Posts Tagged ‘David Lynch’

Party Lynch

(por Ibán Manzano)

Crazy clown time, la canción compuesta e interpretada por David Lynch para su disco homónimo, cuenta desde hace unos días con un indispensable videoclip dirigido por él mismo y que sirve para recordarnos algunas cosas: 1) todo lo que echamos de menos al Lynch cineasta, quien lleva más de un lustro alejado de la gran pantalla desde que en 2006 presentara la radical y catedralicia Inland Empire, 2) todo lo en forma que se encuentra el Lynch realizador de videoclips, quien tiene en su haber joyas como el Shot in the back of the head de Moby y 3) que filmar fiestas decadentes y degeneradas se le sigue dando de miedo. Aprovechamos la ocasión para repasar otras malrolleros veladas de su filmografía:

1) TWIN PEAKS. Hasta donde yo recuerdo, las imágenes de la fiesta que se pegan Laura Palmer y Ronette Pulaski la noche en la que la primera dijo bye bye a este valle de lágrimas no aparecen en Twin Peaks (1990-1991), la serie. Tuvimos que esperar a Twin Peaks: Fuego camina conmigo (1992), la precuela, para poder mirar desde el ojo de la cerradura. De todas maneras, para entonces ya nos habíamos hecho una idea muy precisa de cómo habían sido aquellas últimas horas: una bacanal de depravación en la que la rubia misteriosa caminaba a la pata coja sobre el fino alambre que la separaba del abismo. Algo así como darle la vuelta a ese retrato de antigua reina de la belleza que sonreía con ironía al final de cada capítulo. Y lo peor es que encima aquel horror se las apañaba para lucir fascinante y bello. Como la sonrisa de Laura.

2) TERCIOPELO AZUL (1986). Para ser sinceros, a esta fiesta nunca estuvimos invitados. Ni nosotros, ni Jeffrey Beaumont, el postadolescente al que da vida el actor fetiche de Lynch, el flemático Kyle Maclachlan. Me refiero por supuesto al momento en el que Isabella Rosselini (por aquel entonces perdidamente enamorada de Lynch) tiene un sexo raro, raro, raro con Dennis Hopper y es espiada por Jeffrey desde el interior de un armario. La escena convirtió a Isabella en un icono, a Hopper en uno de los villanos más habituales de las pesadillas de la época y generó además un considerable revuelo. Tampoco es que fuera nada que no hubiéramos visto, pero por algún extraño motivo hay algo en ella que incluso a día de hoy sigue haciendo perturbador a este cuento de hadas para adultos.

3) CARRETERA PERDIDA (1997). Es posible que ya haya hecho alguna referencia antes al tema en este blog, pero por si acaso voy a insistir: David Lynch es el mejor director de terror que existe. Y para muestra un botón: la estremecedora conversación entre un Bill Pullman que no está en su mejor día y un espontáneo con la cara pintada de blanco que bien podría ser el diablo o al menos su amigo más íntimo. Vi Carretera Perdida por primera vez cuando era un quinceañero, solo en casa y a altas horas de la madrugada. ¿Resultado? Canas en el pelo y piel de gallina. Justo es reconocer que este no es el único guateque de la película: los últimos minutos son una orgía de sexo, mentiras y cintas de vídeo en los que no falta ni David Bowie.

4) MULHOLLAND DRIVE (2001). Más que una fiesta, se trata de una actuación. Todavía recuerdo lo solitario que me sentí cuando la Llorona de los Ángeles se desploma sobre el escenario del Club Silencio mientras la música… ¡sigue sonando!. Este es uno de esos casos en los que es mejor no perder el tiempo analizando las razones secretas del hechizo porque, como el resto del metraje, están más allá de cualquier lógica. Penetrar en el interior del Club Silencio es probablemente lo más cerca que estaremos nunca de pasearnos por las catacumbas de eso llamado cinematógrafo. La imagen de Rebekah del Río derrumbada mientras que los altavoces sigue reproduciendo una versión de Llorando, interpretada con tanta pasión que tan sólo unos segundos antes hubiéramos puesto la mano en el fuego porque se trataba de un directo, es quizás la metáfora más poderosa que se ha visto jamás sobre Hollywood: ¡playback!

