Archive for La escena del mes
La escena del mes: Carey Mulligan canta New York, New York
febrero 17th, 2012 • La escena del mes
Tags: Carey Mulligan, Michael Fassbender, New York New York, Shame
(por Ibán Manzano)
¡Atentos cazafortunas! Sobre el escenario, la señorita Mulligan desgrana una versión de New York, New York que hace valer cada gorgorito en oro. Hoy mismo llega a nuestras carteleras Shame, a todas luces la recomendación más desconcertante que os podáis echar a la cara para la semana de San Valentín. El segundo largo de Steve McQueen sigue de cerca las andanzas de Brandon, un adicto al sexo interpretado con una ferocidad que no es de este mundo por un Michael Fassbender más allá de cualquier elogio. El remake que Carey Mullingan se marca del mítico himno popularizado por Sinatra brilla con luz propia entre la sordidez de diseño con la que acostumbra a lidiar a diario el propio Brandon. Es más, se trata de la única concesión a la emoción que se permite este hombre de hojalata a la captura de un corazón en la ciudad de ciudades. Y si es de Brandon del que hablamos, creedme si os digo que eso no es poco.
Encerrado en su burbuja de autosatisfacción, Brandon es lo que se diría un hombre-de-su-tiempo, ejecutivo que viene a corroborar la plena vigencia de los yuppies de los 80 (los chicos de Lehman Brothers tienen abuelos). Su profunda desconexión emocional le aproxima casi una figura poshumana (como el Zuckerberg de La Red Social) que no ansía más que una muestra de verdadero afecto (como Don Draper) sin tener que pagar por ello el peaje a la psicopatía (como Patrick Bateman). Un apropiado programa doble con The girlfriend experience (2009, Steven Soderbergh) acerca de la actual coyuntura económica a partir del vacío emocional de los ejecutivos nos está esperando. No puedo acabar esta entrada sin destacar que pese al valiente trabajo de cámara de Steve McQueen, incómodo en muchas ocasiones, Shame no acaba de cumplir todo lo que promete. La cinta pierde pie en su último tercio entre subrayados melodramáticos y ecos moralistas que desdibujan el resultado final. Pero como mi madre me enseñó a quedarme con lo bueno, yo me quedo con Carey Mulligan y su New York, New York y con ese momento para la historia (la mía al menos) en el que me crucé en los pasillos de Venecia con Michael Fassbender. No tengo ni la menor idea de cuál es la fórmula para fabricar una estrella, pero creedme si os digo que mi detector de estrellas reventó ante su presencia. Supongo que es lo que llaman amor.
La escena del mes: los créditos de Millennium
enero 17th, 2012 • La escena del mes
Tags: David Fincher, Los hombres que no amaban a las mujeres., Millennium
(por Ibán Manzano)
No creo que a nadie le haya sorprendido que los créditos de Millennium. Los hombres que no amaban a las mujeres sean una pasada. Estamos acostumbrados a ello, David Ficher es un viejo zorro en la materia. Con los créditos de Se7en creó escuela, con los de El Club de la lucha nos reventó (literalmente) la cabeza y pocas veces hemos sentido tanta falta de afecto como con los primeros acordes de La red social. Es bastante fácil comprender qué fue lo que atrajo a Ficher de la saga literaria Millennium de Stieg Larsson, gracias a ella suma un nuevo capítulo a su (por el momento) trilogía sobre el psychokiller, con Se7en y Zodiac como joyas de la corona. Esta vez bajo un nuevo clima de violencia y sexo inquietante, con la traumas del viejo continente (nazismo, secretos familiares) colisionando con una Europa en proceso de tecnologización. Lisbeth Salander y Mikael Blomqvist son dos criaturas que, como el como el mínimo común múltiplo de su filmografía, aspiran a un refugio en una narrativa que los expulsa una y otra vez.
Hay varios problemas objetivos en Los hombres que no amaban a las mujeres que evitan que llegue a ser una película mayor, pese a su indiscutible coherencia dentro de la carrera de Fincher y su metalizada personalidad. Quizás el más evidente sea la borrachera de trama que sufre, efecto colateral de la fidelidad al original. Lo bueno es que pese a ello, este thriller, acerado como una navaja, deja espacio a Fincher para volcar sus principales obsesiones cyberpunk, ese nuevo lenguaje poshumano del que el Mark Zuckerberg de La red social era corresponsable. Un lenguaje que se deja sentir en la permanente tensión entre recuerdos analógicos y su reinterpretación digital, en el hackeo como principal demostración de cariño, en las automutilaciones en forma de tatuajes y piercings con los que Lisbeth construye su identidad y por supuesto en los explosivos créditos de apertura. Una demencial macarrada de tecnología y sexualidad canibal.
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