Especial Mad Men (II): Alfred Hitchcock presenta
marzo 7th, 2012 • General • No comments
(por Ibán Manzano)
En una serie de entrevistas que Matthew Weiner facilitó para los DVDs de la primera temporada, el creador de Mad Men señaló que el único nombre en el que se pusieron de acuerdo todos los miembros del equipo mientras trabajaban en la sala de máquinas fue el de Sir Joseph Alfred Hitchcock. El bueno de Hitch habría tenido más relevancia a la hora de establecer el tono de la serie que, por ejemplo, Richard Yates (un ejemplar de Revolutionary Road no cayó en sus manos hasta que la preproducción había echado a andar) o Douglas Sirk (un parecido con el que no se sienten especialmente cómodos). Tampoco es que estemos descubriendo nada nuevo, con su MacGuffin (¿quién es don Draper?) y sus suplantaciones de identidad, Mad Men se ha caracterizado desde el minuto cero por aplicar sobre el melodrama de época muchas de las constantes temáticas y estéticas del cine de intriga. Hasta Grace Betty Kelly está invitada a la fiesta. En la primera entrega de esta serie de artículos que este blog está dedicando a mitigar la ansiedad que la fecha del 25 de marzo causa en nuestro sistema nervioso ya pusimos sobre la mesa las deudas contraídas con Vértigo, palpables desde la misma cabecera. Los autores de este otro análisis, el cual os recomiendo si el tema os despierta un mínimo interés, creen haber detectado también posibles guiños a Encadenados, a La Soga y, especialmente, a Con la muerte en los talones. Sobre esta última, no tengo ninguna duda. Después de todo, no hay que olvidar que 1) va de un tipo al que confunden con otro y 2) que dicho tipo es un publicista de maneras sedosas y buena percha.
Hay mucho más por supuesto. La secuencia en la que Betty descubre El Secreto de Don (ya sabéis) no sólo es de una planificación exquisita sino que además sirve de explicación a la dicotomía suspense/sorpresa casi mejor que el manido ejemplo de la bomba. Eso por no hablar del interés por la descomposición de los tejidos que nos sostienen (de nuevo pienso en Con la muerte en los talones, ese divertimento menor que hizo avanzar unos cuantos lustros el cine de espionaje y máximo exponente de intriga kafkiana). Ahora demos un salto en tiempo. Hasta 1973. Brian De Palma estrena Hermanas, su primer gran éxito comercial y la casilla de salida para una carrera dedicada casi en exclusiva a destapar las pasiones que circulan por debajo de las imágenes de Vértigo, Psicosis, Atrapa a un ladrón y otras que a lo mejor os suenan. Su tesis vendría a ser, perdón si me paso de reduccionista, que muchos de los golpes de efecto de estos títulos se entienden mejor desde la óptica de ley del deseo. Un deseo convenientemente canalizado a través de los objetos que aparecen en pantalla. Los lovebirds que desencadenan el Apocalipsis en Los Pájaros o la corbata de Frenesí como declaraciones que emanan desde lo más profundo de nuestro psicótico corazón. En De Palma, la intriga se acuesta con el más casposo cine erótico. Mirad si no ese locurón que es la apertura de Femme Fatale.
Volviendo a Mad Men, lo que os quería contar es que en mi opinión la serie es como la otra cara del mismo cristal. Aquí los objetos no fetichizan ninguna vida sexual secreta por la sencilla razón de que ¡son las propias personas la que actúan como objetos! Estos hombres y mujeres atrapados en la gran telaraña publicitaria de verdades a medias y humo en los ojos, han aceptado de buena gana cosificarse. Que la Apariencia es el negocio de Sterling&Cooper lo tenemos claro desde el episodio piloto, la cosa está en comprobar como se apropia de las relaciones personales de unos empleados para los que el amor es un cheque al portador y una adquisición tan ostentosa como ese Chrysler descapotable aparcado frente al jardín de casa. Ejemplos los hay a mansalva. El más obvio es el correquetepillo entre jefes y secretarias, pero también tenemos el romance entre Betty y su futón, la violación de Joan por su según para qué acomplejado marido o la escapada a Italia. Objetos, cosas, maniquíes. Una coraza para protegerse. El gran escaparate. A fin de cuentas el porno si es con maniquíes no mancha la encimera.