5) INLAND EMPIRE. Laura Dern y unas cuantas prostitutas de Sunset Boulevard. Una de ellas coja. Tenemos que tratar con especial cariño a los créditos finales de Inland Empire, porque por el momento son lo último que tenemos del Lynch cineasta y eso que en cierto sentido parecen hechos por su peor enemigo: una colección de todos los tics y manías que los críticos menos divertidos han querido reprochar a su obra. Mi teoría es otra, Lynch, consciente de haber entregado su trabajo más exigente, se río de sí mismo y de todos aquellos que le quitan la cara.

BONUS TRACK. Iba a contaros algo sobre la no muy conocida Industrial Symphony No. 1 (1990), pero creo que la sinopsis oficial es mejor que cualquier cosa que se pueda escribir sobre ella en este planeta: Después de que su novio la deje, una mujer sueña con un paisaje industrial y canta canciones de amor y desamor. No dejéis pasar de largo este experimento para televisión en el que Lynch sitúa a los actores de Corazón salvaje (1990) en un escenario del mismo decorador que la habitación roja de Twin Peaks. Sólo un aviso, si lo vuestro con aquella chica se está yendo al garete, mejor dejarlo para otro día. Es posible que estemos delante de lo más desesperanzador que se ha rodado en mucho tiempo sobre el ocaso de cualquier romance.

My week with Laura Palmer

(por Ibán Manzano)

Me enamoré por primera vez a los 6 años. Ella era rubia, tan guapa que hacía verdadero el tópico de que hay bellezas que no son de este mundo, tenía el cuerpo envuelto en un sudario de plástico y… estaba muerta. Supongo que a estas alturas no hacen falta las presentaciones, pero por si acaso: lectores de este humilde blog, cadáver de Laura Palmer; cadáver de Laura Palmer, lectores de este humilde blog. Hoy se cumplen 23 años desde que en la cronología de las serie (fechada en 1989), Pete Martell encontrara el cuerpo sin vida de Laura Palmer. Cabe recordar un dato, Papá Frost y Papá Lynch tenían en mente bautizar con otro nombre que no era el de Laura Palmer a la que acabaría siendo la muerta más famosa de América. Ese otro nombre quizás también os suene de algo: Marilyn Monroe. Años antes de embarcarse en Twin Peaks, la pareja de creadores estuvo a vueltas con Goddess, intento de trasladar a la pantalla grande el calvario que padeció Marilyn en sus últimas horas en este mundo a partir de la biografía de Anthony Summers. Por desgracia los derechos para la adaptación pasaron de largo y el proyecto acabó abandonado en una cuneta. Lynch levantó acta de defunción reconociendo que en cualquier caso estaban condenados al fracaso de antemano: no éramos capaces de captar su belleza, ni tampoco su infinito tormento. Belleza y tormento parecen de hecho dos adjetivos muy apropiados para definir a Laura Palmer, y es que de una manera algo incierta la tragedia de Marilyn acabaría tomando lugar en lo más profundo del bosque de una pequeña localidad maderera de 5.201 habitantes y olor a sicomoro.

