El calvo se pone sentimental (Fringe 2×08. Crítica)
noviembre 24th, 2009 • Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
¿Qué es eso que se supone que no ha de hacer aquel que presume de neutral? Sencillo, involucrarse. August, epidodio 2×08 de Fringe -atentos a los múltiplos de 4 que, según los productores, serán los que más chicha tengan- resitua un elemento imprescindible, pero hasta el momento marginal de la mitología de Fringe, allí donde se merece. Es más, le insufla alma. Y corazón.
The observer no pasaba de chiste periférico con estructura de personaje de ¿Dónde está Wally? Ahora sabemos que, además, llora. August, el capítulo de esta semana, es uno uno de los mejores de lo que llevamos, confirma a Fringe como una serie madura, desprendida de titubeos: sabe hacia donde va y tiene un plan. El capítulo dota de corporeidad sentimental a The observer, el calvo sin cejas que se había paseado sin entrometerse por los sucesos paranormales que ocurren capítulo tras capítulo. Con esta jugada Fringe desvela parte de sus contornos y obliga al espectador – el verdadero observador- a entender la serie como debe ser, implicándose. Lo que le ocurre a The observer, que dice sentir eso que se llama amor, no es tan distinto a la mecánica cuántica. Presume de ser una variable independiente que ratifica el experimento, pero su sola presencia desvirtúa el resultado. Y en el caso que nos ocupa el experimento ha hecho ¡boooom! justo donde queda el ventrílocuo derecho. O el izquierdo, ¿qué más da?

A mi me ha gustado el que hayan mezclado algo de sensibilidad, en la historia de los asépticos observadores.