Posts Tagged ‘Douglas Sirk’

I’m not there: Excursión por Dylan sin GPS

I'm not there: 6 dylans

(por Antonio Gandiaga)

La gente me está viendo a diario.
Y no pueden recordar cómo han de comportarse.
Tienen la cabeza llena de grandes ideas.
Tienen una imagen distorsionada de la realidad.

[Bob Dylan. Idiot Wind]

Genio y figura. Artista irrepetible, ¿persona insoportable? Poeta del pueblo, iluminado creador de Highway 61 Revisited, ridícula vieja gloria que firma Saved!. De Bob Dylan no se podía hacer el clásico biopic con músico maldito y torturado por el amor y las adicciones, y que nos siguen repitiendo hasta la extenuación. Para acaparar el alcance creativo y personal del ciudadano Robert Zimmerman, había que proponer algo más radical, irremediablemente irregular, pero vivo.

Y eso lo sabía perfectamente Todd Haynes, al que su más que probable desconocimiento de los universos pretéritos que reconstruye no le resta brillantez. Ahí está esa resurrección del cine de Douglas Sirk llamada Lejos del cielo. En I’m not there, el cineasta entiende que la única manera de traernos a la pantalla muchas (ojo, no todas) de las realidades Dylan era repetir el mismo método que Fellini usó para su inmortal Ocho y medio. Esto es, la deconstrucción del yo en diferentes espacios, ya sean de orden onírico, geográfico o mitológico.

La excursión dylaniana transita por los lugares y objetos que se le asocian. Escuchamos su música, interpretada por otros y por él mismo, asistimos a momentos de su vida que alguna vez nos contaron; y en definitiva somos testigos de una realidad huidiza, que solo es una certeza al final, cuando el propio Dylan irrumpe en escena con su armónica, para dar paso posteriormente al estallido Like a rolling stone, que suena durante los créditos.

La duda sigue ahí. ¿Quién demonios es Bob Dylan? ¿Woody Guthrie? ¿Arthur Rimbaud? ¿Billy The Kid? ¿El quinto Beatle? Mientras, parece que Zimmerman sigue por la Tierra, y lo último que nos ha dejado es un disco de villancicos sin dobleces, una detención por parecer un mendigo, una sentida actuación ante Obama y lo mejor de todo, la posibilidad de un GPS en el que su voz nos guiaría. Esa sí que sería su obra maestra, la que cambiaría todo.

Después de ver I’m not there seguimos sin tener certezas, incluso hay más dudas. Pero tal vez sea precisamente por eso, que tanto en la película como en el personaje al que trata de acercarse, hay tanta humanidad como fascinación.

[ Esta semana hay dos alternativas fuertes en la cartelera. Una es I'm not there. La otra, que no nombraré, es la enésima repetición del relato del individuo que aparenta ser lo que no es. Yo tendría clara la elección.]

Crítica: Un hombre soltero

Julianne Moore y Colin Firth en A single man(por Ibán Manzano)

Colocándose frente al espejo del melodrama sirkasiano, ya de por sí un espejismo del melodrama en general que manejaba todas las convenciones de dicho género para desvelar la miseria que sus afectados colores escondían, Todd Haynes (del que por fin podemos ver su poliédrica I´m not there en los cines y del que también se ha anunciado que adaptará ¡Mildred Pierce! de ¡James M. Cain! con ¡Kate Winlset! para la ¡HBO!) consiguió con Lejos del cielo un improbable caso de homenaje, parodia y actualización a la sensibilidad del nuevo milenio de la mirada del director de Imitación a la vida, manteniendo los mismos registros éticos, estéticos y morales; acaso porque la mediocridad sigue igualmente arraigada en nuestros días. La presencia también de Julianne Moore como miembro esencial en el reparto de Un hombre soltero (paradójica elección de este colaborador para San Valentín) parece funcionar como elocuente pista con la que esclarecer lo que oculta el, a su vez, amanerado drama con el que Tom Ford debuta tras las cámaras. Ford utiliza una de las aportaciones de la película de Haynes, la problemática de la homosexualidad en un contexto, finales de los 50, que jamás trató el tema, para probar a imaginar, en otro contexto, el de la volcánica y paranoica crisis de los misiles, un cierto tipo de cine gay, con las claves de entonces, que en realidad nunca se dio.

Aunque haya sometido a cuestionables variaciones a la novela homónima de Christopher Isherwood, Ford ha mantenido aquello en lo que fue pionera, la tragedia de un hombre que se enfrenta a la muerte de su novio tanto en clave universal, las mismas preguntas que nos hacemos todos, como particular, una sensiblidad especial, plenamente gay. Ford ha ejercido de esteta, pero es que la historia lo pedía a gritos. A saber, montaje abrupto pseudo-intelectual, equilibrados colores pastel, música inmersiva (a lo Philip Glass) para construir una idisioncrasia homosexual filtrada siempre por la mirada desplazada e hiperperceptiva de un tremebundo Colin Firth. En el mismo 2002 Julianne Moore también se sumó al elenco de Las Horas, colección coral de miniaturas a lo largo de una jornada en la que varios personajes (gays) buscaban en la mediocridad del instante algún tipo de epifanía. Una tarta (más bien su elaboración) era la metáfora gastronómica que lo decía todo. En Un hombre soltero son los torsos de un modelo español de lujo y de un ex-chico Skins los que ofician de voluptuosa guía hacia una misma revelación final. Cuestión de gustos, supongo.

About us