Son muchos los parecidos entre la mujer que le cantó el cumpleaños feliz al Presidente y Laura Palmer. Y muchas las diferencias. ¿Un parecido? La última entrada de sus diarios recogía que ambas se estaban planteando revelar la identidad del Mister X que las visitaba de noche. ¿Una diferencia? David Lynch decidió que la muerte de su Laura Palmer sería vía asesinato. Su serie, al menos en las apariencias, sería un whodunit. Pero aunque esa decisión no buscara sugerir que había gato encerrado en el suicidio de Marilyn Monroe, es tentador pensar que involuntariamente Lynch deslizó una idea peligrosa: ¿suicidio? ¿asesinato? ¿realmente hay diferencia? Tanto Marilyn como Laura pertenecen a una estirpe fúnebre de vírgenes que viven fugazmente entre nosotros. Ya sé que no fueron unas santas, pero cuando hablo de vírgenes me refiero a esa pureza que defendía Lux Lisbon, la chica que Jeffrey Eugenides imaginó haciendo el amor sobre el tejado de su casa con cada uno de los jugadores del equipo de rugby antes de dejarse encendido el motor del coche y las puertas del garaje cerradas a cal y canto. Menciono a Lux Lisbon porque de alguna manera comparte el destino fatal de estas novias de la muerte. Las tres son mujeres hermosas, las tres son cadáveres fascinantes que esperan al final del pasillo a capturar nuestra obsesión. Las tres son reinas del instituto y las tres también juguetes rotos que no escaparon de su Norma Jean. Si me ando preguntando si hay alguna diferencia entre el asesinato y el suicidio es porque a las tres se las ha representado (en el caso de Monroe en la versión exaltada del mito) bailando con el más allá, poniéndole el mismo ahínco conque reparten afecto. Hay algo escurridizo en su fragilidad, bella y atormentada como decía Lynch. Parece que conocieran un secreto milenario (custodiado por enanos entre cortinajes rojos) y que fuera imposible compartirlo por ser demasiado triste. Que sólo les quedara una salida: ¡boom! Incluso Laura Palmer, la única de las tres que no se quitó voluntariamente la vida, conocía perfectamente la noche que entre graznidos de lechuzas le llegaría la hora. Y lo curioso es que, según sus amigos, hacía mucho tiempo que no se la veía tan en paz.

Twin Peaks sigue siendo a día de hoy la reelaboración más seductora que existe del enigma Marilyn Monroe. Esta semana estrenan otro aporte a la cuestión, Mi semana con Marilyn. Está protagonizada por Michelle Williams, tiene dos candidaturas al Oscar y tiene un rollo muy mono, pero sinceramente: es para nenazas. Y vosotros no sois nada de eso, ¿verdad? ¿VERDAD?

Ghost World

(por Ibán Manzano)

Hudson Valley, Nueva York: 400 butacas. La imagen que acompaña a este entrada corresponde a un antiguo teatro reconvertido en sala de cine. A día de hoy, un cementerio de animales. La fotografía pertenece a una serie de instantáneas que los chicos de Filmin han recopilado en este enlace, un paisaje de la desolación fílmica. Como ellos mismos afirman, jamás algo tan triste resultó tan bello. Puede que la fascinación que ejercen sobre nosotros este tipo de escenarios esté intimamente ligada a la pulsión por la muerte que tan elocuentemente expresan los espacios abandonados o a ese concepto tan escurridizo que todos aspiran a definir y que nadie consigue atrapar conocido como aura. Las 75 fotografías recorren Estados Unidos de una costa a la otra y trazan un mapa de un ocaso cultural, el de la sesión de cine como auto sacramental desplazado por el centro comercial y la poética de multisalas. Bien es cierto que los centros comerciales, auténticas catedrales del entretenimiento -en el 2011 más bien parques temáticos de extrarradio-, también han cedido ante los portátiles y sus nuevos modelos de consumo en solitario.

