imposible saber si reír o llorar. Tal es el riesgo, que la única impronta de felicidad, una instantánea móvil sobre una lancha motora, es descontextualizada, extirpada, como un punto de no retorno, de este relato de tropicalidad apagada, de chanclas paseando sobre la arena mojada. Ya tenéis plan para este fin de semana, sacad del armario las camisas hawaianas que Jude Law puso de moda en My blueberry nights (2007) y llevad a vuestra chica al cine. Mucho aloha para todos.
Tomas Alfredson me ha robado el corazón
enero 12th, 2012 • 1 comment General
Tags: Alberto Iglesias, El Topo, John le Carré, Julio Iglesias, La mer, Mad Men, Thomas Alfredson
(por Ibán Manzano)
Empecemos con una grave acusación: Tomas Alfredson y Alberto Iglesias son unos ladrones. Me han robado mi idea maestra, la que pensaba incluir en algún guión que todavía no he escrito. Estoy hablando de la canción que suena en el momento álgido de El Topo, escena que por respeto a quien no la haya visto (no sé a que esperáis) no detallaré. El que ya se haya enamorado de esta obra maestra del género de espías, sabrá a lo que me refiero. Sin exagerar, es posible que se trate del mejor empleo de una canción en una escena del cine reciente y eso que ni siquiera sé muy bien a qué diablos viene. En realidad, La mer, pieza capital de la chanson francesa, está cansada de formar parte de bandas sonoras, pero lo que marca la diferencia es 1) la gracia que se marca el dúo Alfredson-Iglesias y 2) el intérprete, tito Julio en un francés francamente mejorable. Mitad colofón irónico, mitad exhibiciónn de gusto; lo cierto es que La mer no desentona ni un ápice entre tanto gentleman al servicio de Su Majestad.
Sé que es precisamente este superávit de saber estar el que ha alimentado las reseñas más negativas de la adaptación de la novela de John le Carré. Por ejemplo, en Venecia charlé a la salida del pase con varios espectadores que consideraban la película poco más que un impresionante pero vacuo ejercicio de estilo, un suma y sigue tras Mad Men, con las conspiraciones de los 70 y el viejo continente como nuevos telones de fondo. Esa interpretación yerra en lo fundamental. Qué duda cabe de que a Mad Men se la recordará por su alargada sombra en los editoriales de moda, pero su aportación más importante sigue siendo la de estar proponiendo un correlato de la América de la Guerra Fría a través de sus objetos, de sus ropajes. No me cansaré de citar el maravilloso 3×09, Souvernir, ese capítulo vacacional en el que el matrimonio Draper acepta ser cosificado para reactivar su apagado juego sexual. Entiendo que la adaptación original de El Topo que la BBC emitió en 1979 choque con la de Thomas Alfredson, a su lado queda desangelada. El trabajo en el diseño de producción de esta última sólo puede ser considerado como exquisito. Europa es un continente en sombras, habitado por fantasmas que buscan escapar del frío. Como un capítulo alargado de la seminal El prisionero. Pero si pese a todo sigues empeñado en que El Topo es poco más que un traje bien planchado, alejado de nuestro presente, entonces te recomiendo algo distinto: enciende tu televisor, echa un vistazo a los informativos.
Por eso los Red Sox jamás ganarán la liga
enero 9th, 2012 • 1 comment General
Tags: Aaron Sorkin, Bennet Miller, Brad Pitt, Kapitoil, La red social, Moneyball, Teddy Wayne
(por Ibán Manzano)
Teddy Wayne ha conseguido con su primera novela algo por lo que muchos autores estarían dispuestos a matar, que se diga de ella que es la obra definitiva para explicar el 11-s y el actual crack financiero. Es posible que los expertos en la materia se lleven las manos a la cabeza y que tras la etiqueta sólo se esconda una calculada estrategia de marketing editorial, pero en esa carrera por encontrar la ficción-guía de nuestra debacle, Kapitoil merece ser considerada como una firme candidata al título. La primera sorpresa que se llevará el lector es que la novela no está ambientada ni en septiembre de 2001 (11-s real) ni en septiembre de 2008 (11-s de la economía), sino en las postrimerías de 1999. Karim Issar, experto qatarí en el efecto 2000 es destinado a las oficinas americanas de la firma Schrub para poner a punto sus sistemas informáticos antes de que finalice el año. Como el trabajo se le queda pequeño, Karim mata sus horas libres desarrollando un complejo programa que permite predecir las fluctuaciones de la Bolsa. Lo habéis adivinado, se trata del Kapitoil del título. Un programa de suma cero que transforma las desgracias ajenas en beneficios sobre el capital (verbigracia, los atentados en suelo árabe). El éxito del programa radica en (1) el matemático análisis que lleva acabo la mente de Karim sobre cualquier variable -el petróleo, el sexo o los cuadros de Pollock- y (2) su condición de extranjero que le concede ventaja a la hora de valorar aspectos que a los americanos de cepa les pasan desapercibidos.