El gabinete del Doctor Cortés
marzo 3rd, 2012 • General • 2 comments
(por Ibán Manzano)
Para todos aquellos que se preguntaban que cuánto iban a tardar en reaparecer los Caligaris teniendo en cuenta la que está cayendo, he aquí una primera aproximación. Robert De Niro levitando ante un auditorio que se ha dejado los cuartos en un simulacro de milagro es una de las escenas que mejor ejemplifican nuestra necesidad actual de entregarnos a dudosas figuras de autoridad. Los dos largos que Rodrigo Cortés ha firmado hasta la fecha se las han apañado para dialogar de manera oblicua pero eficaz con lo-que-está-ocurriendo-ahí-fuera. Fui a ver Luces Rojas, su último trabajo, acompañado de otras cuatro personas (nunca una sala de cine estuvo tan cerca de un parque de atracciones) y me quedé en soledad defendiendo las bondades de sus discutibles puntos de giro. No creo equivocarme demasiado cuando afirmo que la tercera película de Cortés es la que, de su breve filmografía, está chocando con mayor furia contra el muro de la incomprensión. Ninguno de mis acompañantes quiso comprar la idea de que con su lenguaje de telepredicador, sus aires mesiánicos y su espectáculo regido por el asombro, el megavillano al que encarna De Niro, un psíquico que hace saltar todas las alarmas de la comunidad científica, resulta de brutal y plena vigencia. También es verdad que tengo cierta obsesión con el tema, no consigo desembarazarme de la sospecha de que el síndrome de Cesare se está extiendo cual enfermedad terminal sobre los restos de eso que un día conocimos como estado del bienestar. Pero mejor dejémoslo, que no os quiero amargar lo que queda de fin de semana.
Volviendo a lo de la supuesta falta de entendimiento que la cinta está teniendo con su público natural, es posible que en gran medida se explique por la errónea impresión de que su argumento transcurre en un universo que si no es el nuestro, al menos comparte la misma lógica, cuando en realidad sus coordenadas están más próximas a la ciencia-ficción tal como la ha interiorizado Christopher Nolan. En esa ciudad indeterminada, asfixiante y profundamente decadente, la parapsicología ocupa rango de ciencia universitaria de primer orden y hay un Guantánamo esperando para los delitos de fraude psíquico. Luces Rojas no reniega ni de esta ni de las otras deudas contraídas con Nolan, como pueden ser las similitudes con The Prestige o ese interés que tanto Nolan como Cortés han manifestado en sus respectivas carreras por la épica del hombre común enfrentado a narrativas que le superan y le derrotan. Por lo que pude ver a la salida del cine, hay quien se arrodilla ante la maña de Cortés y quien es más de quemar la cabina del proyeccionista. Ni tanto ni tan calvo. Pero bueno, ya nos viene bien un poco de marcha.
Where’s my fucking Oscar nomination?
febrero 26th, 2012 • óscares • No comments
(por Ibán Manzano)
Domingo 26 de febrero. Eso sólo puede significar dos cosas: 1) que en estos momentos estáis cara a cara con una resaca que delata todas vuestras fechorías y 2) que los Oscar ya están aquí. Esta noche los ojos de medio planeta se posarán sobre esas personas extremadamente atractivas embutidas en trajes extremadamente caros conocidas como Los Nominados. Mucho se ha dicho de que la nostalgia cinéfila se ha apoderado de la Academia de Hollywood en esta edición. Yo mismo escribí hace unas semanas un artículo sobre ello, defendiendo que ante la crisis Hollywood apostaba por mirar en su interior (o mirarse el ombligo, según a quien preguntes). El Oscar a Mejor Película suele ser muy sintomático de como de engrasada está la maquinaria cultural del otro lado del charco. Ya lo hemos comentado varias veces, pero lo que va de la victoria de No es país para viejos (2007) a la de Slumdog Millionaire (2008) constituye casi una clase de política acerca de como cambiaron los aires en el 1600 de la Avenida Pennsylvania en las últimas presidenciales. Luego, otras veces, sencillamente al académico de turno le pica la entrepierna y hace lo que le da la gana: Crash (2005).
