Archive for Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Semana Lost: Reseña. 6×16, What they died for
mayo 19th, 2010 • 8 comments Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: Lost
(por Ibán Manzano)
Llega el momento de cada temporada en el que una sentencia sumarísima de Locke, vía Humo Negro (Movamos la isla de sitio, Matemos a Jacob, Destruyamos la Isla), da el pistoletazo de salida para el doble episodio final, en este caso el último. Son sentencias colosales, resuenan en la cabeza, se graban a fuego, pues pretenden alterar el statu quo de la realidad. Si atendemos a la primera imagen de la temporada, con la Isla tan naufragada como nuestros personajes, el falso Locke conseguirá su objetivo, erradicar el hechizo. A no ser que esos movimientos tácticos, sibilinos, difusos que está llevando Desmond, el comodín, a cabo en el otro lado del espejo lleguen literalmente a buen puerto. ¿Alguien más se muere de ganas por saber lo que pasará en ese concierto? Yo, por si acaso, voy desempolvando el smoking de Tom Ford.
Teniendo en cuenta que los guionistas renunciaron hace tiempo a atar muchos de los cabos sueltos de la historia -la comida de Dharma que llegaba volando, las canoas de la quinta temporada-, podríamos asegurar que la inmensa mayoría de temas planteados en la sexta han quedado zanjados. Lo que me hace cuestionarme sobre qué es exactamente lo que nos espera el domingo, aparte de un enfrentamiento legendario que dilucidará el destino final de ese pedazo de tierra, protegido con empeño ciclópeo, y que, parafraseando a Ben, hemos acabado por amar. Los principales enigmas que quedan por solventar giran alrededor de la función de los sideways. A mí me escama especialmente la caja de música que Claire ha recibido en herencia. Porque digo yo, ¿y Jack?, ¿qué pasa con Jack?, ¿qué le ha dejado papá Christian en su testamento? Se me ocurre: un continente entero para él solito (a compartir con Kate si lo desea). Eso sí que sería un legado verdaderamente impresionante.
Semana Lost: Objetos perdidos (I)
mayo 18th, 2010 • 1 comment Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: Heroes, Lost, Robinson Crusoe
(por Ibán Manzano)
Empezamos con la semana Perdidos en Y encima se llamaba Alabama, pero vamos teniendo en cuenta que ya la dedicamos un 90% del blog, no esperamos que notéis demasiado el cambio. Como mucho por el caudal de contenido; prometemos actualizar con furia temeraria.
Arrancamos con la ortodoxa e inevitable recopilación de los momentos más deslumbrantes de la serie. Si El País lo ha hecho, no vamos a ser menos.
P.D. Están radical y absolutamente desordenados.
1) Apertura (Piloto: 1×01, 1×02). De esta secuencia se dice lo mismo que de los primeros minutos de Salvar al soldado Ryan, que debería estudiarse en las escuelas de cine. Bien, igual es pasarse un poco. Pero el nivel de producción es verdaderamente excelente, tiempos en que la serie manejaba presupuestos mucho más holgados. Supone además el Big Bang de Perdidos. La primera imagen, un ojo que se abre, es de una sencillez sólo comparable a su efectividad, la metáfora visual precisa para mostrar uno de los temas fundamentales de toda la serie, el renacimiento. Superada rápidamente, eso sí, por el fragmento siguiente, un hombre trajeado y encorbatado arrojado a la selva, un robinson postmoderno, que se mide no a lo natural, sino a lo sobrenatural.
