Archive for Pilotos

Pilotos: The River

(por Ibán Manzano)

THE RIVER: Actualizo brevemente sólo para informar de que me lo estoy pasando en grande con The River. Sí, lo sé, debo de ser el único que está aplaudiendo con las orejas su cuanto menos curiosa mezcla de brujería vudú y supuesta telerrealidad. Lo tengo tan claro como que este no es el estreno televisivo del que presumir delante de la chica-de-la-próxima-cita, pero diantres, para eso ya tenemos Luck. En realidad no me extrañaría lo más mínimo que el potencial de la serie se agotara en lo que tardáis en pronunciar Jaume Collet-Serra. Parece de este tipo de propuestas incapaces de chapotear más allá de su highconcept. ¿Que en qué consiste este? Os lo cuento por si no sabéis de qué va el tema. El Dr. Emmet Cole, reconocido documentalista, desaparece en plena selva amazónica. Convencidos de que sigue vivo, su familia emprende su búsqueda acompañada por un equipo de televisión que financia la expedición. Produce Oren Peli, chamán-creador, y el cual es posible que conozcáis de otros falsos documentales como Paranormal Activity. De hecho la ecuación inicial no es lo que se diría un misterio: Panormal Activity + Lost. El otro día un crítico se quejaba en voz alta (en su timeline para más señas) de lo condenadamente difícil que es escribir una reseña de una serie de aventuras e intriga (por ese orden) sin mentar a Lost. En este caso, no nos queda otra: si eso que aparece en el piloto no es el Humo Negro que baje Dios y lo vea. The River supone además la liberación de esa pulsión de reality que se ocultaba tras cada náufrago de dos caras en la Isla.

Si dedicáis un segundo a leer de nuevo el argumento, puede que detectéis un parecido no del todo imposible con Grizzly man (2005), la montaña más alta que Werner Herzog ha escalado hasta la fecha en la no-ficción. Cualquier similitud entre The River y el primer Herzog que se os venga a la cabeza, estoy seguro de que no es otra cosa que una feliz (y superficial) coincidencia antes que una influencia declarada. Pero, ¿y lo que mola ver en el Dr. Emmet Cole a un Fitzcarraldo con alma de videoblogger, a un Kurtz filmando su viaje de autoconocimiento y exploración interna como parte de un rito digital de iniciación? El hecho de que tengamos flashbacks en una serie como esta y que en ellos nuestro doctor descubra el secreto eterno del fuego es lo que me hace esperar algo más allá de un ticket semanal en los Rápidos. Pero si finalmente no cumpliera con todas sus promesas, tampoco me quejaré. Hace una barbaridad que no echo una partida al Broken Sword 2.

Pilotos: Smash + Touch

(por Ibán Manzano)

He aqui unas cuantas palabras sobre vuestros estrenos televisivos favoritos.

1) SMASH. Tengo que reconocer que no soy el público objetivo de Smash. Detesto Glee con todas mis fuerzas y en general me provoca cierta urticaria (y no sabéis la de bostezos) cualquier cosa que tenga que ver con la gestación de un musical. Pero ¡maldita sea!, ese entusiasmo que el piloto ha despertado en mi timeline tenía que tener una explicación. Pues bien, no puedo afirmar que la haya encontrado. Tras mi primer contacto con lo nuevo de la NBC mis ganas de subirme al tren se han reducido a cero. Smash, para el que no lo sepa, repasa los sinsabores (sueños pisoteados entre candilejas, gorgoritos a lo Christina Aguilera, vendettas artísticas) de una joven compañía que se ha propuesto erigir el monumento definitivo a Marilyn Monroe, un musical en Broadway. Esperaba que al menos tratándose de la Monroe -su mito es dinamita que tarde o temprano alguien hará estallar como merece-, encontraría algo a lo que aferrarme. Pero eso no ha sido suficiente como para compensar la avalancha de tópicos sobre, ya sabéis, la cara amarga del éxito y la importancia-de-volver-a-levantarse-cuando-te-arrojan-al-suelo. Y luego está Anjelica Huston moviéndose cual estrella senior entre bambalinas, como si fuera la Cher de Burlesque (no me cabe duda, comparten estilista). Sólo que bueno, Burlesque al menos era (involuntariamente) divertida.