En realidad, las 9 candidatas a la categoría madre de esta noche, si destacan por algo, es por tratarse de uno de los conjuntos que más me ha hecho bostezar que yo recuerde. Es más, diría que prácticamente no considero a ninguna de ellas realmente buena. Aunque ahora que lo pienso, ¿desde cuándo ha ido de eso el asunto? La balanza se reequilibra un poco gracias a El árbol de la vida (Jonathan Millán da en el clavo cuando afirma que en ella hay una muy buena película envuelta en otra que no le gusta tanto) y también a Los descendientes y a Moneyball. Eso en el lado positivo. En el negativo estarían todas las demás. Supongo que ando algo rabioso porque mis películas favoritas tienen escasa relevancia en las candidaturas. Sólo espero que A separation y El Topo den el campanazo en sus respectivas categorías de guión. ¿Un Oscar en farsi? Eso sí que molaría. Y todo este rollo sencillamente para informaros de que esta noche estaré dando guerra por Twitter. Desde las 2 de la mañana andaré en la red de microblogging quejándome de lo sobreactuada que me ha parecido la búsqueda de magia en La invención de Hugo y cotilleando sobre modelitos. Lo dicho, si la venganza de Ryan Gosling no lo impide, esta noche tenemos una cita.
My week with Laura Palmer
febrero 23rd, 2012 • General • No comments
(por Ibán Manzano)
Me enamoré por primera vez a los 6 años. Ella era rubia, tan guapa que hacía verdadero el tópico de que hay bellezas que no son de este mundo, tenía el cuerpo envuelto en un sudario de plástico y… estaba muerta. Supongo que a estas alturas no hacen falta las presentaciones, pero por si acaso: lectores de este humilde blog, cadáver de Laura Palmer; cadáver de Laura Palmer, lectores de este humilde blog. Hoy se cumplen 23 años desde que en la cronología de las serie (fechada en 1989), Pete Martell encontrara el cuerpo sin vida de Laura Palmer. Cabe recordar un dato, Papá Frost y Papá Lynch tenían en mente bautizar con otro nombre que no era el de Laura Palmer a la que acabaría siendo la muerta más famosa de América. Ese otro nombre quizás también os suene de algo: Marilyn Monroe. Años antes de embarcarse en Twin Peaks, la pareja de creadores estuvo a vueltas con Goddess, intento de trasladar a la pantalla grande el calvario que padeció Marilyn en sus últimas horas en este mundo a partir de la biografía de Anthony Summers. Por desgracia los derechos para la adaptación pasaron de largo y el proyecto acabó abandonado en una cuneta. Lynch levantó acta de defunción reconociendo que en cualquier caso estaban condenados al fracaso de antemano: no éramos capaces de captar su belleza, ni tampoco su infinito tormento. Belleza y tormento parecen de hecho dos adjetivos muy apropiados para definir a Laura Palmer, y es que de una manera algo incierta la tragedia de Marilyn acabaría tomando lugar en lo más profundo del bosque de una pequeña localidad maderera de 5.201 habitantes y olor a sicomoro.
Son muchos los parecidos entre la mujer que le cantó el cumpleaños feliz al Presidente y Laura Palmer. Y muchas las diferencias. ¿Un parecido? La última entrada de sus diarios recogía que ambas se estaban planteando revelar la identidad del Mister X que las visitaba de noche. ¿Una diferencia? David Lynch decidió que la muerte de su Laura Palmer sería vía asesinato. Su serie, al menos en las apariencias, sería un whodunit. Pero aunque esa decisión no buscara sugerir que había gato encerrado en el suicidio de Marilyn Monroe, es tentador pensar que involuntariamente Lynch deslizó una idea peligrosa: ¿suicidio? ¿asesinato? ¿realmente hay diferencia? Tanto Marilyn como Laura pertenecen a una estirpe fúnebre de vírgenes que viven fugazmente entre nosotros. Ya sé que no fueron unas santas, pero cuando hablo de vírgenes me refiero a esa pureza que defendía Lux Lisbon, la chica que Jeffrey Eugenides imaginó haciendo el amor sobre el tejado de su casa con cada uno de los jugadores del equipo de rugby antes de dejarse encendido el motor del coche y las puertas del garaje cerradas a cal y canto. Menciono a Lux Lisbon porque de alguna manera comparte el destino fatal de estas novias de la muerte. Las tres son mujeres hermosas, las tres son cadáveres fascinantes que esperan al final del pasillo a capturar nuestra obsesión. Las tres son reinas del instituto y las tres también juguetes rotos que no escaparon de su Norma Jean. Si me ando preguntando si hay alguna diferencia entre el asesinato y el suicidio es porque a las tres se las ha representado (en el caso de Monroe en la versión exaltada del mito) bailando con el más allá, poniéndole el mismo ahínco conque reparten afecto. Hay algo escurridizo en su fragilidad, bella y atormentada como decía Lynch. Parece que conocieran un secreto milenario (custodiado por enanos entre cortinajes rojos) y que fuera imposible compartirlo por ser demasiado triste. Que sólo les quedara una salida: ¡boom! Incluso Laura Palmer, la única de las tres que no se quitó voluntariamente la vida, conocía perfectamente la noche que entre graznidos de lechuzas le llegaría la hora. Y lo curioso es que, según sus amigos, hacía mucho tiempo que no se la veía tan en paz.