2) Los grandes éxitos de Charlie (Grandes éxitos: 3×21). Vale, la muerte de Charlie fue muy dura. El Not´s Penny boat nos dejó sin aliento, ¡Maldita sea, viene más gente a la Isla!, ¡Maldita sea, siguen siendo los malos! Pero lo que de verdad moló fue el capítulo que consagraron a uno de los personajes que peor había evolucionado en la serie, aunque para ser sinceros, nunca fue gran cosa. Su despedida fue un bellísimo capítulo-homenaje tras una temporada en la que los guionistas nos deleitaron con infinitas maneras de cargárselo (entre otros, una flecha le atravesó el cuello), el cual aprovechaba sus últimos minutos para hacer balance de su pobre y miserable existencia (Charlie dixit). Que en el número 1 pusiera a Claire era algo ñoño, a Lost se le suele ir la mano con el azúcar. Pero fue el número 2, para el que no lo recuerde, el día que aquella mujer me llamó héroe a las afueras del Covent Garden el más hermoso. Eso sí que eran superpoderes y no los de los piltrafillas de la, ejem, recién cancelada Héroes.
3) El Incidente (The Incident: 5×16, 5×17). Si hacer desaparecer una isla ante nuestros ojos no era suficiente salto con tirabuzón, erradicando con un fogonazo blanco el territorio que sustentaba el entramado de enigmas que asolaban a nuestros protagonistas, los productores se metieron en un más difícil todavía al final de la 5ª temporada. Jack llegó solito a la conclusión de que sus problemas de egolatría sólo eran solucionables material atómico mediante. Más allá de conectar con las ansias apocalípticas de su tiempo, la secuencia brillaba por sugerir un reseteo que absorbía toda la serie, volviendo a la casilla de partida. El tramposo fundido a blanco no era nada comparado con la expresión desolada de Jack, Kate, Sawyer y Juliet al dejar caer la bomba en un pozo sin fondo que difícilmente los haría más felices.
4) La cabaña de Jacob (El hombre tras la cortina, 3×19). Vale, ya, lo que nos faltaba, un fantasma. Locke y Ben visitan a Jacob. Será la primera de varias excursiones idénticas que han acompañado el último tramo de cada temporada. En la sexta parece algo mas difícil que esto ocurra, porque, bueno, Jacob está muerto. Ah, y Locke también. La primera visita nos dejó tan ojipláticos como a Ben al descubrir una silla que crujía, un farol que se movía en el aire y un espectro atrapado reclamando ayuda. Si ese momento desbordante de aroma lynchiano no fuera suficiente, la posterior visita a la cabaña se saldó con un Hay que mover la isla de sitio. No sabemos para qué valió, pero la sentencia aún resuena en nuestras cabezas. Lo que sí sabemos es cómo lo hicieron. Con una rueda de burro. Sí, nadie dijo que las respuestas fueran a ser más satisfactorias que las preguntas.
5) Christian, Sawyer se emborrachan (Forajidos, 1×16). A la espera de que el episodio final coloque donde se merece a Christian Shephard en la mitología de Lost (Que sea algo más que el Humo Negro, por favor, que sea algo más…), es imposible resistirse a la electrizante conversación que este sostiene con Sawyer en un tugurio de Australia repleto de líneas con madera de clásico y una frase a tatuar, Por eso los Red Sox jamás ganarán la liga. Paradojicamene, dos años después los Red Sox sí ganaron la liga. Cosas que pasan, supongo.
En breve, más y mejor. Lo prometemos.
Reseña Lost. 6×15, Across the sea
mayo 13th, 2010 • 26 comments Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: Lost
(por Ibán Manzano)
Si algo me queda claro tras sumergirme en los foros es que apenas 24 horas después de su emisión, Across the sea ha engrosado la lista de episodios polémicos (¡y van…!) en la accidentada trayectoria de Perdidos, revulsivo para los fans que ya les tenían ganas a los productores, pues probablemente será recordado como el capituló que regaló a un paso de la final munición de la buena a los que nunca han confiado en que salga nada bueno de este berenjenal (¡malditos herejes!). Ciertamente asaltan sentimientos encontrados al acabar de verlo, y eso que su título resume la poética que la serie ha defendido a lo largo de 6 años. El capítulo se las apaña además para atestiguar la dialéctica de dos fuerzas opuestas que rigen el mundo a partir del enfrentamiento de dos hermanos, enemistados muy a su pesar por un ente superior, la madre, la Isla, que los separa inevitable(y egoísta)mente.
