Posts Tagged ‘Dr. Manhattan’
Super Zack
octubre 5th, 2010 • 4 comments Coming soon!, Superhéroes
Tags: 300, Bryan Singer, Dr. Manhattan, Mark Millar, Superman, Watchmen, Zack Snyder
(por Ibán Manzano)
Reflotar a Superman está resultado una tarea que ni con el músculo de un centenar de hombres de acero. Warner acaba de poner fin a años de especulaciones escogiendo como puntal de lanza a Zack Snyder. La decisión parece estar tomada en base a los dos trabajos anteriores del realizador, 300 y Watchmen, con los que Snyder materializó todas las posibilidades del tebeo postmoderno en cine tras el Sin City de Frank Miller.
Ambas experiencias le han supuesto la oportunidad idónea en calidad de campo de pruebas para prepararse para lo que el mismo Snyder debe considerar con toda solemnidad su obra maestra, la adaptación definitiva de Superman. Después de todo, no olvidemos que Watchmen ya ofrecía un émulo de Superman: el Dr. Manhattan -en los términos de un Dios padre que contemplaba desde un altar cósmico a una humanidad descarriada se escenificaba una de las secuencias clave de la subvalorada versión de Bryan Singer, los mismos en los que el Dr. Manhattan escapaba a Marte dando la espalda a sus ex-congéneres en el detonante de Watchmen-. Cometería un error de calado la Warner si ignorara el laborioso proceso que le está costando resetear la franquicia, Superman merece que todas las ideas que han sido abandonadas por el camino sumen en el resultado final. En este sentido, hay que recordar la apuesta de Mark Millar que pretendía llevar a cabo una trilogía a imagen y semejanza, en cuanto a épica, de El Padrino. A estas alturas está claro que se le fue la fuerza por la boca, pero por todos los santos, ¿no hubiera sido una bendita locura?
Crítica: Shutter Island
marzo 25th, 2010 • 5 comments Sin categoría
Tags: Dennis Lehane, Dr. Manhattan, Leonardo DiCaprio, Mark Ruffalo, Martin Scorsese, Michelle Williams, Shutter Island, Slavoj Žižek, Watchmen
(por Ibán Manzano)
Contiene spoilers… avisados quedáis.
Visionar Shutter Island tras haber leído el original de Dennis Lehane es una experiencia, cuanto menos, irritante. Conociendo de antemano la trampa del guión, la película parece quedar reducida a un acumulado de pistas sobre-explicadas con dirección a ese resorte que hará virar la trama en el último cuarto de hora. Señalaba mi compañero Idir Mesián, en su imprescindible reseña de la cinta, que el último Scorsese no era tanto una película sobre la locura, sino sobre cómo se construía esta. Da en el clavo. Y aquí es donde esa desconcertante apariencia de parodia que presenta se carga de su sentido.
Hay dos referentes en cuyo cruce parece dilucidarse la apuesta del cineasta de Malas Calles, las series b de Lewis Newton (por la vía anabolizada) y Hitchcock, aunque más de algún respetable crítico reniegue de esta última presencia. Empecemos por la segunda. Scorsese otorga al faro que recoge el clímax final una nada casual similar impronta a la de la iglesia de Vértigo. Defendía Slavoj Žižek que en la segunda mitad de Vértigo, Scottie en su condenado-al-fracaso intento por recrear el fantasma de su amada Madeleine sólo hacía que resaltar la imposibilidad de todo relato por reconstruir una felicidad pasada. Las narraciones, en definitiva, no serían más que el muro de contención, por descontado fallido, para limitar la marejada de fondo, las pesadillas. De igual manera Teddy, el protagonista de Shutter Island, habría edificado sobre el exceso una alambicada y paranoica cinta de serie b para escapar de su propio horror, que además es uno colectivo. Tras la II Guerra Mundial y la Bomba de Hidrógeno la locura atómica parece el único estado de reconocimiento psíquico común. El discurso coetáneo como bien aventuraba el Dr. Manhattan de Watchmen es por definición fracturado. En términos psiquiátricos, trastorno esquizoide de la personalidad.
Fernando Trueba quiere que los Reyes Magos os traigan muchas cosas (apresuradas reflexiones superheroícas)
enero 5th, 2010 • 8 comments Sin categoría
Tags: Brian Singer, Dr. Manhattan, El regreso del Caballero Oscuro, Fernando Trueba, Superman, Umberto Eco, Watchmen
(escrito por Ibán Manzano)
5 de enero, La Cárcel de Papel se ha hecho eco esta mañana del siguiente extracto de la entrevista a Fernando Trueba publicada en La Contra de La Vanguardia:
P.- Buscamos la ejemplaridad perdida.
R.- Y no la hallaremos sin la épica. Pero hoy no tenemos héroes, sino superhéroes, que son todo lo contrario de la épica.
P.- ¿Superman no es un personaje épico?
R.- Un superhéroe es un imbécil vestido de forma estrafalaria, un fracaso de la ficción.
P.- Si los efectos especiales son buenos…
R.- Serán lo que sean, pero no son cine. El superhéroe carece de aliento épico, de grandeza: es fruto barato de esta época sin héroes pero con supergilipollas con superpoderes.
P.- A ratitos son humanos…
¡Sandeces! Un héroe de verdad es un cínico capaz de tragarse hasta su propio cinismo para jugárselo todo en un instante por los demás sin esperar nada a cambio.