Twin Peaks sigue siendo a día de hoy la reelaboración más seductora que existe del enigma Marilyn Monroe. Esta semana estrenan otro aporte a la cuestión, Mi semana con Marilyn. Está protagonizada por Michelle Williams, tiene dos candidaturas al Oscar y tiene un rollo muy mono, pero sinceramente: es para nenazas. Y vosotros no sois nada de eso, ¿verdad? ¿VERDAD?
La escena del mes: Carey Mulligan canta New York, New York
febrero 17th, 2012 • La escena del mes • No comments
(por Ibán Manzano)
¡Atentos cazafortunas! Sobre el escenario, la señorita Mulligan desgrana una versión de New York, New York que hace valer cada gorgorito en oro. Hoy mismo llega a nuestras carteleras Shame, a todas luces la recomendación más desconcertante que os podáis echar a la cara para la semana de San Valentín. El segundo largo de Steve McQueen sigue de cerca las andanzas de Brandon, un adicto al sexo interpretado con una ferocidad que no es de este mundo por un Michael Fassbender más allá de cualquier elogio. El remake que Carey Mullingan se marca del mítico himno popularizado por Sinatra brilla con luz propia entre la sordidez de diseño con la que acostumbra a lidiar a diario el propio Brandon. Es más, se trata de la única concesión a la emoción que se permite este hombre de hojalata a la captura de un corazón en la ciudad de ciudades. Y si es de Brandon del que hablamos, creedme si os digo que eso no es poco.
Encerrado en su burbuja de autosatisfacción, Brandon es lo que se diría un hombre-de-su-tiempo, ejecutivo que viene a corroborar la plena vigencia de los yuppies de los 80 (los chicos de Lehman Brothers tienen abuelos). Su profunda desconexión emocional le aproxima casi una figura poshumana (como el Zuckerberg de La Red Social) que no ansía más que una muestra de verdadero afecto (como Don Draper) sin tener que pagar por ello el peaje a la psicopatía (como Patrick Bateman). Un apropiado programa doble con The girlfriend experience (2009, Steven Soderbergh) acerca de la actual coyuntura económica a partir del vacío emocional de los ejecutivos nos está esperando. No puedo acabar esta entrada sin destacar que pese al valiente trabajo de cámara de Steve McQueen, incómodo en muchas ocasiones, Shame no acaba de cumplir todo lo que promete. La cinta pierde pie en su último tercio entre subrayados melodramáticos y ecos moralistas que desdibujan el resultado final. Pero como mi madre me enseñó a quedarme con lo bueno, yo me quedo con Carey Mulligan y su New York, New York y con ese momento para la historia (la mía al menos) en el que me crucé en los pasillos de Venecia con Michael Fassbender. No tengo ni la menor idea de cuál es la fórmula para fabricar una estrella, pero creedme si os digo que mi detector de estrellas reventó ante su presencia. Supongo que es lo que llaman amor.
