Crítica: Enemigos públicos. Se busca Mirlo Blanco

Marion Cotillard y Johnny Depp en Enemigos públicos

Valoración: *****

En Collateral (2004), Michael Mann hizo suya la extrema sensibilidad a la oscuridad de la alta definición para trazar un laberinto nocturno, en cuyo interior un asesino a sueldo buscaba a tientas la redención de su arquetipo. Aquella lección magistral ha encontrado su necesaria amplificación en Enemigos públicos (Public enemies, 2009), otra película que explora las posibilidades dramáticas del cine digital, a partir, esta vez, de la revisión de un género tan codificado como el de gángsters, dentro del cual Mann recrea con el hiperrealismo de una cámara HD la vida y obra de John Dillinger, atracador de bancos que, en su caso, potenció el arquetipo para acreditarse en leyenda.

Enemigos públicos empieza su ofensiva en el límite de la textura, pero desliza su alcance hasta el centro de una narración que centrifuga la liturgia propia de este tipo de cine, se despoja de cualquier clímax al uso y reduce a sus protagonistas a reflejos románticos de quienes realmente fueron. El relato, al servicio de la épica de unos colosos con pies de barro en la época de la imagen moderna. Se trata de Dillinger, Purvis, Frechette, pero también de Depp, Bale, Cotillard. El resultado, por tanto, poco tiene que ver con desmontar el mito, al contrario, con reformularlo, como ocurría en El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, desde la deconstrucción de la modernidad. La cosa en Mann es más formal, pero también por ello más radical. Dicho en otras palabras, Enemigos públicos es la hoja de ruta sobre la forja de los héroes–y la consiguiente muerte de las personas que están tras ellos- en este milenio. La elección de Dillinger difícilmente podía resultar  más apropiada, un ladrón con aureola Robin Hood, que acreditó su fama a través de una autoconsciencia mediática, alimentada por un idealismo incendiario y anacrónico, una bala condenada a un destino trágico –por el impacable tiro del funcionariado-. Son varios los hallazgos en el film, los inflamados diálogos entre Johnny y Billie, el aliento en la nuca que se percibe en los tiroteos, Dillinger deleitándose con su imagen especular, Clark Gable, en una sesión premonitoria, el juego de ratón y gato al que se entrega con Purvis  y que conlleva la abolición de una forma de moral, o esa secuencia en la que un noticiero recomienda a los espectadores que giren la cabeza -Dillinger puede estar sentado a su lado- y que resume las tensiones entre la imagen fotoquímica y la digital. La segunda es el enemigo a batir.

Sin embargo, la auténtica aportación de la cinta aparece cuando Dillinger se cuela en comisaría, dispuesto a medirse con su propia obra, en una búsqueda de su tiempo mítico ante la intuición de que el tiempo real se acaba. Dillinger se delecta en su triunfo, una oficina vacía –los policías están buscándole en otro sitio, curiosamente en una sala de cine, allí donde literal y metafóricamente terminará sus días, también donde se consagrará como parte de la Historia- en la que se desplaza como presencia espectral, un fantasma al que ni un disparo en la sien lograría apagar. Enemigos públicos es, de momento, la última manifestación fílmica de Dillinger, parte de su premeditado legado. Se podría concluir que el alcance de esta obra colosal es el de filmar, para ello, hasta los poros del rostro de Johnny Depp. Y justo ahí anda. Mann, como Dillinger, sabe que, al final, de las leyendas no perduran los hechos. Perduran sus imágenes.

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16 Responses (Add Your Comment)

  1. A mi me ha gustado como ha utilizado masivamente los primeros planos y como los actores los han aguantado perfectamente.
    El recurso final para explicar la presencia de Dillinger en el cine no me ha convencido del todo.

  2. Ibán Manzano agosto 18, 2009
    at 1:35

    satrian, ¿a qué te refieres exactamente con el recurso final?

  3. Totalmente de acuerdo con tu comentario, y en consecuencia con las cinco estrellas que le das.
    No sé si hablar de la tensión entre imagen fotoquímica y real es llevar un poco lejos el alcance de la secuencia. Quizás podrías aclarar más ese punto.
    Por cierto, ¿qué te parece si nos enlazamos mutuamente?.
    Saludos.

  4. Las escenas finales antes del cine, donde va a la comisaría de policia, clave para entender según el autor la razón por la cual fue al cine.

