Archive for Poniéndonos densos
Sobre el rumbo de la sexta de Weeds…
Septiembre 2nd, 2010 • Poniéndonos densos
Tags: Weeds
(por Jaime Moreno Gil)
¿Quién no se ha dedicado a vender marihuana por el barrio tras la muerte de su marido, para acabar quemando la propia casa después de que un grupo de mafiosos de Pittsburgh le busque por un asunto oscuro y tener que huir de un gobernador mexicano porque su hijo ha asesinado a una mandamás chicana? Yo no, desde luego, pero Nancy Botwin, se las busca y se las arregla para que la sexta temporada de Weeds venga aún más cargada de emociones y escapatorias imposibles e irónicas, a cada momento más surrealistas y perspicaces.
Los chicos de la Parker, cuñado incluido, se hacen mayores y en algún caso, apuestos, y van ganando protagonismo en la serie, que tras seis temporadas se convierte en una de las joyas de la corona de Showtime, tras un año sin noticia de ella.
Con una base argumental que ya empieza a ser un tanto lineal, sigue manteniendo la emoción del primer capitulo. ¿Es que estos guionistas se han criado en el Bronx y han vivido todo tipo de desventuras, imprimiendo al guión, cual autobiografía, las historias de vida más rebuscadas y traumáticas con la sociedad americana de trasfondo? En definitiva, esa serie se debería llamar Mal Karma, pero más allá de la verosimilidad de la historia, lo cierto, es que cada capitulo me hace sentir más cerca de los Botwin. ¡YO ESTOY CON NANCY!
Veranos artificiales
Agosto 23rd, 2010 • 5 comments Poniéndonos densos
Tags: Brian Aldiss, Jude Law, Los superjuguetes duran todo el verano
(por Ibán Manzano)
Papeles perdidos, el blog de cultura de El País, está dedicando los meses de julio y agosto a recuperar las novelas que mejor evocan el verano. Extractos de Memorias de África, Expiación o El corazón es un cazador solitario conforman la serie Veranos literarios. Si tenéis algo de tiempo, merece la pena echarle un vistazo. Nosotros nos sumamos a la iniciativa con uno de los escritos más sublimes de Brian Aldiss, Los superjuguetes duran todo el verano, relato que obsesionó a Kubrick y que acabó convertido en largometraje suyo a través del genio ajeno de su discípulo espiritual, Steven Spielberg.
En el jardín de la señora Swinton siempre era verano. Estaba rodeado por hermosos almendros, perpetuamente en flor. Mónica Swinton cortó una rosa color azafrán y se la enseñó a David.
—¿A que es bonita?
Monica & Henry Swinton esperan en un verano perpetuo, sostenido en el tiempo, a que les toque la lotería: que el gobierno los autorice a poder tener hijos. Mientras tanto suplen el déficit emocional con un oso de peluche mecánico y un hijo artificial que arrastra un defecto de fábrica, es incapaz de acoplar sus emociones al lenguaje humano. Aparte de todo lo que el relato aporta a la genética sentimental y de su relación con la ciencia-ficción más profunda, persiste en él una evocación tan árida como desoladora, que viene a decir que, seas un juguete de usar y tirar o el último madelman del mercado con todo tipo de gadgets característicos de un muñeco de acción articulada, no tienes nada asegurado, el verano siempre acabará por dejar paso al otoño. Ni aunque seas un gigoló con el cuerpo de Jude Law.
Pero, ¡cuidado!, no nos pongamos tristes, que todavía queda verano: fiestas en piscinas, pistolas de agua, flotadores, trikinis, bañadores rojos a lo David Hasselhoff y una lista de canciones überrefrescantes servidas por el gran Dani Patch para que sigáis luciendo palmito por las playas de toda España.
Los Pilares de la T.V.