Pilotos: The River
febrero 15th, 2012 • Pilotos • 2 comments
(por Ibán Manzano)
THE RIVER: Actualizo brevemente sólo para informar de que me lo estoy pasando en grande con The River. Sí, lo sé, debo de ser el único que está aplaudiendo con las orejas su cuanto menos curiosa mezcla de brujería vudú y supuesta telerrealidad. Lo tengo tan claro como que este no es el estreno televisivo del que presumir delante de la chica-de-la-próxima-cita, pero diantres, para eso ya tenemos Luck. En realidad no me extrañaría lo más mínimo que el potencial de la serie se agotara en lo que tardáis en pronunciar Jaume Collet-Serra. Parece de este tipo de propuestas incapaces de chapotear más allá de su highconcept. ¿Que en qué consiste este? Os lo cuento por si no sabéis de qué va el tema. El Dr. Emmet Cole, reconocido documentalista, desaparece en plena selva amazónica. Convencidos de que sigue vivo, su familia emprende su búsqueda acompañada por un equipo de televisión que financia la expedición. Produce Oren Peli, chamán-creador, y el cual es posible que conozcáis de otros falsos documentales como Paranormal Activity. De hecho la ecuación inicial no es lo que se diría un misterio: Panormal Activity + Lost. El otro día un crítico se quejaba en voz alta (en su timeline para más señas) de lo condenadamente difícil que es escribir una reseña de una serie de aventuras e intriga (por ese orden) sin mentar a Lost. En este caso, no nos queda otra: si eso que aparece en el piloto no es el Humo Negro que baje Dios y lo vea. The River supone además la liberación de esa pulsión de reality que se ocultaba tras cada náufrago de dos caras en la Isla.
Si dedicáis un segundo a leer de nuevo el argumento, puede que detectéis un parecido no del todo imposible con Grizzly man (2005), la montaña más alta que Werner Herzog ha escalado hasta la fecha en la no-ficción. Cualquier similitud entre The River y el primer Herzog que se os venga a la cabeza, estoy seguro de que no es otra cosa que una feliz (y superficial) coincidencia antes que una influencia declarada. Pero, ¿y lo que mola ver en el Dr. Emmet Cole a un Fitzcarraldo con alma de videoblogger, a un Kurtz filmando su viaje de autoconocimiento y exploración interna como parte de un rito digital de iniciación? El hecho de que tengamos flashbacks en una serie como esta y que en ellos nuestro doctor descubra el secreto eterno del fuego es lo que me hace esperar algo más allá de un ticket semanal en los Rápidos. Pero si finalmente no cumpliera con todas sus promesas, tampoco me quejaré. Hace una barbaridad que no echo una partida al Broken Sword 2.
Falling Skies (Preparando la Quinta de Mad Men)
febrero 9th, 2012 • General • No comments
(por Ibán Manzano)
Es posible que os lo hayáis cruzado de camino a vuestra panadería favorita de Park Avenue y que a estas alturas ya sepáis que el cartel de la quinta de Mad Men lleva un par de semanas en boca de todos. Algunos blogs especializados consideran legítimo interpretarlo como un remake encubierto de The Falling Man, la fotografía epítome del 11S con la que Richard Drew inmortalizó a un hombre ¿cayendo? ¿arrojándose? desde la Torre Norte tras el impacto del Boeing 757 de American Airlines. Otros, como los habituales viajeros del metro de Nueva York, lo han convertido en un mural colectivo, graffiteando sus propuestas sobre el blanco grisáceo de la imagen (en esta galería, Don Draper sobrevuela los mundos de Mario Bros, juega a la rayuela y es rescatado por Superman). Es sólo otra forma más de matar el tiempo entre tren y tren. Si bien todo esto no pasa de tuitpolémicas de rápida combustión para psicólogos de cabecera (o blogeros con aspiraciones a), al menos arroja una conclusión positiva: no lo deben de haber hecho tan mal los chicos de Matthew Weiner cuando de una simple silueta negra han conseguido sacar una mancha de Roschard para el neoyorquino de a pie. Claro, que es posible que la explicación sea mucho más sencilla: la quinta temporada está al caer y andamos que nos subimos por las paredes. Esta es la primera de una serie de entradas que de hecho buscan allanar el camino al 25 de marzo. Y ya que estamos metidos en materia, empecemos por el susodicho hombre-que-cae. ¡Siguiente párrafo!
