Se la llevó. El tiburón, el tiburón…
diciembre 17th, 2011 • Sin categoría
(por Ibán Manzano)
Un escualo mecánico espera, sumergido en un recodo del tour por los Estudios Universal, a que el desprevenido visitante se acerque lo suficiente como para arrancarle medio brazo de un mordisco. Réplica autómata para una atracción que transforma en amable material de parque temático una de las cimas del terror de los setenta. Concretamente del verano de 1975. Muchos hitos se concentraron alrededor del estreno de Tiburon de Steven Spielberg. Por primera vez una película era exhibida de manera simultánea en las salas de todo el país, los rasgos que definirían al blockbuster quedaban configurados y al mismo tiempo las playas se vaciaron ante un ataque colectivo de selacofobia (palabra que según Internet designa el miedo irracional a los tiburones).
Phenomena -esa iniciativa consagrada a la recuperación de la sesión doble palomitera- incluye en su programa de esta semana una combinación letal de (¡menudos animalillos!) Tiburón y Alien. En el fondo dos variantes distintas de pesadilla zoofílica. Para ser honestos la segunda es mucho más repugnante: Alien sigue siendo a día de hoy uno de los cuentos de horror que mejor conjura los temores sobre la reproducción. Como bien sabe el selacófilo (palabra que según mi invención describe el amor irracional a los tiburones), Tiburón tampoco se queda atrás. El gran tiburón blanco que busca aguarles el verano a los habitantes de Amity Island fue una puesta al día de los sangrientos sucesos que sacudieron las costas de Nueva Jersey en 1916. La clave estuvo en pulsar (tras multiples idas y venidas con la novela original) los resortes adecuados que hicieron del tiburón protagonista una amenaza perpetua a la civilización. La imagen, casi apocalíptica, del tiburón moribundo, en el extremo de la balsa, rodeado de tablones, barrotes de jaula y demás utensilios, como si de en un vertedero se tratara, frente a tres hombres en caza melvelliana (el universitario, el viejo lobo de mar y el agente de la ley) evoca con mucha precisión el fin de todo-lo-conocido. Aparte de la conexión directa vía banda sonora, no son pocas las secuencias que podrían haber sido planificadas por el mejor Hithcok, como la de la broma acuática o la del primer ataque del tiburón. Psicosis, otra película sobre el fin de las certezas, no queda demasiado lejos.
Volver a ver Tiburón por xx vez (rellene según el caso) es mucho mejor idea que perder el tiempo con esa tontería que todavía se encuentra en algunos de nuestros cines llamada Tiburon 3D: La presa, que de mala que es parece existir sólo para hacer (aún) más divertida por comparación a Piraña 3D, la cual por cierto estrena secuela el verano que viene y previsiblemente contendrá más pirañas, más tetas y más genitales masculinos desgajados. Pero quizás el acontecimiento más importante de la galaxia tiburón este año haya sido la publicación de Memories from Martha’s Vinayard, un exhaustivo recorrido por el rodaje de la localidad en la que se filmó la película. Anécdotas, fotos, entrevistas. Uno de esos imprescindibles que alegran nuestras estanterías.
La sesión de Phenomena guardó una sorpresa más. Entre el público, a apenas tres asientos de mí, estaba sentada la experta sentimental número uno del mundo en el tema tiburones. Ella también a la caza de su ballena blanca.
Eso sí, mi tiburón favorito de todos los tiempos sigue siendo el de The Life Aquatic. Espero que él se acuerde de mí tanto como lo hago yo.
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