La trilogía Deptford. La aflicción del Yo
Noviembre 7th, 2009 • Literatura
Robertson Davies conoce de sobra la regla básica para encandilar al lector: los personajes son lo primero, siempre los personajes. Sin ellos, no hay historia, como mucho, si la cosa sale bien, un ejercicio de estilo.
Y si al dominio de la construcción de los personajes le sumamos un talento desbordante para la narración, el resultado sólo puede ser – a pesar de la deficiente traducción de las dos últimas – la excelencia que nos ofrece en esta serie de tres novelas que conforman la trilogía Deptford: El quinto en discordia, Mantícora y El mundo de los prodigios.
A partir de un hecho tan intrascendente como es el lanzamiento de una bola de nieve que no impacta sobre quien debería, Davies construye un certero manual sobre el egoísmo y el manejo de la culpa, recuperando además para la causa la figura stendhaliana del egotista representada por Magnus Eisengrim, el motor de todas las historias y la némesis de un Boy Staunton pagado de sí mismo que al final se dejará embaucar, como todos acabamos haciendo, por la magia – en todos los sentidos – del primero.
Y en medio de todo ello, más allá de situaciones y personajes de apoyo inolvidables (ahí están las historias de Liesl o Abdalá para corroborarlo), la genialidad de realizar la narración de los hechos a través de los personajes secundarios Dunstan Ramsay y David Staunton, sobre los que cae la responsabilidad, mediante sus conflictos acerca de la vivencia de la piedad y la búsqueda del autoconocimiento respectivamente, de demostrar la necesidad de que en algún momento el quinto en discordia se rebele, tome la palabra y se haga oír para que todo encaje y pueda advertirnos de lo que en el fondo todos sabemos: que vivir es batallar contra los trasgos y que el arte es puro egoísmo.






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