Agosto 5th, 2010 • Poniéndonos densos
Tags: Ken Follet, Los pilares de la Tierra

(Por Ibán Manzano)
Esta historia empieza con el ahorcamiento de un inocente y acaba con la humillación de un rey, estas palabras incluidas en la contraportada de la edición española de Los Pilares de la Tierra funcionaban como sinopsis incendiaria con capacidad para inflamar la imaginación del lector de manera asombrosa, era lógico que éste soñara con un relato libertario cargado de épica de principio a fin. Y lo cierto es que si se decidía a aventurarse por las páginas de Los Pilares… era eso y no otra cosa lo que encontraba, Ken Follet aplicaba las leyes del thriller con aspecto de bestseller de aeropuerto a las luchas intestinas por el poder de la Inglaterra medieval del siglo XII. El resultado era una novela monumental, discutible en muchos aspectos, pero artera a la hora de manejar sus armas narrativas, su ritmo in crescendo arrastraba al lector hasta la última página donde le soltaba extenuado, casi sin aliento. La catedral del priorato de Kingsbride emergía como zona cero de la historia, su evolución del románico tardío al gótico la convertía en una figura central en permanente mutación, sometida a las inercias de una época acelerada, reflejo pétreo de de un tiempo atroz en el que empezaba a enraizar los pilares de la modernidad.
Los Pilares…. anticipó un cierto modelo de novela histórica que algunos referentes televisivos tomaron como modelo, los cuales paradójicamente parece despreciar su versión catódica, el acercamiento a la Historia como un esperpéntico vodevil repleto de intrigas y pasiones de bajo vientre. En este sentido Los Pilares…, novela, era generosa en su ración de sexo y violencia, la Edad Media de Follet era todo menos idílica, al contrario se presentaba como un lodazal de barro y estiércol, sobre el que los Estados con la religión como coartada espiritual buscan asentarse. Pero Los Pilares…, adaptación televisiva, no puede ser más rancia. Los 3 primeros capítulos no pasan de ser una versión al uso, exageradamente parca que renuncia los pasajes más sórdidos de la novela y, por tanto, a su grandeza: nada llega a alcanzar el furor desatado de la novela, pero el que supone su verdadero crimen es la negativa a no llevar hasta las últimas consecuencias la máxima de la novela, que no es otra que la afirmación de que los reinos se deciden no ya en el campo de batalla, sino, sobre todo, en el interior de las alcobas.
Para el hombre que lo tiene todo
Julio 27th, 2010 • Poniéndonos densos
Tags: Donald Draper, El mago de Oz, L. Frank Baum, Mad Men, Matthew Weiner, Richard Yates
(por Ibán Manzano)
Hace tres años descubrimos en Don Draper a un tipo abonado al éxito; el episodio piloto, Smoke gets in your eyes, se afanó con esmero en desmontar la presunta felicidad que acompañaba al personaje. Es fácil detectar en Draper la metonimia más evidente de la América de su tiempo (y del nuestro), un self-made man que sustenta todo su magnetismo en la imagen que los demás se han hecho de él, no quedándole otra que verse obligado a falsear un pasado mítico para ellos, en iguales parámetros que los que también utilizó su país.
El episodio 4×01 abre exactamente con la misma pregunta que estructuraba el arranque de la serie, ¿Quién es Don Draper?, la imposibilidad de responder con satisfacción a tal cuestión es la misma que entonces; en medio, sin embargo, el irritantemente frágil mundo de Don Draper que habíamos ido desvelando a través del infinito baile de máscaras que supone cada capítulo ha eclosionado (ningún episodio es más eficaz en este sentido que Souvernir, 3×08, en el que Draper y esposa representan papeles ajenos a los suyos en un país que también les es ajeno, Italia, actuando como objetos de intercambio antes que como personas). Se podría entender la premiére de la cuarta temporada como sinónimo de claudicación, Draper debe volver a ser Draper y la estructura especular del capítulo así lo atestigua. Además, la vuelta de Mad Men sigue revelando sutilezas inéditas en las relaciones de poder de la sociedad de los 50/60, es especialmente significativa uno de los primeras secuencias en los que a cada plano de un publicista le sigue el de su correspondiente y entregada secretaria, la versión escotada y con minifalda de su jefe, todo supervisado bajo la atenta mirada de la secretaria-reina de la colmena, Joan Halloway. Una lectura no muy arriesgada de Mad Men nos haría pensar en ella como la respuesta televisiva a la obra de Richard Yates. Otra un poco más valiente nos permitiría asumir esta crónica de ascenso como el biopic encubierto de El Mago de Oz en el Nueva York publicitario del siglo pasado. Draper como el personaje de L. Frank Baum es un farsante que miente para satisfacer la necesidad de los demás. Para ambos la (auto)propaganda no es un negocio, sino una cuestión de supervivencia.
