Archive for Música

En el backstage (II): Ni jaulas, ni peceras

El Lichis

(Por Idir Mesian)

Cuatro años después del debut con el más que interesante Cuando me suenan las tripas (1997) y pasando por el incompresible fracaso de Cabrón (1999), le llegaría el turno al Lichis, el hombre tras la cortina de La cabra mecánica, de ver reconocido su talento con aquel Vestidos de domingo repleto de hits entre los que destacaba, como no podía ser de otra manera, ese dúo de costumbrismo kitsch que tan bien funcionaba con María Jiménez en La lista de la compra.

Para los más puristas, ni ese era su mejor disco ni dentro de ese disco esa era su mejor canción. Daba igual. Parecía que había llegado el momento del Lichis. Por si fuera poco, además de todo el hype mediático alrededor del single que había resucitado a María Jiménez, parecía que se estaban encajando todas las piezas necesarias para hacer de La cabra mecánica una banda de primer nivel comercial: los siguientes singles funcionaron igual de bien que el primero, tenían al productor de moda del momento (Alejo Stivel), la discográfica adecuada (DRO) y un modelo a seguir que les acababa de dar a ambos uno de sus mayores éxitos: el Sin enchufes en directo de M-Clan.

Con estas premisas, y sabiendo de la potencia del grupo en vivo, parecía claro apostar por un directo de La cabra mecánica con el que repetir la fórmula. Así, y acompañado durante toda la gira por una de las mejores bandas posibles (Fernando Polaino, Julián Kanevsky, Candy Caramelo, Niño Bruno…), se grabó el que acabó siendo su siguiente disco, Ni jaulas, ni peceras (2003), una propuesta musicalmente irreprochable de las canciones más emblemáticas de La cabra mecánica aderezadas por temas nuevos y una versión de la Copla del viudo del submarino de Juan Antonio Canta.

Todo parecía encarrilado para al menos conservar el momento dulce que estaba viviendo la banda durante los dos últimos años. Sin embargo, a última hora llegó un veneno en forma de jingle de la ONCE, No me llames iluso.

(Siendo ventajistas, basta oír vía Spotify una de las grandes canciones del grupo, Sobre cañones y moscas, para darse cuenta de la profética ironía que ya encerraba en relación a este asunto.)

Lichis aceptó arreglar y firmar la canción, pero lo que debería haber sido una ayuda para que el disco entrara a lo grande en el mercado y en las radios se convirtió en un monstruo que arrasó con todo. Como jingle, fue un acierto completo de los publicistas. Como canción, un fiasco. Y como estrategia comercial para la banda, un auténtico caballo de Troya: el disco pasó a un segundo plano y en vez de servir para dar a conocer más al grupo, surtió el efecto contrario, haciéndole perder seguidores. Y como guinda final, como en su primera etapa, los medios le volvieron a dar la espalda: la puerta que tanto le había costado al Lichis apenas entreabrir se le cerró por completo mientras veía cómo se la abrían de par en par a sucedáneos sin talento musical que no vendían más que una pose con la que ocuparon el espacio que parecía reservado a La cabra mecánica.

Tras esto, dos años de travesía por el desierto y finalmente el deseo de resurgir con un nuevo disco, Hotel Lichis, probablemente su obra más completa y junto a ese Cabrón de sus primeros años, la que menos repercusión obtuvo en comparación con lo que se esperaba de ella. Una nueva decepción que le llevó, cuatro años de silencio después, a matar a La cabra mecánica con Carne de canción (2009), un recopilatorio de merecida auto-celebración para huir del desencanto y reinventarse definitivamente en el que parece será su nuevo proyecto, Miguelito.

Más historias En el backstage:
I: Las increíbles aventuras de Juan Antonio Canta

Señoras que van a Murcia de festival

Crónica del sos 4.8 Murcia(por Ibán Manzano)

Los primeros SOS Murcia hicieron algo más que alumbrar un festival al calor de las nuevas preocupaciones medioambientales (sí, para el que no lo sepa o no se lo crea, SOS procede de sostenible… atentos a la bicicleta para cocinar palomitas), sino que sirvieron para ofrecer el espejismo de un macro festival alejado de la órbita de Primavera Sounds, Summercases y FIBs. Un cartel con suficiente empaque internacional, pero con el sabor de un Sonorama, mucho más anclado en la España profunda (y auténtica). Y ciertamente, aparte de algún que otro problema de organización (las largas filas para canjear la entrada al recinto o como 90 minutos son algo más que el tiempo de una película estándar), fue, para que negarlo, un gran festival.

