Semana Lost: Objetos Perdidos (II)
mayo 20th, 2010 • Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
(por Ibán Manzano)
Si has empezado a padecer de sudores fríos, mareos y vértigo, no te asustes, el 23 de mayo estarás mucho peor.
A continuación, la segunda parte de esos momentos que revisaremos a partir de entonces con insaciable compulsión, listos para desempaquetar, servir y degustar en plato caliente.
P.D. Aquí, la primera parte.
6) We have to go back, Kate! (A través del espejo: 3×22, 3×23). Es LA escena. Miniatura que proyectaba en los reflejos azul eléctrico de su textura el interior arruinado de un Jack desolado, en superposición al Jack que en la Isla capitaneaba una fuga, que parecía sólo tener lugar para ocultar sus propias debilidades. Es fácil reconocer la desazón del hombre moderno a partir de este monólogo repleto de inquietud. También es fácil reconocernos como los espectadores que en breve clamaremos por regresar a una serie que habrá desaparecido tal como la entendemos.
7) La luz de la escotilla (Deus ex machina: 1×19). También es LA escena. El otro gran momento de la serie, erroneamente eclipsado por la revelación episodios atrás de la parálisis de Locke. Es arduo explicar a quién ha logrado sustraerse de la magia de Lost el por qué de este instante, que condensa en un plano, el destello naciendo de las entrañas de la Isla, todo lo que significa Perdidos. Sólo decir que el montaje en paralelo con un Locke derrotado, necesitado de creer en algo que otorgue sentido a su sacrificio, me eriza el vello. Aunque puede que todo se deba a Giacchino. Quién sabe.
8.) I love you Penny (Vivir juntos, morir solos: 2×22, 2×23). Admito que la llamada de teléfono al final de La Constante puede ser tomada por el punto álgido (léase el que más klínex necesita) de la odisea romántica de Desmond & Penny, en ella los personajes se fracturan a lo largo del tiempo y el espacio para que el amor los devuelva a su cauce. Pero nos equivocaríamos. Profundamente, además. No, lo mejor que nos ha dado la pareja Penny-Desmond arranca con la confesión de este, en la que asume su dualidad héroe-villano, de que estrelló el 815 de Oceanic y desemboca en la implosión de la escotilla. Es curioso porque la chispa que enciende esta mega-escena concatenada es una discusión a propósito de la luz de la escotilla, nuestra escena número 7. ¿Qué le voy a hacer yo si los grandes momentos se relacionan entre si?
9) Locke está muerto, again (El Incidente: 5×16, 5×17). Revisando mis largas horas de televisión (y he pasado unas cuantas), no encuentro ni por asomo a un personaje tan torturado como Locke. Ni la digna salida del suicidio le fue permitida por los guionistas, tampoco le dejaron descansar en paz. Su sufrida existencia se ajusta a una versión comandada por el diablo de la vida de un Jesucristo engañado: cargó con su padre a cuestas, fue un profeta escuchado por una pequeña comunidad religiosa e incluso llegó a experimentar una resurrección. Pero como bien sabemos, nada de esto es exactamente cierto, al contrario sus penurias sirvieron como parte del plan de un Satanás, el Humo Negro, que aprovechó su cuerpo para expulsar a Dios de su particular paraíso, la sombra de la estatua.
10) Objetos Perdidos (LA X: 6×01, 6×02, El Candidato: 6×14). La secuencia que da nombre a este post doble. Sí, yo también me hice fan de Guionistas de Lost que fuman demasiado y se les va la sexta de las manos, peroooooooooooooooo, por cosas como estas merece la pena seguir a bordo. El diálogo entre Jack y Locke en la sección de objetos perdidos (“perdidos”, guiño, guiño, ¿lo pilláis?) está cargada de sabiduría, reproduce los grandes dilemas de la serie con una economía de recursos excepcional. La conversación se amplifica posteriormente en The candidate en los pasillos del hospital St Sebastian, desgarrador Locke descubriéndose como responsable del destino aciago de su padre, esperanzadora la réplica de Jack.
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The_DharmaInitiative mayo 21, 2010at 13:39
La luz de la escotilla es Giacchino en estado puro. Sublime. Genial. Me emocioné cuando la vi y me sigue pasando cada vez que la veo.