Crisis infinitas
Julio 7th, 2010 • 1 comment Poniéndonos densos
Tags: 24, La doctrina del shock, Los Soprano, Michael Winterbottom, Naomi Klein, The Wire
(por Ibán Manzano)
Ante una crisis económica que continúa calando en todos los ámbitos de nuestro entorno, el monográfico Imágenes de la crisis de Cahiers du Cinema España (nº 36) aspira a plantear un interrogante necesario, y, en la medida de lo posible, a responderlo. ¿Qué papel juega el cine en medio una debacle financiera de tal proporción?, ¿debe comportarse como agente pasivo o, por el contrario, tomar partido?, ¿significa lo mismo crisis en el cine que cine en crisis? The girlfriend experience y La doctrina del shock, dos trabajos que se estrenan simultáneamente en nuestras pantallas, suponen la oportunidad idónea para justificar este análisis. De la segunda cabe destacar que parte del ensayo homónimo de Naomi Klein, un minucioso repaso a los últimos 50 años de la historia occidental a partir de una perspectiva insólita y clarividente, el neoliberalismo estaría utilizando métodos equiparables a las torturas por electroshock para propulsar un terror social que conlleva todo tipo de catástrofe social.
Up in the air, Wall Street 2: Money never sleeps o Batalla en Seattle son sólo algunos de los títulos por los que el monográfico avanza, permitiéndose incluso, en un momento dado, retroceder a al crack del 29 y su consiguiente retrato en imágenes. Cabe destacar que varios de los articulistas coinciden en apuntar que el mejor desmontaje de la crisis capitalista procede de una joya televisiva que probablemente intuyó la inminencia de la tormenta financiera, The Wire, ensayo televisivo que desarticula las múltiples capas del american dream para concluir en una imagen tan elocuente como la de un sofá abandonado en medio de una barriada pobre tomada por la delincuencia. Convendría citar otro ejemplo catódico. En Los Soprano, aquella mafia que no logra aclimatarse a las nuevas formas del corporativismo es condenada al paroxismo. En una escena de la sexta temporada, un par de gangsters que antes gestionaban el barrio como su feudo particular son incapaces de someter a un antiguo ultramarino reconvertido en Starbucks. Si chantajean al encargado, la cadena de cafés lo reemplazará mecánicamente por otro como si no hubiera pasado nada. También 24 dentro de la esfera televisiva tradujo en su quinta temporada el aterrador vacío de poder democrático que subyace en el interior de un sistema regido en exclusiva por la lógica del mercado: un puñado de megaempresarios dirigen desde un loft de lujo, un limbo al margen de cualquier jurisprudencia, una conspiración que busca alumbrar una nueva guerra en oriente próximo que les permita meter mano al petróleo. El presidente es, en este caso, sólo un pelele en sus manos. ¿Alguien dijo Bush? Bush Jr., para más señas.
The dream is real
Julio 5th, 2010 • 2 comments Poniéndonos densos
Tags: Christopher Nolan, Leonardo DiCaprio, Matrix Revolutions, Origen, Paprika, Satoshi Kon
(por Ibán Manzano)
El próximo 6 de agosto, el espectador medio descubrirá a qué se refiere Christopher Nolan con eso de la “arquitectura de la mente”. Origen (Inception), por su argumento, parece estar en sintonía con su santísima trinidad sobre los transtornos de consciencia, Following, Memento e Insomnio, tres largometrajes caracterizados por un protagonista sometido a constantes alteraciones de percepción, las cuales eran expulsadas hasta el espectador tan contaminar el mismo medio, la imagen, y para los que el cineasta manejaba presupuestos menos generosos, aunque cada vez más holgados, que el del megablockbuster con estrella incluida que estrena en unas semanas. ¿Se contaminará este de la pomposidad de su Batman?
Los pósters promocionales, como el que acompaña esta entrada, me abren el apetito. Si a Nolan no le sale una macedonia conceptual al estilo Matrix Revolutions y afina el tiro puede que le quede algo más parecido a Paprika. ¿Cómo?, ¿No sabeis qué es Paprika? Pues ya tenéis deberes. Aprenderos de memoria los diálogos de una de las obras maestras de Satoshi Kon. Si lo haces, dispondrás de más herramientas con las que saber si Christopher Nolan nos toma el pelo. Además de haberte visto todo un películón; eso también.