Se nos suele recordar que pertenecemos a la generación que más ficciones ha tenido la oportunidad de consumir, pero el acto colectivo de disfrutarlas en comunión en la oscuridad de un pase de tarde -con todo lo que ello supone para modelar conductas sociales y molestar al vecino con el masticado de palomitas- ha ido diluyéndose hasta perder su razón de ser. Hace no mucho escribí un post sobre Good bye, Dragon Inn!, que por si aquellas palabras no fueron suficiente para abriros el apetito, vuelvo a insistir otra vez: VEDLA. En ella, Tsai Ming-Liang rinde tributo a los viejos cines de barrio, casi una tesis fílmica que documenta todos estos temas de los que estamos tratando. Por proximidad cultural, es posible sin embargo que estos teatros dejados de la mano de dios nos recuerden más a La última película de Peter Bogdanovich, que a través de una aproximación nostálgica y con olor a rancho texano habla de lo mismo, de fantasmas. Con todo, es mejor no llorar demasiado. Los nuevos modelos de consumo han puesto punto y final a una manera de entender el cine como hito cultural, pero también han abierto un horizonte de posibilidades a nuevas olas de cineastas dispuestos a escribir sus propias gramáticas de la imagen. Me refiero a eso de hacer una peli surcoreana de vampiros con un iPhone y tal (lloro desconsoladamente por la desaparición del mío). Probablemente esos cineastas por venir acaben reconociendo la deuda que tienen con David Lynch, que mientras los teóricos se perdían en disquisiciones improductivas sobre pautas de consumo, él ya intuyó el nuevo tablero de juego. Hablamos de un tipo que en Mulholland Drive pronosticó el fin del cine el uso, con su crimen en el corazón del sistema de estudios. Pero su gran contribución sigue siendo Inland Empire, una película nacida con vocación de experimentar con todas las ramas del lenguaje digital, y que no por nada desplazaba el misterio sobre el que se articulaba de Hollywood a su periferia, en concreto, de un remake a su original polaco, un viejo film de terror cuya versión americana se revelaba una tarea imposible.

Breve y última acotación, tuve la oportunidad de disfrutar Inland Empire en una vieja sala de Madrid que por entonces resistía. A día de hoy, me cuentan que es un Zara. Danza macabra.

El año que vivimos peligrosamente (II)

(por Ibán Manzano)

Continuemos recordando los grandes hitos de este año en el que aprendimos a vivir peligrosamente:

5) Tarkovsky. El estreno en 2002 de Solaris de Steven Soderbergh confirmaba que un blockbuster que publicitara el trasero de George Clooney no era exactamente la mejor forma de hacer justicia a Andrei Tarkovsky. Lo que nadie esperaba es que 8 años después en cambio sí lo fuera otro blockbuster de acción comandado por Leonardo DiCaprio. Inspirado  de manera oficiosa en el Paprika del malogrado Satoshi Kon (este, uno de los titulares más tristes que nos ha legado el año), el núcleo duro de Origen consistía en un tarkovskiano drama de ciencia-ficción (Solaris de nuevo, pero también Stalker) disimulado bajo el magma de un atrofiado megaespectáculo hollywodiense. También en Fringe, serie que cada temporada eleva el nivel de su excelencia, el aliento de Tarkovsky se ha dejado notar en cada uno de sus universos alternativos. Por ejemplo, y van spoilers, en ese padre desolado que invoca el reflejo de un hijo muerto o en el hijo muerto enamorándose de una mujer que no es sino mero simulacro de su amor verdadero.

6) Dos obras maestras de 2009… en 2010. Sins entido editó en nuestro país un año después de que viera la luz en el suyo Asterios Polyp, de igual manera que Norma puso punto y final a Pluto de Naoki Urasawa meses más tarde de que finalizara en Japón. Sobre la primera ya os hablamos aquí y sobre la segunda apuntar que se trata de otro trabajo inmortal de su creador, sólo inferior a Monster y 20th Century Boys en el sentido de que estas eran insuperables. Naoki Urasawa se atreve a enmendarle la plana al mismísimo Osamu Tezuka. El placer de leer un manga en el que el mayor artista vivo del medio canibaliza al padre fundador del mismo es difícil de condensar en palabras. Sobre todo porque Urasawa no se ha limitado a una simple revisión, ha interiorizado a Tezuka, poniendo todo su lápiz y trueno al servicio de la furia de Astroboy. En cualquier caso, tengo la impresión de que cualquier persona que llegue a su final le pasará lo mismo que a mí, llorará como un robot de I.A. superior.

