El gabinete del Doctor Cortés

(por Ibán Manzano)

Para todos aquellos que se preguntaban que cuánto iban a tardar en reaparecer los Caligaris teniendo en cuenta la que está cayendo, he aquí una primera aproximación. Robert De Niro levitando ante un auditorio que se ha dejado los cuartos en un simulacro de milagro es una de las escenas que mejor ejemplifican nuestra necesidad actual de entregarnos a dudosas figuras de autoridad. Los dos largos que Rodrigo Cortés ha firmado hasta la fecha se las han apañado para dialogar de manera oblicua pero eficaz con lo-que-está-ocurriendo-ahí-fuera. Fui a ver Luces Rojas, su último trabajo, acompañado de otras cuatro personas (nunca una sala de cine estuvo tan cerca de un parque de atracciones) y me quedé en soledad defendiendo las bondades de sus discutibles puntos de giro. No creo equivocarme demasiado cuando afirmo que la tercera película de Cortés es la que, de su breve filmografía, está chocando con mayor furia contra el muro de la incomprensión. Ninguno de mis acompañantes quiso comprar la idea de que con su lenguaje de telepredicador, sus aires mesiánicos y su espectáculo regido por el asombro, el megavillano al que encarna De Niro, un psíquico que hace saltar todas las alarmas de la comunidad científica, resulta de brutal y plena vigencia. También es verdad que tengo cierta obsesión con el tema, no consigo desembarazarme de la sospecha de que el síndrome de Cesare se está extiendo cual enfermedad terminal sobre los restos de eso que un día conocimos como estado del bienestar. Pero mejor dejémoslo, que no os quiero amargar lo que queda de fin de semana.

Volviendo a lo de la supuesta falta de entendimiento que la cinta está teniendo con su público natural, es posible que en gran medida se explique por la errónea impresión de que su argumento transcurre en un universo que si no es el nuestro, al menos comparte la misma lógica, cuando en realidad sus coordenadas están más próximas a la ciencia-ficción tal como la ha interiorizado Christopher Nolan. En esa ciudad indeterminada, asfixiante y profundamente decadente, la parapsicología ocupa rango de ciencia universitaria de primer orden y hay un Guantánamo esperando para los delitos de fraude psíquico. Luces Rojas no reniega ni de esta ni de las otras deudas contraídas con Nolan, como pueden ser las similitudes con The Prestige o ese interés que tanto Nolan como Cortés han manifestado en sus respectivas carreras por la épica del hombre común enfrentado a narrativas que le superan y le derrotan. Por lo que pude ver a la salida del cine, hay quien se arrodilla ante la maña de Cortés y quien es más de quemar la cabina del proyeccionista. Ni tanto ni tan calvo. Pero bueno, ya nos viene bien un poco de marcha.

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2 Responses (Add Your Comment)

  1. Cierta sensación agridulce: algo falló, probablemente que aunque se pretendiera epatar, resulta que la mayoría de lo que aparecía en pantalla estaba muy visto. O, simplemente que “Buried” es tan buena que dejó el listón demasiado alto.
    Saludos.

  2. Básicamente, creo que al poner la última carta del castillo de naipes, todo se desmorona.

    La idea era buena, pero la construcción falló… aún así, interesante, entretenida y ojalá en lugar de de Niro, hubiese habido una cara menos conocida.

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