Batman somos todos
Julio 2nd, 2010 • 3 comments Poniéndonos densos
Tags: Batman, Bob Kane, Christopher Nolan, DC, Dennis O'Neil, Frank Miller, Joseph Gordon-Levitt, Neal Adams
(por Ibán Manzano)
Es probable que inconscientemente Bob Kane dotara ya al primer Batman de algunos de los atributos que han acabado por convertir al murciélago humano en uno de los superhéroes más anómalos que ha parido la DC, el margen de oscuridad que lo envuelve desde la aventura pulp El caso del sindicato químico ha acabado por implementar a su arquetipo una profunda condición trágica, retroalimentada a su vez por la carencia de superpoderes reales de Bruce Wayne. Si Superman es el boy scout que todos deberíamos ser y Peter Parker su apostilla nerd, Batman es el bad guy que albergamos en nuestro interior, la bestia parda que lucha por liberarse de una herencia primitiva y brutal, el asesinato a sangre fría de sus padres frente a un traumatizado Bruce Wayne. En definitiva, Batman es el superhéroe más maleable que se nos ocurre, el que mejor nos refleja.
Como consecuencia, Batman, a través de sus múltiples dibujantes, ha sido responsable de los principales saltos evolutivos de los superhéroes tanto en cómic como en cine. Este colaborador no comparte todos estos puntos de inflexión. Le carga sobremanera el Batman ampuloso y altisonante de Christopher Nolan, aunque no es ciego a sus virtudes; y prefiere, en viñeta, antes que a los Batman de Miller (por otra parte, poderosísimos y necesarios), el de Dennis O’Neil y Neal Adams, mucho más elegante, figura elusiva y sugerente que se mueve entre las sombras agazapadas de Gotham .
¿Y todo esto por qué? Vía 13 millones de naves, nos enteramos de que Comicalliance ha recopilado las que, en su opinión, son las mejores 18 viñetas de Batman. La variedad de trazos revela a Batman como un terreno fertil para la experimentación que no se puede rastrear en otros superhéroes. Además de la imagen que acompaña este post, podéis entrar al link, aquí, y descubrir las otros 17. Por lo demás, buen fin de semana, y aguantemos como podamos esta época de rumores a propósito del próximo Batman de Nolan. El último apunta a Joseph Gordon-Levitt como Enigma. Lo único seguro es que hay verdadera curiosidad por ver lo que hace Nolan ahora que, desgraciadamente, se ha quedado sin el Joker, su comodín para esta partida.
50 añitos ya….
Junio 28th, 2010 • 5 comments Poniéndonos densos, Twilight Zone
Tags: Al final de la escapada, Charlize Theron, Jean Luc Godard, Jean Paul Belmondo, Jean Seberg, Nouvelle Vague, Pierrot el loco
(por Ibán Manzano)
Vía Truskelion, el estupendísimo, por no decir lo siguiente, Tumblr de Noel, me entero del 50 aniversario de Al final de la escapada. ¿Que qué significó Al final de la escapada? Algo así como la llama que prendió toda una revolución cinematográfica -pareja a la sesentayochista-, aunque dicha revolución no alcanzaría su cénit hasta otro trabajo posterior de Godard, Pierrot, el loco, donde literalmente -atentos al plano final- el cineasta, esta vez si, se entendía a si mismo, a través de su alter ego de Jean Paul Belmondo, como un kamikaze dispuesto a poner patas arribas ese fósil llamado cine, ristra de dinamitas en rostro. Volviendo a Al final de la escapada, que es la que nos ocupa, acordemos algo esencial: que la influencia de esta suerte de Ulises cinematográfico es inabarcable. Pero intentémoslo.
O al menos, para muestra un botón ¿Quién no se acuerda del mítico anuncio de Martini con una entregadísima Charlize Theron cambiando braguetazo octogenario por chulazo de buen ver? Pues si eres de lo que no te acuerdas, abajo, vídeo. Ejemplo de la manera en la que una marca de bebidas puede canibalizar los valores juveniles que se desprenden de una cinta según la lógica consumista.
Y no sólo eso. Con motivo del 50 aniversario se ha puesto a la venta una camiseta inspirada en el Herald Tribune como la que podéis ver abajo. Además de haberse diseñado también dos remozados pósters para la ocasión (también abajo) que se pueden comprar en Colette. La edición DVD ha sido remasterizada (aquí podéis ver un clip) y el próximo mes de julio Londres acogerá una exposición con fotografías claves de la Nouvelle Vague. Todo muy completo.
¿Deseo para los próximos 50 años?
Que todos los hombres seamos como Jean Paul Belmondo: Feos y atractivos.




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