El cartel, prodigio de síntesis constructivista, corresponde, como todo devoto bien sabe, a un extracto del opening que cada episodio nos introduce en los despachos de Sterling & Cooper. Los créditos, celebrados y reimaginados hasta la extenuación (por ejemplo en Los Simpson) fueron concebidos por la agencia Imaginary Forces como una destilación en rojo y negro de la pesadilla de Scottie en Vértigo (1958, Alfred Hitckcock). No hay espacio suficiente en este blog (puede que tampoco en toda la blogosfera junta) para descifrar el sentido último de esa pesadilla enfermiza que es Vértigo con tantos niveles de lectura como los anillos del árbol milenario ante el que oficializan su amor fou Scottie y Madeleine. Sin embargo, hay un detalle en el que merece la pena fijarse. Slavoj Žižek, en su imprescindible The pervert’s guide to cinema (2006), nos hace caer en la cuenta (llega a colarse literalmente en la imagen para explicárnoslo mejor) que cuando Scottie modela a Judy Barton a la imagen y semejanza del recuerdo de Madeleine, antiguo amor caído en desgracia desde lo alto de un campanario, este parece más atento a los detalles que a la propia Judy/Madeleine. Como si su objetivo final no fuera recuperar a Madeleine sino invocar de entre los muertos la imagen lejana de una felicidad ya del todo inalcanzable. Y no hace falta que os recuerde el papel esencial que la imagen desempeña en el universo de Don Draper. Trabaja en una agencia de publicidad, es director creativo y bueno, lleva años representando el anuncio más costoso que se me ocurre: su biografía.
En una interpretación quizás no tan arriesgada podríamos afirmar que la Nueva York de la serie es casi un producto de laboratorio, una cuidadosa alquimia de utopías envenenadas y ecosistemas hedonistas. Y Don Draper es el mad doctor que se oculta tras ella. Al igual que Scottie, Draper sufre la condena de vivir para construir un sucedáneo de la felicidad. Draper es un Scottie de uso público, un fabricante de fantasías para todos, un artífice de sueños de consumo masivo. Esa Nueva York a la que ayuda a modelar con sus infinitas lonas de Lucky Strike se comporta como una ciudad de ciencia-ficción que ha perdido todo contacto con la realidad. De ahí que las convulsiones sociales que azotaron la década queden limitadas a ruido de noticiario radiofónico. De ahí también el choque entre la atención al detalle histórico y el papel pintado de sus decorados interiores (la falta de exteriores es alarmante). De ahí por último que el deseo, motor absoluto del 99,9% de las tramas, se mueva bajo la lógica de consumo. Mad Men transcurre no por casualidad en unos años bulliciosos, aquellos en los que la imagen comenzaba a desplazar a los productos materiales como bienes esenciales. Y eso es lo de que tan brillantemente dan cuenta los créditos, de ese vértigo que en el cuadro clínico de Don hemos visto aflorar como ataques de ansiedad y de pánico. Fijémonos si no en lo que nos cuentan, la arquitectura se derrumba y un hombre cae (en un recorrido que por cierto resumen las polémicas de estos días, del rascacielos al inframundo suburbano) entre pin-ups. Cuidado con el matiz, entre anuncios de pin-ups. El suelo cede, nosotros con él y Nueva York con su mejor sonrisa nos anuncia largas piernas de mujer. Existen por supuesto brotes de autenticidad en medio de esa tormenta perfecta, pero son los justos. ¿Mi favorito? Esa mano que acaricia el césped sobre el que una profesora juega al corro con sus alumnos.
Próxima entrega, ¿es Mad Men una serie porno disfrazada? También, ¿es Mad Men porno en serie para snobs?
Pilotos: Smash + Touch
febrero 3rd, 2012 • Pilotos • 1 comment
(por Ibán Manzano)
He aqui unas cuantas palabras sobre vuestros estrenos televisivos favoritos.
1) SMASH. Tengo que reconocer que no soy el público objetivo de Smash. Detesto Glee con todas mis fuerzas y en general me provoca cierta urticaria (y no sabéis la de bostezos) cualquier cosa que tenga que ver con la gestación de un musical. Pero ¡maldita sea!, ese entusiasmo que el piloto ha despertado en mi timeline tenía que tener una explicación. Pues bien, no puedo afirmar que la haya encontrado. Tras mi primer contacto con lo nuevo de la NBC mis ganas de subirme al tren se han reducido a cero. Smash, para el que no lo sepa, repasa los sinsabores (sueños pisoteados entre candilejas, gorgoritos a lo Christina Aguilera, vendettas artísticas) de una joven compañía que se ha propuesto erigir el monumento definitivo a Marilyn Monroe, un musical en Broadway. Esperaba que al menos tratándose de la Monroe -su mito es dinamita que tarde o temprano alguien hará estallar como merece-, encontraría algo a lo que aferrarme. Pero eso no ha sido suficiente como para compensar la avalancha de tópicos sobre, ya sabéis, la cara amarga del éxito y la importancia-de-volver-a-levantarse-cuando-te-arrojan-al-suelo. Y luego está Anjelica Huston moviéndose cual estrella senior entre bambalinas, como si fuera la Cher de Burlesque (no me cabe duda, comparten estilista). Sólo que bueno, Burlesque al menos era (involuntariamente) divertida.