El fragmento compartido frente al océano por la-madrastra-que-mata-madres-verdaderas y el pequeño-hermano-de-jacob-con-pelo-de-playmobil recoge muchas de las dudas existenciales que ahogan el devenir humano, a través de la metáfora de la existencia como isla, en la que el horizonte es lo inalcanzable y “los otros” son… eso, “los otros”. El problema quizás ha estado más en el cómo que en el qué. Uno de los rasgos más atrevidos de Perdidos, por tanto de los más difíciles, es que no se comporta, aunque lo parezca, como una intriga televisiva que como tal deba albergar alguna resolución plausible al final del túnel, sino que más bien se trata de un producto que defiende que la única manera en que se nos revela el mundo es como un enigma irresoluble, por lo que, por tanto, escoge como dispositivo narrativo una suma de misterios hiperelaborados que se retuercen los unos sobre los otros sin posibilidad de escape. Lo que oculta ese horizonte lo sabremos en tan sólo 10 días. Igual, como Jack, hasta encontramos en la finale lo que estamos buscando. Por cierto, se rumorea que van a emitirla en algunos cines. Ver el Humo Negro en 3D. Eso sí que se saldría.
Fringe. El detective cantante
mayo 10th, 2010 • 1 comment Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: Fringe, J.J. Abrams, Roal Dahl
(por Ibán Manzano)
Un amigo mio (un artistazo visual) lo dejaba claro, el episodio musical de Fringe es una basura porque Buffy ya lo hizo antes y mejor. No lleguemos tan lejos. El episodio musical de Fringe no es de hecho ni siquiera muy musical. La promoción de Glee ha llevado a la Fox a realizar esta curiosa campaña, contaminando todos sus shows. La serie de J.J. Abrams se ha tomado un respiro antes de lo que será, segurísimo, un tramo final de traca (de hecho ya he podido ver el siguiente y pinta genial). Este último episodio más que musical, es un pulp de detectives de los años 40, con un villano, el entrañable Walter Bishop, a medio camino entre el Mago de Oz y un personaje, por ejemplo Charlie, expulsado de un relato de Roal Dahl. Es cierto que la mezcla de géneros no termina de ser todo lo armoniosa que uno podría esperar, a los actores no se les ve muy cómodos, pero también tiene algún que otro momento deslumbrante. El capítulo es hábil para recrear el infierno que asola a un padre incapaz de domar sus dominios interiores destapados por la fuga de un hijo que reniega de él. También para condensar todos los vectores argumentales de las dos temporadas de la serie en la dialéctica de un cuento para niños con el que ponernos al día por si se nos había pasado algo por alto. Para niños superdotados, eso sí.
Reseña Lost. 6×14, The Candidate
mayo 5th, 2010 • 2 comments Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: Lost
(por Ibán Manzano)
Pim-pam-pum. Como si me hubieran cogido, sacudido una descarga electromagnética y zarandeado hasta provocarme un mareo que ni el viaje más accidentado a bordo de un carguero con 500 (por decir algo) kilos de explosivos dispuestos para hacerlo volar por los aires. Efecto colateral, supongo, de visionar el capítulo a horas inconfesables (demasiado pronto para levantarse, demasiado tarde para empezar la fiesta, la hora del after) o de que lo dirija Jack Bender, el tipo con el gatillo más rápido de Hawaii. Al acabar de verlo, mi cabeza tronaba y tenía el corazón fuera de mí. Además de no haberme enterado de nada. Bueno de algo sí. Tras estos electrizantes tres cuartos de hora (insisto, pim-pam-pum), una cosa está clara, el próximo 23 de mayo las noticias abrirán con un titular inevitable, el suicidio colectivo de un una amplia base de fans desconsolados.