7) Música del ayer para el mañana. Happiness de Hurts (la electrónica elegante según los anuncios de Spotify), algunas canciones de Surfing the void de The Klaxons o Halcyon Digest de Deerhunter se cuentan sin dificultad entre lo mejor de 2010. Aunque, por supuesto, la palma se la lleva Arcade Fire y su The Suburbs. Si por lo demás algo tienen en común todos estos discos es por su necesidad de poner música a los temas de siempre (el desencanto de la madurez en el caso de los canadienses) a través de sonidos de futuro. Arcade Fire llevó la apuesta más lejos que ninguno al proponernos un videoclip interactivo que aprovechaba las bondades del HTML para construir una épica individual al servicio de cada oyente. Luego están los casos de David Lynch o del Senior de Royksopp, ambos trabajos iluminan el camino por que el se desplazarán próximamente las nuevas tendencias sonoras. Directamente, son ciencia-ficción musical.

Y hasta aquí podemos leer. El resto de del 2010, en este enlace.

Lynchazos electrónicos

(por Ibán Manzano)

Si acostumbras a seguirle de cerca, no te habrá sorprendido lo más mínimo que David Lynch se haya sumado a la última ola de electrónica industrial que arrasa en las pistas de baile con el reciente lanzamiento de dos oscurísimos singles. El proyecto Dark night of the soul, en el que no hace mucho se involucró (aquí podéis escuchar algo), ya sentó precedente. De igual manera que también hace unos años, el cineasta norteamericano afrontó prácticamente en solitario la composición de la banda sonora de su último largometraje para la pantalla, INLAND EMPIRE. Tanto en este afortunado trabajo, en el que dio forma musical a la nueva sinfonía de un cine digital en proceso de escritura, como en su reciente aportación a la electrónica dance, Lynch parece canalizar las inquietudes que vertebran sus imágenes mediante un perverso uso de sintetizadores: universos tenebrosos, atmósferas lúgubres, existencial agonía postgótica y, no menos importantes, desgarradores estallidos de luz a tientas en las tinieblas. A todo ello le añade, como condimento exquisito y diferenciador, enrarecidas distorsiones en las voces principales, lo que se puede leer como la traducción sonora de las figuras que su cámara phantom deformaba espectralmente para INLAND EMPIRE.

En un suculento contenido extra de la Definitive Gold Box edition de Twin Peaks, su apreciadísimo Angelo Badalamenti repasaba desde la más profunda emoción el proceso creativo que lo condujo a una de las más intensas melodías de la historia de la televisión. Badalamenti reproduce el diálogo que para ello tuvo con David Lynch. En el mismo queda claro el peso que el cineasta tuvo en la inspiración del músico, Lynch lo hizo partícipe de un secreto estado de ánimo. Imagina un bosque oscuro, con la luna, ruidos de animales de fondo… y allí una joven hermosa, increíblemente bella pero que camina irreversiblemente hacia lo más profundo del bosque. Sin poder evitarlo. Es el misterio oculto de su cine, de su música. Y, en breve, además lo pincharán en el Panorama de Berlín.

P.D. Su música está haciendo (aún) más agradables las lecturas de los miércoles literarios (sé que es jueves) de Vice.

Envuelto en terciopelo

(por Ibán Manzano)

Luchó mucho, soñó en grande, y así veía al cine, en grande, (David Lynch sobre Dino De Laurentiis)

Es 1981, se está celebrando la ceremonia de entrega de los Oscar de 1980, Dino De Laurentiis se aproxima a David Lynch para establecer una primera toma de contacto: está convencido de que el responsable de El Hombre Elefante es la persona idónea para reemplazar a Ridley Scott al frente del siempre aplazado rodaje del Dune de Frank Herbert. La ocurrencia de encomendarse a David Lynch como tabla de salvación no es suya, sino de su hija Rafaella, que tras el visionado de El Hombre Elefante cree haber detectado en Lynch a un clásico contemporáneo. El cineasta acepta, pero impone una condición -quizás bajo la intuición de que no estará cómodo en una producción con más de 700 técnicos-, se le financiará una segunda película sobre la que, esta vez sí, poseerá control creativo pleno.

