Posts Tagged ‘Ernest Hemingway’
Expo. Papá Anderson
octubre 13th, 2010 • 4 comments Superhéroes
Tags: Bad dads, Bill Murray, Ernest Hemingway, Greg Gossel, Jacques Yves-Cousteau, Jordi Costa, The life aquatic of Steve Zissou, Tintín, Wes Anderson
(por Ibán Manzano)
Este retrato de un viejo lobo de mar pertenece a Greg Gossel y responde a la caracterización (gorro de lana, arrugas rocosas, gesto salingeriano, mirada extinguida, olor azufroso…) de un héroe de infancia. Al menos tal como lo imaginó Wes Anderson. La ilustración en cuestión forma parte de Bad Dads, una exposición que albergará la Lopo Gallery de San Francisco en homenaje al realizador de Los Tenenbaums. La película en la que se inspira la imagen es The life aquatic of Steve Zissou, otro everest de su autor.
En su momento Jordi Costa publicó en el correspondiente número de Fotogramas una crítica sobra la misma que sencillamente no es posible leerla como una reseña al uso, el prodigioso control de la palabra de Costa sirve como brújula en el mal entendido oficio del crítico y arroja luz al corazón de la película, una rúbrica en letras de molde que permite navegar por aquellas corrientes oceánicas pop a las que la cinta nos había arrastrado previamente. En ella defiende que Bill Murray encarna a Jacques Yves-Cousteau como símbolo, como emblema y también que es y no es Hemingway. De encarnar a Hemingway como emblema, éste sería un Hemingway uniformado de buzo negándose a bailarle el agua al toro marino que la vida le ha arrojado al ruedo. La hazaña más legendaria de este aventurero subacuático vendría a ser la de permanecer atrincherado en franca defensa de la única manera en la que transige con la edad adulta, dando caza a su abyecta némesis animal a bordo de un beatleaniano submarino de chatarra en lo que sólo se admite como juego de niños. Como mis quehaceres domésticos no me dejan tiempo para fugarme a San Francisco, ni tampoco me dejan (¡maldita sea!) dos horas para revisionar The Life aquatic…., e imagino que a vosotros tampoco, os recomiendo que me imitéis y escapéis a leer a hurtadillas dicha crítica. No os preocupéis, la envidia paralizante y el bienestar terapéutico sobre vuestro ello son los efectos secundarios más comunes. Os dejo con la última frase de la misma que para mi satisfacción recupera a un héroe de infancia. Al menos tal y como yo los imaginaba.
El resultado es la película que podría haber soñado Tintín el día en que descubrió que el capitán Haddock era un tipo tan melancólico, solitario y anacrónico como él.
Los cerdos también vuelan
agosto 24th, 2010 • 2 comments Sin categoría
Tags: Ernest Hemingway, Hayao Miyazaki, Max Fridman, Porco Rosso, Porco Rosso: The last sortie, Vittorio Giardino
(por Ibán Manzano)
Prefiero ser un cerdo que un fascista
(Porco Rosso)
Tras 10 películas en su haber (la mayoría de ellas, obras maestras) y varias series de televisión, Hayao Miyazaki ha decidido afrontar su primera y rumoreada secuela. Porco Rosso: The last sortie contará las nuevas aventuras del piloto antes conocido como Marco Pagot, – convertido en cerdo por culpa de un maleficio y en cazarrecompensas que persigue a los piratas del Mar Adriático por culpa de la posguerra-, y quién ahora surcará los cielos de la península Ibérica en plena Guerra Civil española.
En realidad, Porco Rosso no se aleja un ápice de otros héroes crepusculares (y de ficción) que han atravesado la Europa de entreguerras, llevando sobre sus hombros una forma de moral en extinción, excluida a la fuerza del mundo que la II Guerra Mundial acabaría por perfilar. No hace falta bajar demasiado al detalle para encontrar similitudes evidentes con Max Fridman, el ex agente francés que Vittorio Giardino imaginó en varias novelas gráficas, las cuales os recomiendo encarecidamente leer, y cuya última aventura, No pasarán, también lo llevó hasta una Cataluña al borde de la derrota. Con esta nueva película, Miyazaki concluirá el ritual que transformará a Porco Rosso en unos de los grandes héroes románticos del Siglo XX, pues como la inmensa mayoría de ellos, habrá plantado cara al fascismo en nuestra contienda nacional. Puede que en gran medida se lo debamos a Hemingway y a otros intelectuales que escribieron sobre las Brigadas Internacionales, pero el influjo que la Guerra Civil española ejerce sobre el arte popular está fuera de toda duda, en ella parece manifestarse los últimos rescoldos de un idealismo irrecuperable sólo apto para perdedores. Para la película todavía habrá que esperar, pero seguro que merece la pena aunque sólo sea por volver a disfrutar de las más bellas batallas aéreas jamás filmadas, digo, dibujadas.
Las nieves del Kilimanjaro. Flashes before my eyes
septiembre 15th, 2009 • 5 comments Sin categoría
Tags: Ernest Hemingway, Las nieves del Kilimanjaro
Si tuviera más aptitud para el verbo, os explicaría a lo que llamo literatura honesta. Como no es el caso, mejor tiro de ejemplo: Ernest Hemigway. Uno de los placeres de este septiembre me lo ha facilitado la lectura de sus 49 cuentos –es como se llama la edición-. Una colección que ratifica lo de que Hemingway se mueve mejor en las distancias cortas. No estoy demasiado de acuerdo. Supondría dejar fuera a Por quién doblan las campanas y Adiós a las armas, todavía el más, perdón si me repito, honesto testimonio sobre la guerra que me he encontrado. Las nieves del Kilimanjaro, incluido entre los 49, además de cemento para una versión de Hollywood dirigida por Henry King en 1952, versión todo lo buena que puede ser una versión de Hollywood sobre Hemingway, es una variante del tema del cadáver que en su último suspiro ve pasar la vida ante sus ojos. Como Lester Burnham en American Beauty. Lo significativo reside en la hondura con la que Hemingway lo afronta: Harry, escritor acomodado, se permite una última alucinación, entrevé en el fulgor lechoso de las lapidarias cumbres del Kilimanjaro el destello del otro lado. Enumera todas esas historias que jamás ha contado, en parte por desperdiciar su talento en narrar aquello que otros quieren oír. E incluso descubre que la muerte puede llegar a ser tan aburrida como todo lo demás. Eso sí, Hemingway no nos concede lo que buscaba el cadáver de un leopardo reseco y congelado en aquellas alturas. La respuesta, acaso, mejor no desvelarla: se volvería igual de aburrida.

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