The Candidate es la prolongación (y aceleración) natural de The last recruit, si este disponía con sumo cuidado la dinamita, el otro la hacer estallar. Y a nosotros de paso. Decíamos hace una semana que en su último tramo Perdidos, serie mega-hiper-über referencial, ha empezado a funcionar autónomamente: es pura épica. No pretende actuar como repositorio de respuestas (aunque algunas no vendrían mal), sino conseguir algo muy distinto: erigir una epopeya moderna. Como John Milton hizo con El Paraíso Perdido, obra con la que por cierto comparte un peligroso parecido, Diablo de por medio, la serie de la ABC, empezando por su título. Según la Wikipedia, épica es la descripción objetiva de unos hechos legendarios. Algo pobre la definición. Si la acompañáramos de un extracto de los diálogos entre Jack y Locke el asunto quedaría más aclarado. Leo por los foros que los más habéis llorado con el desenlace pasado por agua de Sun y Jin (demasiado Titanic para mi gusto, aunque aprecio la malsana ironía de finiquitar a la pareja unas horas después de reunirlos tras tres años de desencuentros), en cambio a mí lo que me la removido algo en el interior lo alojaban los pasillos del Hospital St. Sebastian, esa escena espejo de aquella otra en la que Jack y Locke compartían en el Aeropuerto de Los Ángeles. Parece como si los guionistas de Perdidos nos estuvieran gritando al oído, ¡Ey chicos!, ¡Todo lo que veis, esto que llamáis vida, no es más que una larga espera en una oficina de objetos perdidos! Hasta que, seguirían, lo dejemos ir y nos echemos a volar (a bordo del Oceanic 815, por ejemplo). Gracias Lindelof & Cuse por abrirnos los ojos y hacer, otra vez, de guías turísticos de lo imposible.
Dude, sé que mi obsesión es malsana, pero de algo hay que morir, ¿no?
Reseña Lost. 6×13, The last recruit
abril 24th, 2010 • 7 comments Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
No me avergüenza reconocer que la reseña de The last recruit me está costando horrores. Ni de lejos por tratarse de un capítulo malo, al contrario, contiene (casi) todo lo que exijo a Perdidos, y en grandes cantidades, pero esto definitivamente empieza a coger color (¡sí!, ¡por fin!, ¡ya era hora!), la serie ha entrado en tiempo de descuento, esquiva los fuegos de artificios y se reduce al chasis, a un exoesqueleto alimentado por los misterios esenciales, y con ello Perdidos deja de ser un conglomerado fast food de referencias y mitos para erigirse como mito propio, consistente, preciso (en su imprecisión). No un repositorio de misterios a la espera de sus correspondientes respuestas, sino una mitología autónoma que ha encontrado su lugar al dialogar con otras ficciones y consigo misma. Perdidos no necesita más explicación: es lo que es y punto. Sí, podríamos hablar de que Desmond es la ficha rebelde que escapa a la lógica opresiva de un tablero de ajedrez. O de que los flahes como-se-llamen representan uno de los decenas, cientos y miles de mundos, diferentes en sus infinitas posibilidades, pero comunes en lo esencial. Y que la realidad de la Isla, la del toque de Jacob, la de los números chungos, la del electromagnetismo que achicharra cerebros y te hace sangrar por la nariz, vamos la que mola, es la única realidad distinta, una versión amplificada, megalómana y hechizada de nosotros. También podríamos dedicar tiempo a Jack, pero ¿para qué? En pocas palabras lo dejaríamos más claro: Ahora Jack se sale.