Sobra decir que ni De Laurentiis, ni tampoco su hija habían visto por aquel entonces Cabeza borradora, por lo que difícilmente podían comprender la salvaje personalidad artística de Lynch. El choque de modos de entender el cine no se hace esperar, eso y un rodaje que avanza entre contratiempos convierten la producción en una infernal travesía por el desierto. Dino De Laurentiis concentra todos sus medios, que no son pocos (47 millones, un holgado presupuesto para la época) en obtener la respuesta madura a la épica adolescente de La guerra de las galaxias. Sin embargo, fracasa. Ni la taquilla, ni la crítica responden como se esperaba, la cinta pasa a integrar la lista de los naufragios-más-sonados-de-la-historia-de-cine. Como contrapartida, Dune envejece como una joya de culto, con su poética de ciencia-ficción absolutamente desquiciada e intratable, un sugestivo maridaje entre la aventura de gran espectáculo que garantiza De Laurentiis y el genio bizarro que logra imprimir a duras penas Lynch a las imágenes. Un Lynch que es apartado de la edición final de la película, ninguneado hasta el punto de que rechaza incluir su nombre en los créditos del remontaje para televisión.

Pese a todo, David Lynch, que acudió el pasado lunes al funeral por Dino De Laurentiis, tuvo palabras de elogio para el productor. Es lógico. El prometido trabajo que rodó a continuación con el apoyo de De Laurentiis y que le compensó el desagravio fue Terciopelo Azul. Uno de esos largometrajes con el raro privilegio de transportarnos a otros mundos. Menudo regalazo.

Lynchazos. Homenaje para Twin Peaks

(por Ibán Manzano)

Psych, una serie que hasta hoy sólo conocía por estar co-protagonizada por el repelente Charlie Young, assistant del Presidente Barlett en el Ala Oeste de la Casa Blanca, ha tenido una idea absolutamente demencial: rendir pleitesía al 20 aniversario de Twin Peaks con un capítulo homenaje en el que recuperará a gran parte del elenco de la serie. El argumento se desarrollará en un trasunto cómico de Twin Peaks, Dual Spires, localidad rural en la que ha sido asesinada una alumna del instituto (ejem) y participarán de él Sheryl Lee (Laura Palmer), Sherilyn Fenn (Audrey Horne AKA lo-sexy-que-pueden-resultar-unas-cerezas-en-una-boca-convenientemente-juguetona) o Ray Wayse (Leland Palmer) entre otros.

La cuestión es la siguiente, teniendo en cuenta que toda la ficción catódica contemporánea no se entiende sin la serie creada en 1990 por David Lynch y Mark Frost, ¿a nadie más se le va a pasar por la cabeza celebrar la efeméride con algún tipo de pirotécnico capítulo especial? La conclusión de Perdidos nos priva de un contenedor privilegiado para ello, hubiera sido fantástico descubrir a Lady Leño despachando con Jacob asuntos del más allá en su cabaña. Aunque ahora que lo pienso, ¿No pasó ya eso en la cuarta temporada? Copiando la idea de la Fox, que hace unos meses reverenció a Los Simpson con pequeños guiños en todas las series de la casa, no estaría de más que el espectro televisivo al completo hiciera lo propio: el manco de stripper en Marlotte’s y la logia negra como un caso archivado de los años de Harvard de Walter Bishop, por ejemplo. La influyente serie, sin embargo, ha sido ya objeto de multitud de homenajes, ¿quién no recuerda la excelente parodia de la habitación roja que se marcaron precisamente en Los Simpson? Si no es así, la puedes encontrar aquí arriba. Y si es todo lo contrario, póntela igualmente o revisa Twin Peaks desde cero, es probable que tras ello nunca más quieras regresar de ese lugar, el Agente Cooper dixit, en el que la luz ámbar significa más despacio en lugar de más aprisa.