Franz Ferdinand cumplieron (a base de fusilar su primer y más exitoso disco), Crystal Castles se salieron (igual sonaron un poco pronto), Hot Chip llegaron cuando tenían que llegar (y la liaron) y esto el primer día (me perdí a Los Planetas o a The Horrors entre otros, por culpa del, ejem, citado descontrol para acceder al recinto). El sábado fue de perfil más bajo. Tampoco había cuerpo para más. Love of lesbian gritaron allí donde solían y Dorian aguantaron poco, pero con intensidad. Primero porque demostraron que eran (mucho) más que los responsables del hitazo de hace unos años en la escena indie (A cualquier otra parte), segundo porque amplificaron este hitazo como (lógica) canción de cierre dotándolo de una intensidad refrescante. Aparte de todo esto, estuvo Chris Cunningham haciendo rarezas con vídeos, sólo vi una parte, pero el tipo se las apañó para convertir la electrónica en una pulsión sobre los cuerpos como superficies líquidas.

Y poco más que añadir. A la entrada nos regalaron un cartel que llevaba escrito Pedazo Temazo. Con eso, queda todo dicho. Bueno, todo no, que también tomamos una paella en Benidorm. Y ahora sí que mejor me callo.

En el backstage (I): Las increíbles aventuras de Juan Antonio Canta

Las increíbles aventuras de Juan Antonio Canta

(Por Idir Mesian)

“Y un limón y medio limón, y dos limones y medio limón, y tres limones y…”.

Para la mayoría de la gente que se crió en los noventa, en algún rincón de sus recuerdos de verano siempre habrá un hueco para este estribillo repetido ad nauseam a lo largo de los tres minutos y medio que duraba una canción que, además de devorar a su autor, se acabó devorando a sí misma.

Fue entre la primavera y el verano de 1996 cuando, aún con los ecos de La Macarena resonando irremediablemente desde el año anterior, apareció un disco rebosante de ironía y ternura en el que destacaba por derecho propio La danza de los 40 limones, uno de los temas más extravagantes que se recuerdan y que, en el fondo, podría resumir a la perfección lo que fue esa década. El responsable era Juan Antonio Canta, quien, televisión mediante, se convirtió en un fenómeno popular que se consumió nada más acabar el verano, anticipando el patrón que se repetiría en años posteriores. Sin buscarlo, le habían creado un personaje con el que no se identificaba y tenía que defender una canción que poca gente interpretaba correctamente y que para él mismo había perdido el sentido con el que la escribió.

Atrás quedó todo el trabajo empleado en sacar el disco adelante y, sobre todo, atrás quedaron todas las canciones que daban forma a Las increíbles aventuras de Juan Antonio Canta. A nadie le interesaban temas como Cama roja, Pasa la gorra o Copla del viudo del submarino. Porque ni siquiera las conocían. Había pasado de ser Juan Antonio Canta a ser el tipo de los limones.

Ante este panorama, y aun teniendo el respeto de sus compañeros de profesión, la opción que se le planteaba, tras sufrir el boom inicial y pasar al olvido, era renegar de su propia obra para volver a los orígenes de su proyecto aprendiendo de los errores. No pudo. Sufrió una gran depresión que le llevó al suicidio. En noviembre de 1996, tras asistir a un concierto de Martirio, le escribió una carta de admiración en la que se retrataba anímicamente. Un mes después se ahorcó pasando a engrosar la extensa lista de la crónica negra de un país tan dado a la hipertrofia.

Ni por justicia poética se ha logrado apartar de él esa imagen asociada a producto televisivo de consumo rápido. O, al menos, volver a llenar de sentido la canción que lo encumbró y lo hundió. En el mejor de los casos, para unos pocos es un cantante de culto. Para algunos más sigue siendo el tipo de los limones. La mayoría apenas lo recuerda.

Delicias turcas (musicales)

Katrhyn Bigelow es estrangulada por James Cameron

(por Ibán Manzano)

La actualidad alrededor de los Oscar (nuevo escenario doméstico para las trifulcas conyugales, abrumador k.o. para la ex-esposa Bigelow sobre el Rey del Mundo, Cameron) apenas nos ha dejado respirar. Pero aunque sea brevemente vamos a referir tres noticias musicales de los últimos 7 días, la más reciente, bastante triste, pero a ver si le damos, como se dice en jerga publicitaria, una vuelta.