Otra manera de verlo, Jack no necesita compararse ni con Quijotes, Aquiles, Odiseos, Edipos ni demás gente rara, ha adquirido sustancia propia como el artista antes conocido como el megalómano doctor que aspiraba a curar a todo el mundo, pero que como se dice, en casa del herrero, cuchillo de palo. Fijémonos en el nivel de uno de los clásicos de la serie, Locke vs Jack, que vale que Locke ya no es Locke, pero es que Jack tampoco es Jack, ahora es un zumbado que se lanza de veleros en marcha porque (¡al fin!) reconoce que, bueno, como afirma él mismo, está roto. Desde el comienzo de los tiempos (y hace mucho de eso) el héroe ineludiblemente regresa al hogar, el descanso del guerrero lo llaman. En la sufrida evolución de Jack los guionistas han encontrado un loophole por el que colar una desconcertante vuelta de tuerca a este concepto tan arraigado. Como náufrago urbano, perdido en una jungla existencial de engaños y secretos, Jack no desea establecerse en Los Ángeles. Su hogar, ¡toma ya!, es la Isla. Aunque bien pensando Ulises volvió de Troya a Ítaca, viajando entre islas. Va a ser cierto que la Tierra está compuesta en exclusiva de islas (vale que algunas más grandes que otras) y de un vasto océano. Así que, si me perdonáis la frivolidad, me voy a la playa a tomarme un vermouth y echarme unas risas al sol. No se me ocurre manera más adecuada de rendir tributo a la serie.
Reseña Lost. 6×12, Everybody loves Hugo
abril 15th, 2010 • 5 comments Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: Lost
(por Ibán Manzano)
Mucha tela que cortar en el 6×12, Everybody loves Hugo, en el que no dejan de sucederse cosas, lo que no lo hace necesariamente bueno, pero a estas altura a ver quién se queja de eso (prometo que pese a las repetidas actualizaciones, este blog no es sólo un blog extraoficial de Perdidos, ahí tengo en cocina un par de artículos, El escritor o cómo de mayor quiero ser Ewan McGregor y otro, El final de Skins o por qué el MDMA vuelve a molar). Los episodios de Hugo siempre han sido algo rarunos, lo rocambolesco se acomoda a la perfección. Hemos tenido unos cuantos momentos WTF. Dos explosiones, la reaparición de Libby o nuevas actitudes que apuntalan la conversión cada vez más acelerada de Jack en un Quijote tropical que pelea contra molinos de viento (negro) y solloza por su Dulcinea, que en su caso no es tanto una mujer/Kate como el hecho de volver a sentirse como un hombre arreglado (fix en el original; las palabras se utilizan con ajustada precisión en Perdidos)
¿Y qué más?, ¿qué más?… Desdmond atropella a Locke. Un cliffhanger a la antigua usanza. La manera en la que se narra en la serie, en la que se disponen los acontecimientos sugiere conexiones insospechadas y provoca lecturas en varias direcciones a través de múltiples niveles. ¿Atropella Desmond a Locke como venganza?, ¿qué fue antes?, ¿el huevo o la gallina?; ¿O más bien se trata del reconocimiento de dos fuerzas que se entienden como opuestos de una ecuación indisoluble común a cualquier realidad?; ¿Le pasa el coche por encima para hacerle partícipe de una experiencia tan intensa que lo desplace entre realidades ?; ¿O lo que pretende Desmond no es otra cosa que iniciar la secuencia de nuevo y que ocurra lo que intuíamos al comenzar la 6ª temporada, que Jack curará a Locke? Esta última opción es mi favorita. Sin duda. Por segunda vez Desmond estaría provocando un accidente para conducir a los pasajeros del 815 a la Isla. De ser esto La Iliada (y tiene visos de serlo), Jack sería Aquiles y Desmond… Desmond sería El Caballo de Troya del destino.
