Reseña Lost. 6×11, Happily ever after
abril 7th, 2010 • Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
(por Ibán Manzano)
Érase una vez un escocés borracho que participó en una regata alrededor del mundo para acreditar su honor y merecer la mano de su prometida… este podría ser un impecable (y ortodoxo) arranque para introducir a Desmond, y eso que no hace justicia a otras aportaciones deslumbrantes de su relato, como ese ramalazo kafkiano acerca de un hombre encerrado en el interior de un búnker acorazado de la II Guerra Mundial pulsando un botón bajo el absurdo de creer que está salvando al mundo sólo porque alguien se lo dijo, el summun de la burocracia (interferencia parece ser de El tercer policía de Flann O`Brien, relectura de Carroll según la ¿lógica? del autor de La metamorfosis), o esa imagen de un tipo tan cobarde que prefirió sepultarse bajo tierra en una huida hacia adelante que de tan pusilánime acabó por ser temeraria. Desmond es de todo el espectro de Perdidos uno de los personajes con el arco argumental mejor trabajado, nos ha otorgado algunos de los capítulos más vibrantes de la serie, un minipack de bolsillo del poema homérico, (mi favorito, Vivir juntos, morir solos), un desencantado lamento por la imposibilidad de la memoria por restituir toda felicidad pasada (Destellos ante mis ojos) o su complemento luminoso, celebración del amor, que vaga sin encontrarse alternando plano y contraplano hasta que logra someter las variantes que rigen (y esclavizan) la vida: el tiempo, lo físico… gracias a una llamada telefónica interoceánica y sin roaming (La constante).
Happily ever after es tan autorreferencial como el resto de los flashsideways (o más) pero a cambio evita el cáncer que los lastraba, la autocomplacencia. Desde que Desmond se refleja mágicamente en el panel de llegadas de LAX, se confirma que su personaje, profeta de todo esto (con esas greñas era lógico), privilegiado viajero entre dimensiones, lleva siendo la llave de la historia más o menos desde que giró, de hecho, la llave de la escotilla. Perdidos es una serie hija de su tiempo, no es necesariamente la más retadora (su hermana Fringe, por ejemplo, se muestra habitualmente mucho más desafiante), pero pasará con merecimiento a los anales por su capacidad de construir una entidad trágica (y emocional). Sus protagonistas son propios de una época post-atómica (Jughead en el caso de Perdidos, Hiroshima en nuestro mundo) y post-moderna (Dios ha muerto, aseguraba Nietzsche, tal como sucede a Jacob), donde naufragan al intentar cohesionar una realidad fragmentada, y sobre todo carente de sentido. Sin mitos, estamos condenados a errar, parece decirse.
Y todo este lío sólo tiene una manera ejemplar de acabar, con un… Y, sea en esta vida o en la otra, fueron felices, comieron perdices y se emborracharon a MacCutcheon como si no hubiera un mañana.
(La Semana Santa nos impidió entregar a tiempo la reseña del anterior episodio, pero para el que guste, aquí está)
3 Responses (Add Your Comment)
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No está nada mal ese “arreglo” de los guionistas para unir los dos universos paralelos utilizando a Desmond. Aunque parece que el viajante en el tiempo va a ser un aguafiestas: con lo felices que eran todos (excepto Kate) en ese otro mundo ahora parece que quiere contarles una historia de una isla y un vuelo…
Eso es lo que me temo que el universo alternativo sea la realidad donde todos sean felices aunque en la isla todo acabe trágicamente, espero equivocarme.
, para mí el mejor capítulo de la temporada.
Desmond es un personaje increible, y cuando sale sube el pan en la serie
Y que aprendan de este FlashSideways y se quiten la autocomplacencia de encima.