Posts Tagged ‘evan rachel wood’
Mildred Winslet Pierce
marzo 30th, 2011 • 7 comments Sin categoría
Tags: Alma en suplicio, evan rachel wood, Guy Pearce, Kate Winslet, Melissa Leo, MIldred Pierce, Todd Haynes
(por Ibán Manzano)
Un largo plano sostenido de la mirada de Kate Winslet a través de una cafetería sirve para revelar 1) a una actriz de raza capaz de dotar a cualquier personaje de un aura incombustible con unos matices que jamás imaginó Walter Benjamin (algún día explicaré en términos freudianos mi adoración por la Winslet) y 2) el cristal por el que se asoma Todd Haynes no sólo a los días de la Gran Depresión, sino sobre todo a las ficciones que han intentado representarla. En mayor o menos medida, no hay trabajo de Todd Haynes que no podamos considerar como una filigrana sobre el lenguaje cinematográfico: sus películas suelen estar pensadas como artefactos fílmicos a la caza de las claves de la imagen en movimiento, bien sea desarmando las múltiples caras del glam rock (Velvet Goldmine), potenciando y corrigiendo el juego de espejos del melodrama sirkasiano (Lejos del cielo) o adentrándose en la doctrina dylaniana con un baile de máscaras (I’m not there). En este sentido, Mildred Pierce no supone una sorpresa en su carrera y eso que dentro de la lógica sofisticación de época Haynes apuesta por un naturalismo que se hace especialmente palpable en el tenebrismo cotidiano del empleo de la luz. Seguramente tengamos que esperar a que la miniserie se emita al completo para desvelar hasta qué punto pretende potenciar en esta ocasión Haynes su dispositivo fílmico, más sutil de lo habitual. De hecho cuando escribo esto sólo llevamos vistos 2 de los 5 episodios y no hay mayor riesgo para la crítica de blog que opinar sobre algo en marcha, pero estoy convencido de que en ellos ya quedan recogidas las claves de deconstrucción del lenguaje con las que Haynes pilotará las últimas entregas.
Se puede afirmar que esta vez sí estamos ante una nueva adaptación de una novela en lugar de ante un remake encubierto de la primera versión, en este caso Alma en suplicio (1945) de Michael Curtiz. El equilibrio entre melodrama y noir de la cinta de Curtiz sigue presente, pero los ingredientes son diferentes. El melodrama parece en esta ocasión una suerte de respuesta a la sofisticación de Mad Men para captar la atención de aquellos espectadores que emigraron a la AMC al calor de los cigarrillos de Don Draper y se nota sobre todo en la fetichización de los objetos (el vestido, el pastel). El noir por su parte no se deja ver demasiado en estos dos primeros capítulos, pero contamina la atmósfera reproduciendo muchos de los rasgos visuales del género (el propio tenebrismo) y esperando amenazante a estallar. No en vano el cristal a través del que Winslet contempla el amanerado ruido de entreguerras está sucio y lleno de polvo.
True Blood. De season finale
septiembre 14th, 2010 • 4 comments Sin categoría
Tags: Alan Ball, evan rachel wood, True Blood
(por Ibán Manzano)
No parece demasiado sensato resumir (y con ello reducir) el argumento de la tercera temporada de True Blood: empezamos con la aparición de un hombre lobo en escena y cerramos con el ingreso de la protagonista en un círculo céltico de hadas; en medio, una comunidad de hombres pantera y un paseo lisérgico por el chamanismo ancestral de uno de los últimos fichajes de la serie, por sólo citar un par de casos. Que algo así pueda caber en una temporada o incluso en un único episodio demuestra la capacidad de la serie para convocar en un espacio tan acotado -la América sureña- un bestiario de criaturas procedentes de un rango heterodoxo de latitudes y de épocas sin caer nunca en la sobrecarga. Al contrario, el trabajo de Alan Ball y del resto de responsables, sobresale por integrar tal bulimia fabuladora en una soap opera de lo fantástico, pero sobre todo por integrarlo en el espacio en que lo hace.
Quizás el profundo puritanismo al límite de la América de Bush -y su contrapartida, el pantanoso sexo tórrido que lo complementa-, la Louisiana en la que la serie se ambienta, no parecía el escenario, a priori, más apropiado para que camparan a sus anchas vampiros de raíces atávicas y otras criaturas, y sin embargo resulta más que jugoso ver tanto la manera en la que se desenvuelven en una comunidad fundamentalista marcada por la doble moral, como su inserción en la cadena de consumo -la propia sangre fresca es el paradigma del vampiro incorporado a la lógica de mercado-. Pero vayamos al grano, el capítulo de este domingo, que no fue ni peor ni mejor que otras season finales, anunció las que serían las líneas maestras de la 4ª temporada, sumó algún momento ridículo (y van….), y volvió a tener la mejor presencia en la Reina de Evan Rachel Wood, que esta vez asistía a la fiesta en condición de viuda negra. Porque True Blood es exactamente eso, un fiesta.
