Posts Tagged ‘El mago de Oz’

Para el hombre que lo tiene todo

large-madmen(por Ibán Manzano)

Hace tres años descubrimos en Don Draper a un tipo abonado al éxito; el episodio piloto, Smoke gets in your eyes, se afanó con esmero en desmontar la presunta felicidad que acompañaba al personaje. Es fácil detectar en Draper la metonimia más evidente de la América de su tiempo (y del nuestro), un self-made man que sustenta todo su magnetismo en la imagen que los demás se han hecho de él, no quedándole otra que verse obligado a falsear un pasado mítico para ellos, en iguales parámetros que los que también utilizó su país.

El episodio 4×01 abre exactamente con la misma pregunta que estructuraba el arranque de la serie, ¿Quién es Don Draper?, la imposibilidad de responder con satisfacción a tal cuestión es la misma que entonces; en medio, sin embargo, el irritantemente frágil mundo de Don Draper que habíamos ido desvelando a través del infinito baile de máscaras que supone cada capítulo ha eclosionado (ningún episodio es más eficaz en este sentido que Souvernir, 3×08, en el que Draper y esposa representan papeles ajenos a los suyos en un país que también les es ajeno, Italia, actuando como objetos de intercambio antes que como personas). Se podría entender la premiére de la cuarta temporada como sinónimo de claudicación, Draper debe volver a ser Draper y la estructura especular del capítulo así lo atestigua. Además, la vuelta de Mad Men sigue revelando sutilezas inéditas en las relaciones de poder de la sociedad de los 50/60, es especialmente significativa uno de los primeras secuencias en los que a cada plano de un publicista le sigue el de su correspondiente y entregada secretaria, la versión escotada y con minifalda de su jefe, todo supervisado bajo la atenta mirada de la secretaria-reina de la colmena, Joan Halloway. Una lectura no muy arriesgada de Mad Men nos haría pensar en ella como la respuesta televisiva a la obra de Richard Yates. Otra un poco más valiente nos permitiría asumir esta crónica de ascenso como el biopic encubierto de El Mago de Oz en el Nueva York publicitario del siglo pasado. Draper como el personaje de L. Frank Baum es un farsante que miente para satisfacer la necesidad de los demás. Para ambos la (auto)propaganda no es un negocio, sino una cuestión de supervivencia.

Reseña Lost. 5×06: 316

Jack & Locke en 316

316, no sin motivo, debería ser recordado como la perfecta  excusa para una severa reconciliación con aquellos que sosteníamos que la serie perdió brillo a partir del final de la 3ª temporada. Para comenzar contiene una escena con suficientes réditos para figurar dentro de la mitología más estricta de la serie. En el enésimo guiño a El Mago de Oz que se permiten (podríamos escribir una versión alternativa de las andanzas de Dorothy & cia con lo que ha pasado en la Isla), Jack le pone a Locke los zapatos de Christian. No en vano, Dorothy entrechocaba su calzado de rubíes para regresar al hogar. Se trata del irreversible intercambio de roles entre 2 personajes que han funcionado como antónimos y cuya opuesta fricción ha sido el motor narrativo desde los inicios. Una victoria sin fisuras: Jack es el nuevo hombre de fe, aunque el precio a pagar, pensarán los ultras de Locke, ha sido bastante caro.

Más allá de eso, 316 tiene otra razón para el alborozo: el vuelo con destino a Guam con nostálgicas referencias a los capítulos fundacionales, así como la cuadratura del círculo, que se abrió cuando nos enteramos de que Jack había salido de la Isla. También sirve como justifación para los que se preguntaban si el lío de los Oceanic 6 era algo más que una distracción argumental. Lo 1º que llama la atención de Jack al abrir los ojos es que no recuerda ninguna colisión.  Las 3 primeras temporadas presentaron a unos supervivientes que por motivos mayores (y desconocidos) participaban de una ficción que los superaba. Desmontada la aletoriedad de su encuentro, era fundamental que regresaran por su propio pie, léase avión, a acabar lo que dejaron a medias. Es decir, la 1ª visita a la isla sirvió para darles motivos para la 2ª. Por eso esta vez no hay accidente. No queda azar, ni casualidad. Por eso esta vez el plano, especular al del capítulo Piloto, es casi, casi idéntico, pero con matices. Y en los matices se juega todo. Jack no revela en sus pupulas terror como entonces, sino algo distinto, una atrevida emoción por volver a sentir el lametazo de Vincet.

About us