2) TOUCH. Tengo que reconocer que tampoco soy el público objetivo para Touch. No comulgué con Héroes ni siquiera en su celebrada primera temporada, por lo que la vuelta de Tim Kring a la ficción catódica me interesaba, por decirlo suavemente, bien poco. La única curiosidad que tenía era la de saber qué había sido del hombre más duro del planeta (estoy hablando de Kiefer Sutherland) tras el fin de 24 y tras su periplo europeo-apocalíptico (estoy hablando de Melancolía). Bien, Touch no desentona lo más mínimo con Héroes, Tim Kring sigue manifestando su obsesión por las encrucijadas cósmicas y el niño protagonista es como otro superhéroe inadaptado. Lo que sí que me ha dejado absolutamente descolocado son las sorprendentes sincronías que presenta con Tan fuerte, tan cerca, adaptación del bestseller sobre el 11S que llegará a nuestras pantallas el próximo mes a cargo de Stephen Daldry. Si alguno de vosotros, iluso, pensaba que las heridas del 11S habían cicatrizado, nada más lejos de la realidad. Tim Kring y Stephen Daldry reciben en su consulta a una América todavía en shock, la sientan en su diván, la escuchan en batín y le recetan cábala en píldoras y un poco de confianza en el futuro. Los caminos del Señor (o del destino si uno no cree) son inescrutables. Quizás no sea una locura confundirla con una inesperada continuación de Babel con teléfono móvil como luminoso reemplazo de aquella escopeta que pasaba de Japón a Oriente Próximo y así por todo el globo. No es que mis ganas de seguir con la serie sean muy altas, pero tengo que confesar que si el piloto pretendía emocionar, al menos sabe jugar sus cartas. Por cierto que todo esto del 11S me ha hecho pensar en lo bueno que sería que algún loco reuniera coraje suficiente como para llevar a la pantalla La ciudad de cristal (1985) de Paul Auster en la Nueva York post Torres Gemelas. Sería como colocarnos en el corazón de la platea ante una tragedia milenaria que ha dejado de representarse con cuchillos de atrezzo.
Karaoke Oscar 2012
febrero 1st, 2012 • Espotifai, óscares • No comments
(por Ibán Manzano)
26 de febrero, fecha marcada a fuego en vuestras agendas tanto si os interesan los Oscar como las celebrities con vestidos que cuestan más que el salario de toda una vida. Hay unas cuantas melodías que más os valdría aprender si queréis ser alguien en la ceremonia. El año pasado ya publiqué una lista de Spotify con las canciones más señaladas entre las candidatas. Para no quedarme atrás, he decidido continuar con la iniciativa y ahí va una nueva lista recién salida del horno. Me temo que esta edición la categoría a Mejor Canción no se presta a demasiado juego. Los académicos han tenido a bien nominar sólo a dos canciones, y eso que la lista de preseleccionados era cuantiosa (podéis consultarla aquí). En concreto se han decantado por Man or muppets de Los muppets (pese a que la elección correcta hubiera sido Life’s a happy song) y por Real in Rio de Rio (pese a que es de Carlinhos Brown).