1) Los Vampire Weekend actuaron hace nada en Barcelona. Eso estaba en el guión, pero los de Nueva York se saltaron el protocolo y aceptaron la invitación de una chica para tocar en una fiesta privada. La anécdota recuerda un poco a ese encuentro peregrino entre Los Delincuentes y Matthew Fox de Perdidos. Es el tipo de noticias que cuando las lees. hacen que todavía te caigan mejor. Eso y que Contra es un disco que cada día mola más (aunque no mole tanto como el anterior). En el próximo Primavera Club me voy a pasear por el Fórum a ver si me hago un contrafestival en mi pisito de estudiantes (o lo que seamos) a base de reclutar indie artistas. Si no me creéis, a continuación el vídeo de la party.

2) Foals, grupo de new rave (o eso dice la Wikipedia), al que también le gusta lo suyo las fiestas guerrilleras y que hacen un house digerible pero cañero y punteado (ponen el ritmo al mejor capítulo de Skins, a.k.a. fiesta secreta) están de vuelta con Spanish Sahara, un single-adelanto que puede descolocar al personal que se espere algo más en su habitual línea marchosa. Con una base low-fi el tema diluye su agresividad en unos extensos 7 minutos para provocar un falso estallido. Es un t-e-m-a-z-o expansivo.

3) Vía Jenesaispop me entero de la muerte de Mark Linkous. Se he pegado un tiro con un revólver, no es la primera vez que lo intentaba, asumió su vida como el borrador de su suicido. Sus temas nutridos por imágenes tormentosas (y bizarras) sólo eran el eco de una fragilidad innata, de una borrasca emocional y abisal. En Jenesaispop le despiden con su inmensa aunque paradójica It’s a wonderful life. Yo me quedo con otra, Wish you were here. Ojalá así fuera.

I’m not there: Excursión por Dylan sin GPS

I'm not there: 6 dylans

(por Antonio Gandiaga)

La gente me está viendo a diario.
Y no pueden recordar cómo han de comportarse.
Tienen la cabeza llena de grandes ideas.
Tienen una imagen distorsionada de la realidad.

[Bob Dylan. Idiot Wind]

Genio y figura. Artista irrepetible, ¿persona insoportable? Poeta del pueblo, iluminado creador de Highway 61 Revisited, ridícula vieja gloria que firma Saved!. De Bob Dylan no se podía hacer el clásico biopic con músico maldito y torturado por el amor y las adicciones, y que nos siguen repitiendo hasta la extenuación. Para acaparar el alcance creativo y personal del ciudadano Robert Zimmerman, había que proponer algo más radical, irremediablemente irregular, pero vivo.

Y eso lo sabía perfectamente Todd Haynes, al que su más que probable desconocimiento de los universos pretéritos que reconstruye no le resta brillantez. Ahí está esa resurrección del cine de Douglas Sirk llamada Lejos del cielo. En I’m not there, el cineasta entiende que la única manera de traernos a la pantalla muchas (ojo, no todas) de las realidades Dylan era repetir el mismo método que Fellini usó para su inmortal Ocho y medio. Esto es, la deconstrucción del yo en diferentes espacios, ya sean de orden onírico, geográfico o mitológico.

La excursión dylaniana transita por los lugares y objetos que se le asocian. Escuchamos su música, interpretada por otros y por él mismo, asistimos a momentos de su vida que alguna vez nos contaron; y en definitiva somos testigos de una realidad huidiza, que solo es una certeza al final, cuando el propio Dylan irrumpe en escena con su armónica, para dar paso posteriormente al estallido Like a rolling stone, que suena durante los créditos.

La duda sigue ahí. ¿Quién demonios es Bob Dylan? ¿Woody Guthrie? ¿Arthur Rimbaud? ¿Billy The Kid? ¿El quinto Beatle? Mientras, parece que Zimmerman sigue por la Tierra, y lo último que nos ha dejado es un disco de villancicos sin dobleces, una detención por parecer un mendigo, una sentida actuación ante Obama y lo mejor de todo, la posibilidad de un GPS en el que su voz nos guiaría. Esa sí que sería su obra maestra, la que cambiaría todo.

Después de ver I’m not there seguimos sin tener certezas, incluso hay más dudas. Pero tal vez sea precisamente por eso, que tanto en la película como en el personaje al que trata de acercarse, hay tanta humanidad como fascinación.

[ Esta semana hay dos alternativas fuertes en la cartelera. Una es I'm not there. La otra, que no nombraré, es la enésima repetición del relato del individuo que aparenta ser lo que no es. Yo tendría clara la elección.]