Antes de reaccionar fulminantemente ( Trueba no sabe de lo que habla, Trueba desprecia el legado del superhéroe en la cultura popular, Trueba no aprecia cómo las fluctuaciones a las que se ha sometido la proteica figura de este desplazan una tradición mítica al interior de un producto de consumo que no hace más que sistematizar las ansiedades modernas, etc) seamos justos: Trueba no yerra en el diagnóstico, carecemos de épica. ¿Para qué queremos superhéroes si ya tenemos héroes?, ¿es a consecuencia de la necesidad actual por inflamar toda mitología? Si un superhéroe es la versión superlativa de un héroe, ¿no lo aproxima en demasía a la hipertrofia, a la caricatura?, ¿no es eso de la fuerza estratosférica, la velocidad hiperbólica, un tanto… burdo?, ¿es por ello que el alter ego de Superman para compensar parece salido de una screwball comedy?
La respuesta más evidente es que el superhéroe es una deidad para una época sin creencias, dioses de un Olimpo consumista de usar y tirar. El Superman de Brian Singer se evadía de la órbita terrestre sólo para divisar desde la ecuanimidad que le permitía esa distancia kilométrica la vida humana, tan insignificante ella. El Dr. Manhattan, su equivalente en Watchmen, en cambio, se refugiaba en Marte precisamente para no ser confundido con un dios nuclear (Dios existe. Y es americano, recordad). Entonces, ¿puede que Watchmen y El regreso del Caballero Oscuro, que apuntaban a humanizar al superhéroe, todo hay que decirlo, con estrategias opuestas, eran de hecho intentos de cargar su hercúlea figura de anchura trágica? Pero lo esencial es ¿puede una mitología de consumo albergar épica o no es más que la sublimación de un fracaso, envidia de pene?¿Mucho brazo-de-acero-levanta-muros-de-hormigón y poca esencia? Yo, la verdad, no tengo ni idea. Convendría (re)leerse el ensayo de Umberto Eco sobre los superhéroes o echar la vista atrás a esas 2 obras que sacudieron el arquetipo con consecuencias galvánicas. La próxima semana, por cierto, se estrena el Sherlock Homes de Guy Ritchie, que somete a 2 personajes icónicos bajo las maniobras del blockbuster de superhéroes. Con toneladas de estilo. De seguir así, el año que viene, por estas fechas, se estrenará una cinta familiar en la que tres guerreros maravillosos venidos de Oriente salvarán al mundo de su Apocalipsis: Gaspar dominará la esgrima, Melchor dispondrá de un arsenal de gadgets con los que forzar puertas y doncellas y Baltasar liberará tus chakras gracias a las más complejas técnicas de meditación trascendental. Y, oye, que me muero de ganas por verla. ¡Qué os traigan muchas cosas los Reyes, superhéroes!
Reseña Lost, 5×14: The Variable
julio 3rd, 2009 • Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: Dr. Manhattan, Lost, The Variable
Lo confieso: este artículo es tan inservible como el galimatías de funciones, derivadas y ecuaciones que Daniel Faraday ha ido recopilando aceleradamente en su moleskine de bolsillo. También es igual de frustrante que dicho cuaderno negro, carta de navegación por los senderos del tiempo, mapa impreciso para la desmemoria que se revela insuficiente para darle gato por liebre al hado. Faraday guarda un apurado parecido con el Dr. Manhattan, otro físico que se descubría relojero en unos días en los que el tiempo es un indómito potro desbocado. Los 2 han gastado sus noches en admirar (y concebir) mecanismos, laberínticas fórmulas en el caso de Faraday, engranajes de aleación química en Marte, en el caso del plutónico superhéroe. Mecanismos que, a más perfectos, más fríos. Y en el vórtice ante el que se encuentra, Faraday se saca un conejo de su chistera y descubre que ha pasado por alto que la libertad humana es la única variable tan arrogantemente inconsciente como para querer jugársela al destino.
A muchos la cosa les resultará obvia. Pero, a veces, al tipo más superdotado hay que ilustrarle sobre el poder detonante de un milagro. Y si de detonaciones hablamos, ¿qué mejor que el potencial de una bomba de Hidrógeno? La Isla como Hiroshima. Tábula Rasa. Por eso este post no vale de nada, es autocombustible y escriba lo que escriba sólo será un paso en falso, una relación de grandes palabras: tiempo, mito, tragedia… que en cuanto alguien estornude cerca de Jughead pasarán a ser cadáveres instantáneos (y exquisitos). Porque de eso se trata. Una bomba siempre lleva en sus entrañas un detonador con un reloj cuenta atrás. Y todo reloj hace tic, tac. Y lo único que se me ocurre que también hace tic, tac, es, en efecto, el latido de un corazón a toda marcha: como el de una esposa que acaba de recibir la buena nueva de que ninguna bala le ha birlado a su marido, o como el de un pirado greñoso recordando que su madre, pese a las apariencias, le quiere con locura. Lo más reseñable de este episodio es el estremecimiento que sacuide a Eloise Hawking al admitir que por 1ª vez no tiene ni la menor idea de hacia donde se encamina todo esto. El cuaderno nuevamente en blanco, igual que este post, al que sólo le queda agregar: benditos sean los olvidadizos pues viven cada amor con la intensidad del primero.


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