En esta entrada de hace unas semanas os comentaba que a mi juicio el mejor uso de una canción en el cine reciente pertenece a El Topo, pero claro, el aburrido reglamento de la academia hace de Julio Iglesias una opción inelegible. Ellos sabrán. Alberto Iglesias, en cambio, sí que se ha colado entre los contendientes a banda sonora por su trabajo para esta misma película, donde aplica un singular tratamiento atmosférico al subgénero de espías, reforzando el carácter espectral de una trama que por momentos parece transcurrir en un laberinto en penumbras. No lo tendrá fácil en una categoría copada por la doble presencia de John Williams gracias a sus esfuerzos en War Horse (bien) y Las aventuras de Tintín (mejor). Luego están los que se han quedado fuera. Dario Marianelli ha compuesto un barroco subrayado al amor fou con institutriz más conocido de la literatura romántica, Alexandre Desplat ha vuelto a firmar otro número indecente de partituras magistrales y Trent Reznor y Atticus Ross no han podido repetir la jugada del año pasado, pese a radicalizar, o quizás por ello, todo lo que ensayaron en La Red Social. De hecho, Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres tiene una de sus grandes virtudes en su trabajada ingeniería sonora, dentro de la cual se incluye el galvánico remake de Inmigrant song que revienta nuestros oídos en los créditos iniciales. Esta lista no estaría completa sin poner el acelerador a punto con fragmentos de la ochentera selección de Drive. Se ha dicho tanto sobre este santuario de lo hipster que, la verdad, no se ocurre nada más que añadir. Cerrad los ojos, escuchad la lista, tararead sus canciones. Si lo deseáis con todas vuestras fuerzas, es posible que Ryan Gosling venga a rescataros de vuestra gris existencia.
Aquí, la lista completa.
Pilotos: Luck + Alcatraz
enero 25th, 2012 • Pilotos • No comments
(por Ibán Manzano)
1) LUCK. Prometo no hacer ningún chiste malo que incluya carreras de hípica y apuestas deportivas sobre Luck, el caballo ganador (ya he caído) de la HBO para el primer tercio del año. El hipódromo de Santa Anita, con todo el tráfico de dinero y sueños rotos, que suelen mover este tipo de competiciones, será el nuevo laboratorio (como antes lo fue Nueva Jersey, Baltimore, el Oeste fronterizo, la antigua Roma, los casinos de Atlantic City y Poniente) desde el que la cadena por cable estudiará las relaciones que estructuran el Poder. En una estrategia curiosa, el episodio piloto fue emitido el pasado diciembre pese a que Luck no arranca oficialmente hasta este domingo. Digo en una estrategia curiosa, porque el piloto de Luck resulta voluntariamente informe. No interpretéis esto como un reproche, al contrario: como muchas de sus hermanas Luck asume que la serie televisiva es el equivalente a la novela decimonónica.
Los primeros 60 minutos de lo nuevo de David Milch (al que le estaremos eternamente agradecidos por Deadwood) no son más que la primera piedra de una nueva catedral gótica que se irá edificando semanalmente en nuestra pantalla. El capítulo tiene además varios motivos para el regocijo: unos personajes con potencial para evolucionar corruptamente, primeras espadas en su reparto (Dustin Hoffman, Nick Nolte), una selección musical de aúpa y a Michael Mann tras la cámara. Michael Mann es para este que firma uno de los grandes. Algún día acabaré esa entrada en la que argumento que Inland Empire (David Lynch, 2006) es la otra cara de la moneda de Enemigos públicos (2009), por cierto una de las obras maestras de la pasada década. En esta ocasión, Mann está algo más comedido de lo habitual, por lo menos hasta que se lanza a filmar carreras de caballos en un digital de alta definición que deja sin habla.
2) ALCATRAZ. Vuestros tímpanos deben de estar reventados de tanto escuchar que Alcatraz es la nueva Lost o la nueva Fringe. Para ser sinceros la comparación no carece de base. El parecido es especialmente notable con la segunda. Lo cierto es que Fringe ya tenía algo de puesta al día (un día con cambiaformas, armas bacteriológicas y portales interdimensionales; un día de esos) de lo ensayado en Alias. El gran problema de Alcatraz es que uno no puede librarse de la molesta sensación de que a base de tanto fotocopiar los colores han acabado por diluirse. Todavía es pronto para llevarse las manos a la cabeza. La serie tiene una premisa de las que no se ven todos los días y sus responsables merecen que les concedamos un poco de paciencia. Ahora no nos acordemos demasiado, pero Fringe no tuvo exactamente una acogida calurosa cuando llegó a las pantallas hace cuatro años y, en cambio, mírala ahora, qué salud de hierro. Entre lo positivo a rescatar no sólo está el sugerente enigma central, sino un guiño hitchcockiano que demuestra conocimiento de causa y la agradable confirmación de que J.J. Abrams cada vez siente menos necesidad de justificar su abrazo a lo fantástico.
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