Posts Tagged ‘Edgard P. Jacobs’

Tintín meets Lovecraft

(por Ibán Manzano)

Mirad, qué increíblemente bellas son estas portadas. Esta primera recuerda poderosamente a Tintín en el Tíbet, sólo que en lugar de la consabida cordillera asiática tenemos un promontorio de la locura que amenaza con arrastrar a nuestro protagonista fuera de los márgenes de su propia estabilidad mental. Murray Groat, ilustrador, se ha planteado cómo se movería Tintín en un relato de H.P. Lovecraft. Para ser justos, Edgar P. Jacobs ya hizo algo parecido, el heredero natural de Hergé adaptó su legado a un presente postatómico y desestructurado en Blake & Mortimer: recogió la épica aventurera de Tintín y la desplegó en un imprevisible escenario de ciencia-ficción desquiciada con apuntes de terror y enriquecida por recursos policiacos (el factor Arthur Conan Doyle). Para ejemplo, Norma editó hace unos meses la primera parte (de 3) de La maldición de los 30 denarios, que aunque ya no está escrita por P. Jacobs supone otra continuación en sintonía con su trabajo. El argumento, un delirio que haría las delicias de J. J. Benítez se atreve a sugerir la posibilidad de un Judas Iscariote que se las ha apañado para permanecer con vida hasta los años 50. Para que luego digan de La última tentación de Cristo de Scorsese. Es verdad que este planteamiento no es estrictamente lovecraftiano (en este sentido, mucho mejor El santuario de Godwana), pero dice mucho acerca de la madurez de una saga, que más allá de Jacobs, se atreve con prácticamente todo. Puede que ese sea el motivo principal por el que la adaptación de La marca amarilla de Álex de la Iglesia me apetezca infinitamente más que la de El secreto del unicornio de Spielberg. Por eso y por las horribles imágenes que han salido últimamente del Capitán Haddock.

S.O.S. Meteoritos: Mortimer en Paris

Blake & Mortimer en S.O.S Meteoritos

En paralelo al discurrir de la Guerra Fría, las publicaciones de Blake & Mortimer esbozaron una suerte de reducción gráfica de la misma, que glosó para el arte popular las tensiones de aquellos años. S.O.S. Meteoritos recoge un logro que merece figurar en una eventual lista de los hallazgos esenciales de Edgar P. Jacobs y que ilustra lo que para la salud mental tuvo que suponer el vivir bajo el yugo de 2 meganaciones que se amenazaban con pulsar un nada generoso botón rojo: el capitán Blake atraviesa en bólido una París desquiciada, de parisinos dementes y en estado de irritante felicidad, algunos en regresión a la infancia, otros majaras y otros más creyéndose Napoleón ante Egipto. Resume también el mecanismo de la saga Blake & Mortimer, una premisa policíaca, o del género de espías, deriva en una explicación filofantástica que siempre estuvo ahí. Para entendernos, mejor recurrir a la Bomba Atómica. Ya Watchmen, en su esencial episodio El relojero se planteaba una cuestión de alcance similar, tras Hiroshima la lógica no soluciona ningún enigma. A partir de un enunciado holmesiano, Blake & Mortimer, ratifican el naufragio de la razón en las aguas enturbiadas por el horror gangrenoso de Nagasaki. Este álbum, que demuestra que del cambio climático ya se hablaba antes de Al Gore, y además sin el plomazo de DiCaprio, asevera algo cardinal: Conan Doyle, de seguir en activo, escribiría ciencia-ficción.

El enigma de la Atlántida. Secuela para Critias

Blake & Mortimer en El enigma de la Atlantida

El Congo, la América de Al Capone, el país de los Soviets, el del oro negro, incluso… ¡la Luna! Tintín no se dejó ninguna puesta de sol por fotografiar, aunque es verdad que jamás puso sus piececitos en polvorosa sobre el sumergido territorio de la Atlántida. En cambio, Edgard P. Jacobs, discípulo de Hergé, sí llevó a tan mitológico continente a sus personajes Blake & Mortirmer, herederos naturales de Tintín, con el que se les suele comparar, algo que mejor evitar: ya se sabe, las comparaciones son odiosas, y ambos aventureros merecen suerte aparte. El álbum en cuestión es El enigma de la Atlántida, en el que Blake & Mortimer descubren en viaje al centro de la Tierra, un mundo subterráneo, la antigua civilización a la que aludía Platón. Allí viven una y mil aventuras contra su archienemigo el conde Orlik (y su equivalente atlante, Magón) acompañados del apuesto príncipe Icaro (hermano inconfeso del Namor de Stan Lee) en un universo fantástico (en la doble acepción del término) que parece derramarse sobre el papel como sí la Línea clara estuviera somatizando el Mongo en el que Alex Raymond imaginó las andanzas de Flash Gordon. P. Jacobs cierra la historia con la sugerencia de que Blake & Mortimer guarden silencio sobre lo que han descubierto, total nadie les va a creer (un recurso no muy distinto del lavado de memoria de Vuelo 714 para Sydney) y con la marcha, con la casa a cuestas, de los Atlantes a la búsqueda de otro planeta en el que se les trate mejor. Nos dicen bye, bye. Éxodo galáctico para localizar algún rincito donde echar raíces. Algún riconcito donde no haya terrestres, se entiende. Decepcionados con nosotros, los de la Atlántida se largan para preservar sus hallazgos. Creen que aún no estamos listos, que sólo los vamos a corromper. ¡Y qué razón…!. Ya lo dice el refrán, no está hecha la miel para la boca del asno.

P.D. Que bella la idea de que la Atlántida se protega con unas puertas que contienen el océano… es como intentar poner puertas al campo.

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