Pilotos: Smash + Touch

(por Ibán Manzano)

He aqui unas cuantas palabras sobre vuestros estrenos televisivos favoritos.

1) SMASH. Tengo que reconocer que no soy el público objetivo de Smash. Detesto Glee con todas mis fuerzas y en general me provoca cierta urticaria (y no sabéis la de bostezos) cualquier cosa que tenga que ver con la gestación de un musical. Pero ¡maldita sea!, ese entusiasmo que el piloto ha despertado en mi timeline tenía que tener una explicación. Pues bien, no puedo afirmar que la haya encontrado. Tras mi primer contacto con lo nuevo de la NBC mis ganas de subirme al tren se han reducido a cero. Smash, para el que no lo sepa, repasa los sinsabores (sueños pisoteados entre candilejas, gorgoritos a lo Christina Aguilera, vendettas artísticas) de una joven compañía que se ha propuesto erigir el monumento definitivo a Marilyn Monroe, un musical en Broadway. Esperaba que al menos tratándose de la Monroe -su mito es dinamita que tarde o temprano alguien hará estallar como merece-, encontraría algo a lo que aferrarme. Pero eso no ha sido suficiente como para compensar la avalancha de tópicos sobre, ya sabéis, la cara amarga del éxito y la importancia-de-volver-a-levantarse-cuando-te-arrojan-al-suelo. Y luego está Anjelica Huston moviéndose cual estrella senior entre bambalinas, como si fuera la Cher de Burlesque (no me cabe duda, comparten estilista). Sólo que bueno, Burlesque al menos era (involuntariamente) divertida.

2) TOUCH. Tengo que reconocer que tampoco soy el público objetivo para Touch. No comulgué con Héroes ni siquiera en su celebrada primera temporada, por lo que la vuelta de Tim Kring a la ficción catódica me interesaba, por decirlo suavemente, bien poco. La única curiosidad que tenía era la de saber qué había sido del hombre más duro del planeta (estoy hablando de Kiefer Sutherland) tras el fin de 24 y tras su periplo europeo-apocalíptico (estoy hablando de Melancolía). Bien, Touch no desentona lo más mínimo con Héroes, Tim Kring sigue manifestando su obsesión por las encrucijadas cósmicas y el niño protagonista es como otro superhéroe inadaptado. Lo que sí que me ha dejado absolutamente descolocado son las sorprendentes sincronías que presenta con Tan fuerte, tan cerca, adaptación del bestseller sobre el 11S que llegará a nuestras pantallas el próximo mes a cargo de Stephen Daldry. Si alguno de vosotros, iluso, pensaba que las heridas del 11S habían cicatrizado, nada más lejos de la realidad. Tim Kring y Stephen Daldry reciben en su consulta a una América todavía en shock, la sientan en su diván, la escuchan en batín y le recetan cábala en píldoras y un poco de confianza en el futuro. Los caminos del Señor (o del destino si uno no cree) son inescrutables. Quizás no sea una locura confundirla con una inesperada continuación de Babel con teléfono móvil como luminoso reemplazo de aquella escopeta que pasaba de Japón a Oriente Próximo y así por todo el globo. No es que mis ganas de seguir con la serie sean muy altas, pero tengo que confesar que si el piloto pretendía emocionar, al menos sabe jugar sus cartas. Por cierto que todo esto del 11S me ha hecho pensar en lo bueno que sería que algún loco reuniera coraje suficiente como para llevar a la pantalla La ciudad de cristal (1985) de Paul Auster en la Nueva York post Torres Gemelas. Sería como colocarnos en el corazón de la platea ante una tragedia milenaria que ha dejado de representarse con cuchillos de atrezzo.

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One Response (Add Your Comment)

  1. Yo era fan de Glee a tope pero la serie pierde la gracia a marchas forzadas y las canciones las meten con calzador.
    Es curioso que usen a Kiefer Sutherland, protagonista de la serie post-11S por excelencia: 24 (encasillado?). También es curioso lo que se parece el poster de la serie al de The Tree of Life.

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