P.D. Acaba de ver la luz el teaser de Mildred Pierce de Todd Haynes con Kate Winslet y la propia Evan Rachel Wood para la HBO (tanto nombre guay se me atraganta en demasía)
Ready to be bitten again?
junio 15th, 2010 • 3 comments Sin categoría
Tags: Crepusculo, evan rachel wood, Hombre lobo, Klu Klux Klan, The Wire, True Blood

(por Ibán Manzano)
Parece que con la incorporación de los hombres lobo a su elenco, True Blood pasa a comportarse finalmente como la respuesta picajosa y ligera de cascos de Crepúsculo. Y oye, que me parece fantástico. Igual se le podría exigir a la tercera temporada que abrazara sin pudor el explotation más infame, pero eso probablemente conllevaría el cercenar parte de su inmensa eficacia como folletín post-teenager.
El 3×01 de True Blood tiene otros alicientes, el regreso de la cabecera con más carácter de la televisión actual –un paseo desquiciado por la American Gothic- y, sobre todo, una mayor cuota de pantalla para la Reina, una vamp encarnada con atroz lujuria por una Evan Rachel Wood que nunca lució más magnética. Si la segunda temporada hizo de la Hermandad del Sol una suerte de parodia del Klu Klux Klan actualizada a la sensibilidad chupasangres, sería divertido comprobar como en esta los problemas con el (narco)tráfico de sangre que implican precisamente al personaje de Rachel Wood se convierten en la versión libidinosa de The Wire. Aparte de eso, este 3×01, promete la liberación de toda las pulsiones homoeróticas más o menos disimuladas hasta la fecha. Puede que así la serie ataque a su público natural, que no es el homosexual, sino el que tiene ganas de carnaza y no siempre se atreve a pedirla.
I wanna do bad things with you, que dice su canción.
Crítica: Si la cosa funciona. Interiores
octubre 15th, 2009 • 5 comments Sin categoría
Tags: evan rachel wood, Larry David, Manhattan, Patricia Clarkson, Si la cosa funciona, Whatever works, woody allen

Valoración ****
En el monográfico Cine y terrorismo incluido en el nº 18 de Cahiers du Cinema España, Carlos Losilla aventuraba una sugestiva especulación hecha por la premura política, ¿son acaso las últimas cintas de Woody Allen consecuencia involuntaria del exilio de una Nueva York que tras el 11-S no logra ser la misma? Una evasión que habría escrito su punto y final con la balsámica irrupción de Barack Obama. Si la cosa funciona (Whatever works, 2009) es, en todo caso, una afortunada vuelta al hogar, metiéndose para ello bajo la piel de un genuino cómico americano, el creador de Seinfied, Larry David, gemelo televisivo de Allen y poseedor de una feroz misantropía, que legitima el regreso a casa por otra vía: David recuerda al Isaac Davis de Manhattan, un genio superdotado que arremete contra la humanidad, hasta que una jovencita de grado inferior le recuerda que eso no es inteligencia sino resentido desencanto.
Manhattan, la ciudad, bien por el 11-s, o por Bush, o por lo que sea, en efecto, ya no es la misma. Woody Allen tampoco, su cinta carece de la sutileza de mejores tiempos, y los interiores desplazan a la reconocible impronta que él inmortalizó en blanco y negro (y que también contrasta con la Barcelona de postal de Vicky Cristina Barcelona). Quizás por el apremio de la muerte, Allen nos ha regalado esta liberada celebración del amor, cuya hondura sería un error menospreciar, y que sigue fascinada porque todo se reduzca a como un espermatozoide de entre millones fertilizó a un óvulo, como si el origen de las especies fuera una cuestión de azar y puede que de amor. No se equivoca, yo caería rendido ante Evan Rachel Wood (o ante la magnética Patricia Clarkson), y no soy un genio, sino un gusano, que precisa de alguien con el que no tenga nada que ver, pero le haga (son)reir mientras la cosa funcione. Es como Manhattan de 1979, pero algo agotada, aunque Manhattan al fin al cabo y sin exteriores, es decir, también es Interiores de 1978, pero ahora el responsable es un interiorista gay al que se conoce como Dios.
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