  5. Ibán Manzano agosto 18, 2009
    at 15:05

    satrian, aquí hay dos cosas. A mí personalmente, como digo en la crítica, me parece lo mejor de la película de lejos. Es decir, no sé si te entiendo bien, lo que no te gusta es que insinuen una autoconsciencia, ¿no? como que él se prepara para su muerte o algo así. Bueno eso es discutible, pero creo que verle enfrentándose a su obra de manera premonitoria logra una escena cargada de resonancia mítica. No sé si me explico yo ahora.

    Dostoievski, esa escena tiene muchos más significados y quizás el que yo destaco no sea el más evidente. Es posible que me haya pasado dándole una vuelta de tuerca, pero creo que algo de eso hay. Toda la cinta trata de alguna manera de cómo la imagen digital reeenfoca un género treméndame cinematográfico. Esa escena en concreto, si te fijas, parte de una imagen digital (Hoover poniendo medallas a los niños) que se reinventa en imagen fotoquímica (el noticiero en blanco y negro) y vuelve a la digital, encarnada por un Dilliger imposible de atrapar. A eso es a lo que me refería. No sé si te he ayudado.

    Por supuesto que nos enlazamos. De hecho tengo que inaugurar esa sección. Dame un par de días pero sería un honor que estuvieras (y vos, Satrian)

  6. Sí me has entendido perfectamente, y la escena final resulta mucho más impactante debido a eso, pero la forma de indicarlo con la escena de la comisaría me parece forzada, no me quejo del final que me pareció maravilloso, mucho mejor gracias a su conocimiento de como iba a acabar y aun así se enorgullece de ser reconocido todavía, y recuerda a Billie a través de los ojos de Myrna Lloyd, no se de que otra manera hubiera colocado ese conocimiento en Dillinger pero no con la escena de la comisaría.

  7. Ibán Manzano agosto 18, 2009
    at 15:58

    satrian, me has hecho pensar, yo no lo he visto forzado, pero no había apreciado el matiz que destacas… a mí, en cambio, quizás me resulto algo más fácil (aunque también me encanta) el uso de la película de Clark Gable con sus fotogramas confrontándose con él. Una cosa que no entendí muy bien, no sé si la sabéis es… ¿la película originalmete no se llama el Enemigo público nº 1? Digo la de Gable. Porque de no ser así, tiene mucha sorna que en español se haya provocado esa rima.

  8. Tenía ganas de leer cosas de esta película. Me gusta mucho Johnny Depp, la carrera que lleva, los papeles que elige. Y sé que Michael Mann hace un cine radical, con estilo, muy pecular. En Fotogramas le han dado 5 estrellas. Creo que es la típica película de género que no puede defraudar, que sabes a lo que vas. Un saludo

  9. Fíjate, no lo había pensado así, pero es totalmente lógico lo que dices. Como habrás leido en Barraca de feria, yo también pienso que el digital, para Mann, abre una nueva manera de interpretar el cine de género (a la vez que se adapta a ciertos motore temáticos de la propia peícula, como la violencia y la muerte). Pero no se me había ocurrido que esa tensión que comentas estuviera presente de forma casi explícita…y creo que tiene muchísimo sentido esto que cuentas. De veras, muy interesante. Gracias por la aclaración.
    Un saludo.

  10. Allí se llamó Manhattan Melodrama pero aquí se tradujo por El Enemigo Público Nº1 es correcta tu apreciación, con el título en español, es aun más clara la analogía.
    Completamente de acuerdo con el uso de las imágenes de Gable y Lloyd, precioso el montaje.

  11. Ibán Manzano agosto 22, 2009
    at 19:45

    Eldeme, Johnny es un tipo raro, es inevitable caer en la tentación de afirmar que no había nadie mejor para interpretar a Dillinger

    Dostoievski, nada, para eso estamos!

    satrian, es que es muy curiosa la coña. Ni a propósito! Va a resultar que cambiar el título de las películas también tiene su aquel

  12. El que lo hizo tenía dotes de adivino, pero de los buenos.

  13. Y yo sin haberla visto aún. De hoy no pasa, como cantaba Siniestro Total. Bueno, o de mañana.
    Saludos.

  14. Me gusto tecnicamente, pero el abordaje de la historia, el guion como tal me dejo una leve sensación de vacio, a pesar que en conjunto es un grato visionado. No se… tal vez tenga que verla una segunda vez. Eso si, si consigo en algún lugar “Manhattan Melodrama” armo fiesta e invito a todos a verla.

  15. Ibán Manzano agosto 30, 2009
    at 14:40

    Licantropunk, pues nada, en cuanto la veas, nos cuentas y la discutimos!

    Enrique, me apunto! Visionado ya!

  16. Es mi primera opción para cuando tenga un rato libre. Si la veo, publicaré algo. Saludos.

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