Mad Men sitcom
septiembre 7th, 2010 • Sin categoría
(por Ibán Manzano)
Tras completar el visionado de The suitcase, el 4×07 de Mad Men, uno pasa a albergar una doble certeza en su interior, primero que ha visto un capítulo inmenso de una serie cada día más inmensa; segundo que tras agotar todas sus posibilidades con una arrolladora tercera temporada, la serie ha encontrado margen para la supervivencia. Matthew Weiner ha recurrido a extirpar la comedia de las fuentes en las que se inspira y la ha incorporado sin aparente esfuerzo al mundo de Don Draper. Este Mad Men parece más relajado, menos tenso, pero sigue siendo igual de profundo. No resultaría del todo desconcertante que la serie repitiera un cuarto Emmy como Mejor drama dentro de un año, tampoco que lo lograra en la categoría de Mejor comedia. The suitcase no es el primer capítulo de esta temporada en descubrir este nuevo tono. En el 4×04, The rejected, ya presenciábamos a través de un espejo semiplateado una divertidísima set piece, unas cuantas secretarias participaban en un estudio de consumo revelando sus ansiedades bajo la aparente ligereza de sus comentarios, una escena precisa en su timing y perfecta en su acidez. Un capítulo, además, rematado por un prodigioso golpe de humor absurdo y algo lynchiano -la aparición de los dos viejecitos en el pasillo del desolado apartamento de Don Draper discutiendo a propósito de unas peras-.
Para The suitcase, el 4×07, Weiner ha contado con una única localización espacio/temporal y una premisa de aliento buñeliano (o a lo Cortázar, si se prefiere), que sostiene los 40 minutos alrededor de la irreductible fuerza de atracción que ejerce la agencia de publicidad sobre sus empleados, especialmente sobre Peggy, la cual intenta reiteradamente zafarse de ella sin conseguirlo. La propia Peggy protagoniza en exclusiva este capítulo en compañía de Don, cruzándose ambos infinidad de veces por los pasillos de Starling, Cooper, Draper, Pryce & asociados, sin acabar de abandonarse el uno al otro y dejando a cada encuentro un poco más de sí mismos en los despachos. El capítulo maneja para ello infinidad de recursos cómicos, ágiles réplicas, líos y enredos de sociedad -el prometido celebrando el cumpleaños con la familia política- e incluso una salida de tono escatológica. En el último tramo, el espesor dramático se impone casi sin proponérselo, recuperando una línea argumental apuntada al principio de la temporada. Sin embargo, lo mejor resulta que está aún por llegar, la capacidad por encontrar en el insólito clímax de un combate de boxeo en off lugar para la declaración de amistad más auténtica (y ortopédica) que esta semana veremos en nuestro televisor.

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