Reseña Lost. 6×11, Happily ever after
abril 7th, 2010 • 3 comments Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: El tercer policía, Flann O`Brien, Lost
(por Ibán Manzano)
Érase una vez un escocés borracho que participó en una regata alrededor del mundo para acreditar su honor y merecer la mano de su prometida… este podría ser un impecable (y ortodoxo) arranque para introducir a Desmond, y eso que no hace justicia a otras aportaciones deslumbrantes de su relato, como ese ramalazo kafkiano acerca de un hombre encerrado en el interior de un búnker acorazado de la II Guerra Mundial pulsando un botón bajo el absurdo de creer que está salvando al mundo sólo porque alguien se lo dijo, el summun de la burocracia (interferencia parece ser de El tercer policía de Flann O`Brien, relectura de Carroll según la ¿lógica? del autor de La metamorfosis), o esa imagen de un tipo tan cobarde que prefirió sepultarse bajo tierra en una huida hacia adelante que de tan pusilánime acabó por ser temeraria. Desmond es de todo el espectro de Perdidos uno de los personajes con el arco argumental mejor trabajado, nos ha otorgado algunos de los capítulos más vibrantes de la serie, un minipack de bolsillo del poema homérico, (mi favorito, Vivir juntos, morir solos), un desencantado lamento por la imposibilidad de la memoria por restituir toda felicidad pasada (Destellos ante mis ojos) o su complemento luminoso, celebración del amor, que vaga sin encontrarse alternando plano y contraplano hasta que logra someter las variantes que rigen (y esclavizan) la vida: el tiempo, lo físico… gracias a una llamada telefónica interoceánica y sin roaming (La constante).
Happily ever after es tan autorreferencial como el resto de los flashsideways (o más) pero a cambio evita el cáncer que los lastraba, la autocomplacencia. Desde que Desmond se refleja mágicamente en el panel de llegadas de LAX, se confirma que su personaje, profeta de todo esto (con esas greñas era lógico), privilegiado viajero entre dimensiones, lleva siendo la llave de la historia más o menos desde que giró, de hecho, la llave de la escotilla. Perdidos es una serie hija de su tiempo, no es necesariamente la más retadora (su hermana Fringe, por ejemplo, se muestra habitualmente mucho más desafiante), pero pasará con merecimiento a los anales por su capacidad de construir una entidad trágica (y emocional). Sus protagonistas son propios de una época post-atómica (Jughead en el caso de Perdidos, Hiroshima en nuestro mundo) y post-moderna (Dios ha muerto, aseguraba Nietzsche, tal como sucede a Jacob), donde naufragan al intentar cohesionar una realidad fragmentada, y sobre todo carente de sentido. Sin mitos, estamos condenados a errar, parece decirse.
Y todo este lío sólo tiene una manera ejemplar de acabar, con un… Y, sea en esta vida o en la otra, fueron felices, comieron perdices y se emborracharon a MacCutcheon como si no hubiera un mañana.
(La Semana Santa nos impidió entregar a tiempo la reseña del anterior episodio, pero para el que guste, aquí está)
Reseña Lost. 6×10, The Package
abril 6th, 2010 • 1 comment Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: Lost
(por Ibán Manzano)
-Tarde, muy tarde… cosas de la Semana Santa-
El secreto no es precisamente la forma más impredecible en la que la verdad se camufla en Perdidos. El caso de los coreanos se amolda a la variante mentira piadosa, bien sea en pasado, futuro o pluscuamperfecto: una lengua que se aprende a hurtadillas, un trabajo del que no se cuenta todo por no hacer (más) daño, 25.000 dólares aceptados para taponar una vergüenza familiar… El flashsideway en la línea de los anteriores recoloca las piezas que se han ido desvelando a lo largo de todo el relato, en este caso de Sun & Jin, un amor condenado a no entenderse por una afasia lingüística y más sufrido que el de los amantes de Verona, sólo que en distinto orden: el botón que Sun se desabrocha, los mismos 25.000 dólares, un reloj de herencia prestada y, finalmente, un embarazo que de nuevo apunta a que nunca debió ser. Con este cierre, Sun disparada en pleno vientre, y la sobrepresencia de espejos nos acercamos a algo que ya sugeríamos anteriormente y que es cada vez más extraño para esta sexta temporada: la realidad alternativa como reflejo de la realidad inicial pero sin Isla. Como si hubiéramos tirado de la cortina. Una idea que todavía no ha mostrado todo su potencial, pero que esperamos que cuando llegue el/su momento nos produzca algo parecido a lo que se viene conociendo como un orgasmo múltiple.