Cuatro preparativos para un viernes lupino…

Benicio del Toro en El hombre lobo(por Ibán Manzano)

…. o cómo allanarle el terreno a Benicio del Toro luciendo patillazas de las que ya molaban antes de que los modernos las pusieran de moda en la última revisión del mito de terror con sensibilidad emo y lúgubre modulación pseudo-trágica.

1) Con Jóvenes hombres lobo del, más tarde Premio Pulltizer, Michael Chabon que recopila dos historias que interpretan al monstruo. La que comparte título con el libro asume al licántropo como adolescente inadaptado y sacudido por una metamorfosis glandular que ni comprende ni domina conocida, supongo que os suena, como pubertad. Hijos de un hombre lobo, a cambio, nos lo presenta como descendiente del demonio, emblema de los instintos primitivos: una mujer a la que su marido no ha logrado embarazar en los largos años de vida marital queda encinta a la primera por un atleta de musculatura prominente que la viola. Menudo argumento, vaya.

2) Con Ultimate Wolverine vs Hulk. Prometo dedicarle un post más extenso. Editado por Norma hace bien poco y con guión de uno de los mandamases de Lost, Damon Lindelof, enfrenta las dos formas de animalidad (e irracionalidad) más evidentes de la casa Marvel, un choque de trenes eléctrico. No en vano, Lobezno es una variante pop del personaje del hombre lobo con chupa de cuero, mientras que Hulk es un Dr.Jekyll que alberga un Mr. Hyde de la fuerza bruta (y verde).

3) Con otra película, la mucho menos grave que la que se estrena esta noche Un hombre lobo americano en Londres (o su cuasi-secuela slasher Un hombre lobo americano en París). ¿Que por qué? Inflexión adolescente y un improbable clímax final en Picadilly Circus.

4) Con la lunar banda sonora de esta misma cinta. Pero también con la no-banda sonora. Ni de Moonshadow de Cat Stevens, ni de Moonshiner de Bob Dylan pudieron conseguirse los derechos, pero gracias a Spotify podemos recrear el soundtrack perfecto. Además, un finde con Dylan siempre es un finde mejor. Sobre todo si hace luna llena.

2010, el año de ser guapos

The Pains of being pure at heart

De cotillón atragantado, eyeliner corrido y Belén Esteban dando las campanadas, reconozcámoslo, este 2010 no ha podido empezar mejor. Recupero para la ocasión Young adult friction de The pains of being pure at heart, que no son novedad por nada, si acaso por figurar entre lo mejor del año (aquí y aquí) o por su no tan lejano concierto en la sala Bikini (aquí), pero ciertamente el tema, el grupo, su música, su filosofía y su -buen- rollo, que es como si Parchís hiciera la güija, o como si Halloween fuera una fiesta de risas con fantasmas de golosina (Michel Myers no sería otro que los padres) encajan a la perfección con 2009.

Por ejemplo, muchas han sido las películas-para-niños que nos han dado… ¡miedo!, madurar según Donde viven los monstruos o Los Mundos de Coraline es sinónimo de renuncia, de desencanto. También las comedias -especialmente las de Judd Apatow- coincidieron en apuntar algo que venía de años atrás, la inmadurez como lacra esencial de nuestra generación.  Adventureland o Resacón en Las Vegas se hacían eco de la ansiedad que supone hacerse mayor, incluso si ya se es mayor. En la música más de lo mismo con grupos como el citado hoy, cuyo nombre es una declaración de principios, y el de la semana pasada. Además este ha sido el año de la muerte del rey del pop, un gigante con corazón de niño que se encerró en un parque de atracciones con la ambición de proteger la ingenuidad como si se tratase del juguete más caro -y frágil- del mundo. El asunto no es nuevo, es inherente a nuestra modernidad, ahí está el Peter Pan de J.M. Barrie o ese librito sin el que no se entiende nada, El guardián entre el centeno, con sus variados covers resueltos con más o menos fortuna (Las vírgenes suicidas, Tokyo Blues, Menos que cero y Lunar Park, estos dos, de Bret Easton Ellis). Salinger, ahora que lo mencionáis, dijo, mientras escribía acerca de futuros suicidas, eso tan importante de pocos de estos niños magníficos, saludables y a veces muy guapos, madurarán. La mayoría -doy mi desgarradora opinión- se limitará a envejecer. Promesa para 2010, no envejezcáis, manteneos guapos por siempre.