2) TOUCH. Tengo que reconocer que tampoco soy el público objetivo para Touch. No comulgué con Héroes ni siquiera en su celebrada primera temporada, por lo que la vuelta de Tim Kring a la ficción catódica me interesaba, por decirlo suavemente, bien poco. La única curiosidad que tenía era la de saber qué había sido del hombre más duro del planeta (estoy hablando de Kiefer Sutherland) tras el fin de 24 y tras su periplo europeo-apocalíptico (estoy hablando de Melancolía). Bien, Touch no desentona lo más mínimo con Héroes, Tim Kring sigue manifestando su obsesión por las encrucijadas cósmicas y el niño protagonista es como otro superhéroe inadaptado. Lo que sí que me ha dejado absolutamente descolocado son las sorprendentes sincronías que presenta con Tan fuerte, tan cerca, adaptación del bestseller sobre el 11S que llegará a nuestras pantallas el próximo mes a cargo de Stephen Daldry. Si alguno de vosotros, iluso, pensaba que las heridas del 11S habían cicatrizado, nada más lejos de la realidad. Tim Kring y Stephen Daldry reciben en su consulta a una América todavía en shock, la sientan en su diván, la escuchan en batín y le recetan cábala en píldoras y un poco de confianza en el futuro. Los caminos del Señor (o del destino si uno no cree) son inescrutables. Quizás no sea una locura confundirla con una inesperada continuación de Babel con teléfono móvil como luminoso reemplazo de aquella escopeta que pasaba de Japón a Oriente Próximo y así por todo el globo. No es que mis ganas de seguir con la serie sean muy altas, pero tengo que confesar que si el piloto pretendía emocionar, al menos sabe jugar sus cartas. Por cierto que todo esto del 11S me ha hecho pensar en lo bueno que sería que algún loco reuniera coraje suficiente como para llevar a la pantalla La ciudad de cristal (1985) de Paul Auster en la Nueva York post Torres Gemelas. Sería como colocarnos en el corazón de la platea ante una tragedia milenaria que ha dejado de representarse con cuchillos de atrezzo.

Pilotos: Luck + Alcatraz

(por Ibán Manzano)

1) LUCK. Prometo no hacer ningún chiste malo que incluya carreras de hípica y apuestas deportivas sobre Luck, el caballo ganador (ya he caído) de la HBO para el primer tercio del año. El hipódromo de Santa Anita, con todo el tráfico de dinero y sueños rotos, que suelen mover este tipo de competiciones, será el nuevo laboratorio (como antes lo fue Nueva Jersey, Baltimore, el Oeste fronterizo, la antigua Roma, los casinos de Atlantic City y Poniente) desde el que la cadena por cable estudiará las relaciones que estructuran el Poder. En una estrategia curiosa, el episodio piloto fue emitido el pasado diciembre pese a que Luck no arranca oficialmente hasta este domingo. Digo en una estrategia curiosa, porque el piloto de Luck resulta voluntariamente informe. No interpretéis esto como un reproche, al contrario: como muchas de sus hermanas Luck asume que la serie televisiva es el equivalente a la novela decimonónica.

Los primeros 60 minutos de lo nuevo de David Milch (al que le estaremos eternamente agradecidos por Deadwood) no son más que la primera piedra de una nueva catedral gótica que se irá edificando semanalmente en nuestra pantalla. El capítulo tiene además varios motivos para el regocijo: unos personajes con potencial para evolucionar corruptamente, primeras espadas en su reparto (Dustin Hoffman, Nick Nolte), una selección musical de aúpa y a Michael Mann tras la cámara. Michael Mann es para este que firma uno de los grandes. Algún día acabaré esa entrada en la que argumento que Inland Empire (David Lynch, 2006) es la otra cara de la moneda de Enemigos públicos (2009), por cierto una de las obras maestras de la pasada década. En esta ocasión, Mann está algo más comedido de lo habitual, por lo menos hasta que se lanza a filmar carreras de caballos en un digital de alta definición que deja sin habla.

2) ALCATRAZ. Vuestros tímpanos deben de estar reventados de tanto escuchar que Alcatraz es la nueva Lost o la nueva Fringe. Para ser sinceros la comparación no carece de base. El parecido es especialmente notable con la segunda. Lo cierto es que Fringe ya tenía algo de puesta al día (un día con cambiaformas, armas bacteriológicas y portales interdimensionales; un día de esos) de lo ensayado en Alias. El gran problema de Alcatraz es que uno no puede librarse de la molesta sensación de que a base de tanto fotocopiar los colores han acabado por diluirse. Todavía es pronto para llevarse las manos a la cabeza. La serie tiene una premisa de las que no se ven todos los días y sus responsables merecen que les concedamos un poco de paciencia. Ahora no nos acordemos demasiado, pero Fringe no tuvo exactamente una acogida calurosa cuando llegó a las pantallas hace cuatro años y, en cambio, mírala ahora, qué salud de hierro. Entre lo positivo a rescatar no sólo está el sugerente enigma central, sino un guiño hitchcockiano que demuestra conocimiento de causa y la agradable confirmación de que J.J. Abrams cada vez siente menos necesidad de justificar su abrazo a lo fantástico.

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