Más The Walking Dead, por favor

(por Ibán Manzano)

AMC emitió el pasado domingo el segundo episodio (de 6) de The Walking Dead, 24 horas después confirmaba la renovación por una segunda temporada. Según parece, TWD ha caído en gracia a todos aquellos que de verdad importan (el público, la prensa especializada) en eso de asegurarse la supervivencia, hasta el punto de que pervive la impresión de que todos estaban (estábamos) esperando un producto como este, una adaptación de la estirpe George A. Romero en formato serializado con el pedigree de un canal por cable. Quizás no se pueda imaginar versión más respetuosa del cómic de Robert Kirkman que la que de momento dejan estos dos capítulos: traduce con fidelidad la apuesta visual del canon (sobrexpuesta, añeja), naturaliza situaciones (Shane ya no es tan gañán) y preserva su sabor artesanal.

Auténtico diario de a bordo por el apocalipsis doméstico, TWD nos devuelve a la mejor tradición zombie americana en dirección opuesta a la del zombie de última generación -vírico, pegajoso y europeo-, llegando incluso a mantener las implicaciones en términos políticos o, mejor dicho, familiares de La noche de los muertos vivientes. En este sentido, The Walking Dead se abre (spoilers) con un prólogo de difícil digestión, un tiro en la frente de una niña zombie y embarca a continuación a Rick, nuestro adorable y algo panoli protagonista, en la mini-odisea particular de reconducir el orden familiar ante su deglución en un mundo fosilizado. No debería por tanto despistarnos la decisión consciente de incorporar toques de soap opera (la relación Lori-Shane) a la trama. Lo que, en cambio, probablemente acabe por diferenciar a TWD, al menos según sus dos primeros episodios, es el interés de Frank Darabont y su equipo por acuñar un nuevo clasicismo zombie (atentos al uso del zoom) que se estructura pulverizando las convenciones vivo-muerto (Espectra de Pilar Urbano puede ser una lectura que os aclare mucho sobre la, digamos, escabrosa relación de Morgan Jones con su esposa no-muerta). Mucho tiene que ver con todo esto no ya la influencia de un narrador que no despista nada en la carrera de Darabont, Stephen King, sino sobre todo otro gran cómic (latino)americano, El Eternauta, que profundiza en una épica sobre el fin del mundo bastante similar. No sé si Kirkman ha leído El Eternauta de Oesterheld. De no haberlo hecho, se lo recomiendo encarecidamente.

P.D. Todo esto venía a cuento de que sugeriros que de entre todo lo que se ha escrito sobre la serie le prestarais un poco de atención al monográfico de Miradas de cine.  No lo lamentaréis.

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4 Responses (Add Your Comment)

  1. Coincido con el título, más TWD! Mola que ya hayan confirmado la segunda temporada!

  2. Bravow!
    Yo diría también que la sosez del protagonista se corresponde bastante con la del cómic. Muy bien la renovación pero no sé por qué, soy un poco reticente con las adaptaciones de obras que aún no están acabadas…

  3. El protagonista es Rick, no Shane.

  4. ¡Qué despiste! ¡Ya está corregidísimo!

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