In Christmas drinking Horchata

Horchata de Vampire Weekend

(por Ibán Manzano)

Horchata de Vampire Weekend apareció hará cosas de 2 meses largos en su site, pero hay varios motivos de actualidad para recuperarla. El primero es que oficialmente quedan 17 días (11 de enero) para el lanzamiento de su segundo disco, Contra, que promete ofrecer más de lo mismo que su álbum debut, toneladas de entusiasmo post-adolescente bailongo y bailable con ritmos afro-indies.

El segundo es que Horchata, que no ha tenido el privilegio de ser el single de lanzamiento (Cousins salió al mercado el 14 de diciembre, aquí os dejo el vídeo, con la inmediatez pop que les caracteriza), nos invitaba en su momento a deleitarnos con la chufa en pleno mes de diciembre (In December drinking horchata, decían). Bien, estamos en diciembre. Estamos en navidad. Este colaborador se pilló anoche una buena con horchata, igual que si estuviera en una exótica playa africana (así han de ser las playas africanas para estos chicos, exóticas) viviendo un capítulo de Gossip Girl. Y desde este blog os invito a que sustituyáis el tradicional brindis con champán por uno de refrescante horchata. La canción habla de cangrejos que nos muerden las sandalias. Para Vampire Weekend siempre es verano, incluso en navidad, también es verano.

Lo dicho, Felices Fiestas.

Nacho Vegas. Erizo bobo

Nacho Vegas

Escribió el poeta Luis Cernuda que los hombres un día conocieron el sufrimiento y quisieron compartirlo. Por eso se inventaron el amor y el resultado fue como en los erizos. Algo parecido contó Schopenhauer, con aquellos puercoespines que se juntaban mucho entre ellos cuando tenían frío y acababan como el rosario de la Aurora.

Con este bellísimo punto de partida y una inquietante introducción, Nacho Vegas ha levantado El género bobo, el sexto EP de su carrera si no llevo mal la cuenta. El objetivo es evidente: hablar de la dificultad de las relaciones humanas y más concretamente de las suyas, tan tormentosas y complicadas como escalar el Angliru una tarde lluviosa.

Ahí situamos Las inmensas preguntas, pseudo-secuela de Seronda y mejor cómposición de esta entrega. El tema encabeza un estimable retorno el origen, al mismísimo Actos Inexplicables (mejor olvidarse de rancheras y arrebatos flamenco-glam). ¿Por qué si no volvería el recuerdo de la dísloca figura paterna en Penúltimo anhelo, ocho años después de Simón? Aunque rara vez escribió el asturiano algo tan optimista como la trotona Pesadilla genérica.

Al final te estaré esperando, y asumiendo el inevitable final, algo que ya hizo Vegas en La noche más larga del año, el tema con el que cerró el capital Desaparezca aquí. Un toque góspel, una extraña presencia infantil, y a seguir aguardando nuevas canciones.

[El otro día vi una película estúpida en la que uno de los personajes decía que nos morimos porque tenemos asumida la muerte. Será verdad.]

Malacabeza. Cantando alegre en la popa

malacabeza

Malacabeza, el primer disco del proyecto homónimo que Joel Reyes lleva desarrollando desde hace casi cinco años, nos hace partícipes de un concepto musical variado que nos lleva a través de sus once canciones de base pop-rock por un recomendable equilibrio entre letras y ritmos.

Alejados del cliché con el que se presentan muchos nuevos artistas a los que se intenta promocionar forzando la idea de un estilo nuevo y fresco – para quizás ventilar un panorama musical algo desprestigiado –, Malacabeza apuesta por la honestidad de sus composiciones para ser algo más que el hype de la temporada.

Sus letras son pequeños actos de descaro, marcadas por la sencillez con la que te envuelven, sin artificios, perfectamente reconocibles. Así, entre las más notables, encontramos desde declaraciones de principios en “Dicen” o “Prohibido” a lugar para el intimismo más crudo en “Báilame el agua” pasando por la festiva (aún más en vivo) “Donde duerme la luna”.

Por contra, en el debe de este primer disco cabría señalar una producción en la que se echan en falta unas guitarras más nítidas y predominantes, así como el no hacer del todo justicia ni al carisma vocal de Joel Reyes ni a la potencia de su directo, verdaderas señas de identidad y escuadrones de enganche del proyecto.

No impide esto sin embargo que el resultado final quede desmerecido, y al final es ese espíritu de salir adelante a lo Eddie Felson lo que se acaba por transmitir. Al igual que el billarista, él no hace alardes, es imposible que pierda: tiene carácter.

« Older Entries

About us