PER-TUR-BA-DOS!

Audition (Takashi Miike)(Por Ibán Manzano)

Los responsables del portal británico Total Film han elaborado una lista que contiene las que, siempre bajo su criterio, son las películas más perturbadoras que se han rodado nunca; un conjunto heterogéneo que alberga propuestas inquietantes de diversas latitudes -España incluida- y que revela a Takashi Miike y a David Lynch -los únicos que repiten- como los dos cineastas en activo más dotados para provocarnos náuseas. Nada que no supiéramos. La selección incluye Audition y Visitor Q del primero, y Cabeza borradora y Terciopelo azul del segundo, pero bien podrían haberse intercambiado por cualquier otra inquietante joya de la filmografía de ambos. Si algo comparten los dos cineastas es su potente capacidad expresiva para las atmósferas escalofriantes, Miike a partir de materiales ajenos se ha movido como un camaleón a lo largo de su dilatada trayectoria marcada por los cambios de piel pero también por el mínimo común múltiplo exigido a sus trabajos, una intensa carga de desasosiego ante la que el espectador no logra practicar el arte de la indiferencia. De David Lynch podríamos afirmar que se trata del director de terror no acreditado más terrorífico que existe. Si alguien no nos cree que apague las luces, baje las persianas y se revise los primeros 20 minutos de Carretera Perdida. Me juego el brazo a que no encuentra una snuff movie comparable.

El artículo también incluye una selección de sickest scenes repletas de canibalismo, bebés deformes, sexo entre criaturas y otras lindezas a las que merece la pena echar un ojo. La más sórdida, por supuesto, corresponde a Antichrist. Charlotte Gainsbourg ataca a los genitales de su marido Willem Dafoe y se masturba mientras este eyacula sangre. Sí, parece que Lars Von Trier no tenía lo que se llama un buen día.

(Vía Universo David Lynch// La lista completa)

1. “El exorcista” (“The Exorcist”, 1973), de William Friedkin
2. “Threads” (“Threads”, 1984), de Mick Jackson
3. “Audition” (“Ôdishon”, 1999), de Takashi Miike
4. “Eraserhead” (1977), de David Lynch
5. “Tras el cristal” (1987), de Agustí Villaronga
6. “Holocausto caníbal” (“Cannibal Holocaust”, 1980), de Ruggiero Deodato
7. “Saló, o los 120 días de Sodoma” (“Salò o le 120 giornate di Sodoma”, 1975), de Pier Paolo Pasolini
8. “Visitor Q” (“Bizita Q”, 2001), de Takashi Miike
9. “Funny Games” (“Funny Games”, 1997), de Michael Haneke
10. “Felicidad” (“Happiness”, 1998), de Todd Solondz
11. “I Spit On Your Grave” (1978), de Meir Zarchi
12. “Men Behind The Sun” (“Hei tai yang 731″, 1988), de Tun Fei Mou
13. “Nekromantik” (1987), de Jörg Buttgereit
14. “Irréversible” (2002), de Gaspar Noé
15. “La última casa a la izquierda” (“The Last House On The Left”, 1972), de Wes Craven
16. “Flowers Of Flesh And Blood” (“Ginî piggu 2: Chiniku no hana”, 1985), de Hideshi Hino
17. “La naranja mecánica” (“A Clockwork Orange”, 1971), de Stanley Kubrick
18. “The Human Centipede” (2010), de Tom Six
19. “Aftermath” (1994), de Nacho Cerdà
20. “Begotten” (1991), de E. Elias Merhige
21. “Sucedió cerca de su casa” (“C’est arrivé près de chez vous”, 1992), de Rémy Belvaux y André Bonzel
22. “Martyrs” (2008), de Pascal Laugier
23. “Shivers” (1975), de David Cronenberg
24. “Terciopelo azul” (“Blue Velvet”, 1986), de David Lynch
25. “Anticristo” (“Antichrist”, 2009), de Lars von Trier

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