La contraportada de Kapitoil define a Karim como un genio de las matemáticas y un incompetente social. No creo que a ningún ejecutivo de Hollywood se le pase por alto que el guionista más capacitado para entender los mecanismo mentales (y emocionales) de un personaje tan singular como Karim es Aaron Sorkin. En una feliz coincidencia, dentro de apenas unas semanas se estrenará en nuestras pantallas el último guión de Sorkin (escrito a cuatro mano con Steve Zallian), Moneyball, basada en la historia real de Billy Bane, el entrenador de un equipo de beisbol de Oakland que aplicó tácticas revolucionarias para compensar su escaso presupuesto en el traspaso de fichajes. Podríamos pasar horas analizando las semejanzas y puntos de encuentro entre Kapitoil y Moneyball (y por extensión también La Red Social). Una de las convergencias más evidentes radica en la reducción del beisbol a variaciones de mercado, pero también es una de las más superficiales. Merece mucho más la pena fijarse en otros aspectos. Por ejemplo, mientras leía la novela, convenientemente presentada como un diario que recoge los pensamientos del protagonista, tenía la impresión de que Karim Issar podía ejercer de puente entre el shakesperiano Zuckerberg de La Red Social y el Billy Bane de Moneyball. Una suerte de redención del primero que anticipa al héroe del segundo. Moneyball, por cierto, se abre con la siguiente cita: Es increíble lo poco que llegamos a saber del juego al que dedicamos nuestras vidas. No sé que pensáis vosotros de esta cita, pero no es de extrañar que Sorkin la haya escogido: le sienta como un guante a Moneyball, explica a la perfección la raíz del resto de su obra (y también la de Kapitoil) y de paso nos enseña que en la liga de la economía estamos condenados por ignorancia a ser jugadores de segunda.
Arácnido musical
agosto 20th, 2010 • 2 comments General
Tags: Bono, Broadway, DC, Julie Taymor, Spiderman, Spiderman turn off the dark
(Por Ibán Manzano)
Sin embargo, parece que finalmente Peter Parker, aquel chaval que era mordido por una araña radioactiva y se convertía en Spiderman, llegará a las tablas de Broadway a finales de este mismo año en forma de musical. Su título, Spiderman turn off the dark.
(Extraído de El País)

Hoy día se hacen musicales de casi todo, pero no deja de maravillarme que se intente hacer uno sobre el Hombre Araña. Aunque, ¿por qué no? Julie Taymor, la encargada de llevar a buen puerto este proyecto (menuda decisión tan bizarra escoger a la responsable del Shakespeare más extenuante), ya tiene la mitad de la puesta en escena resuelta: Spiderman es el superhéroe más acrobático que existe. Me lo imagino cantando su pena a golpe de gospel mientras salta entre rascacielos.
Si tomamos el musical como lo que aparenta ser, una tragedia de fondo conjugada a partir de su contrapunto musical, Spiderman no parece el más apropiado para dar el pistoletazo de salida a una posible oleada de superhéroes acampando sobre las tablas de Broadway. Por el contrario, veo más adecuado a Superman protagonizando una versión ultrakitsch de Jesucristo Superstar con Clark Kent en el papel de Jesús de Nazaret o a Batman rumiando su atormentado pasado por las esquinas cual Sweeny Todd lastrado por la común carga atroz de la venganza en una Gotham City evocada con la lobreguez de aquel Londres. La DC siempre trató a sus personajes con más solemnidad que la Marvel, y eso se nota. Spiderman de la que para nada hay que desatender a su potencial tendría más sentido como musical adolescente con regusto camp; al final Peter Parker rescata a su chica, la pelirroja Mary Jane, y aprende a gestionar sus superpoderes internos tras acabar con el peligroso Duende Verde; Tía May se siente muy orgullosa de Peter en una escena coronada por la música de Bono.
Y ahora atentos a lo que puede seguir, los X-Men como un Fama mutante.
No sólo de Lady Gaga vive el hombre…
junio 11th, 2010 • General
(por Ibán Manzano)
Lady Gaga estrena videoclip. Bien. Aquí acaba todo. El puesto de vídeo-de-la-semana no admite más discusión. Ningún otro vídeo puede hacerle sombra. Vendría a ser como comparar a Dios con un gitano. Pero oye, ¿lo intentamos?
1) Adidas meets Star Wars: Tengo más de una duda sobre si la marca deportiva está sacándole todo el jugo a su colaboración con la franquicia de George Lucas en su línea de ropa, pero no albergo ni una de que comercialmente sí saben lo que se traen entre manos. La secuencia de Mos Easley se somete a (otro) relavado vía tecnología digital. Noel Gallagher, Snoop Dog, David Beckham o Ian Brown entre otros les dan la réplica a C3PO, R2-D2 o Alec Guinnes. ¿Alec Guinnes y David Beckam juntos? Hay quién lo considera un sacrilegio. Yo, el fin del mundo.
2) Nike-paranormal-activity. En este caso la competencia directa, Nike, lanza en colaboración con Project Zoltar y para presentar una exposición en común un vídeo que bien podría sumarse a los virales de largo recorrido. Está protagonizado por un tipo bastante raruno cubierto con una túnica new age con logos de Nike o Tiwer Woods que se desplaza inquietantemente y que en lugar de cabeza tiene un balón metalizado de Nike y que, como suele pasar con los balones metalizados, no tiene ni ojos ni cara. Y eso asusta. El vídeo se acomoda fácilmente a la textura hiperrealista de terror tipo Paranormal Activity. Además aleja a la marca como presencia amiga y la sustituye por algo menos amable. Lo que daría para un análisis complejo sobre la auténtica esencia del capitalismo, que de hecho tampoco tiene ni ojos ni cara. Pero eso mejor lo dejamos para otro día.
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