The Package, 6×10, se refiere al paquete que requisan a Jin en LAX, pero también al polizonte de a bordo que lleva Widmore, Desmond-la-isla-no-ha-acabado-contigo (¡Qué más acertado que un juego de palabras para un capítulo sobre las palabras!). La sugerencia de que lo electromagnético vuelva a ser la clave de todo tiene su aquel, comprobar como Lindelof, Cuse y familia hilvanan la mística new age de Jacob y amigo con la hard sci-fi pseudocientífica. Razón y fe son en Perdidos dos discursos reversibles, mejor avenidos de lo que parece. Widmore, antes conocido como el archivillano de la función o el tipo que nadie quisiera de suegro, se ha reconvertido en adalid del bien y la razón. Eres una mezcla de mito, cuentos de fantasmas y ruidos en la selva, espeta a Antijacob. Ya decía Rousseau en uno de los primeros capítulos que los monstruos no existen. Quién sabe si nos hemos cegado tanto por la ida de olla que es la sexta temporada que se nos ha olvidado que Perdidos continua siendo una historia para no dormir, que sólo tendrá sentido (mayúsculo, único e intransferible) mientras se siga contando. Sea en coreano o en inglés aprendido aceleradamente vía Biblia camino al Nuevo Mundo.
Reseña Lost. 6×09, Ab Aeterno
marzo 24th, 2010 • 6 comments Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: Lost
(por Ibán Manzano)
Según Lostpedia, que nunca se equivoca, Follow the leader (5×15) fue el primer episodio centrado en Richard Alpert. Aunque no es exactamente así, es cierto que los guionistas se valieron del otro-misterioso-de-ojos-pintados como hilo conductor entre las dos líneas temporales, 30 años mediante, que se alternaron al final de la 5ª temporada. Por eso es comprensible el megahype que se ha formado a propósito de este capítulo. Ricardus, como también se le conoce, ofrecía la excusa más inmediata para recorrer la mitología más antiquísima (de hace más de un siglo) sin despeinarse demasiado. También era un capítulo esperado (de manera insana por mí, ya ni duermo por las noches) por otros motivos. Asumiendo, es mucho asumir, que los momentos más deslumbrantes de Perdidos proceden de su dialéctica con el tiempo, de considerarlo el asunto central a tratar y no sólo un conjunto de coordenadas por las que la historia se desplaza confortablemente, había cierto interés en saber cómo se las había arreglado el tipo que supo ponerlo en stand by. Ab Aeterno cargaba con la responsabilidad de otorgar dimensión trágica y mítica a Richard Alpert. Lo primero, conseguido. Lo segundo, pues no tanto.
La fórmula de folletín escogida para presentar la vida de Richard Alpert no es mala, asumo que mi problema viene por otro lado, por haber visto reducida toda la serie a una apuesta entre dos pseudo-dioses, que pese al regusto bergmaniano del total, no deja de ser la solución más fácil de todas las posibles, el lo hizo un mago variante lo hicieron dos magos; por más que dicho folletín fusione mucho más equilibradamente que el del Oceanic 6 este conglomerado de demonios y tentaciones, probablemente por su anacrónica poética becqueriana nutrida de ánimas de ultratumba, amores atemporales, hechizos y encantamientos, corsarios españoles, crucifijos y mucho romanticismo, del movimiento romántico, i mean. Le ha faltado un miserere. ¡Si hasta sale Canarias!. Eso sí que es un WTF: Richard Alpert, español. Español de una isla (no podía ser menos) con una hora de diferencia respecto al horario peninsular (él, que acumula tantas de más).
Y, lo más relevante, tras 112 episodios se nos desvela lo que es la Isla… ¡Un corcho! ¡Toma ya! Pues que se pongan a ello y descorchen de una vez, que estoy deseando irme de botellón y pillarme una resaca ab aeterno, de las que no se olvidan.
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