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Camino a los Goya (III). El baile de la victoria. Los Trueba soñaron caballos
febrero 10th, 2010 • Sin categoría
Tags: Ang Lee, Antonio Skármeta, El baile de la victoria, El embrujo de Shanghai, Fernando Trueba, Jonás Trueba, Juan Marsé, Rafael Azcona
(Por Idir Mesian)
Citando el título de una de sus películas, el cine de Fernando Trueba siempre ha tenido mucho de Sal gorda, lo cual no le impedía cuando no se salía de ciertos límites (eufemismo usado para decir guión firmado por Rafael Azcona), hacer obras moderadamente interesantes. No obstante, cuando sobrepasa esos límites, sus carencias cinematográficas son notables.
Hace siete años, en su versión de El embrujo de Shanghai, ya demostró lo fácil que era para él hacer que un material tan potente como es la novela de Marsé se convirtiera en un sinsentido absoluto. Ahora, en esta adaptación de El baile de la victoria, acompañado en labores de guión por su hijo Jonás Trueba y por el autor del libro, Antonio Skármeta, vuelve a caer en los mismos errores groseros que la vez anterior en cuanto a recursos narrativos y coherencia en la resolución de escenas. Más allá de la sorprendente superficialidad con la que se aborda el tema de la dictadura chilena, se intenta primar más una evolución argumental que resulta torpe y atropellada que una buena construcción de los personajes y de las relaciones entre ellos, lo que hace incomprensibles algunos de sus actos e, irremediablemente, termina por mermar las interpretaciones de un reparto en líneas generales correcto, pero algo desorientado en ciertos momentos clave.
Sin embargo, el mayor problema de la película es su parte formal. Fernando Trueba ha intentado jugar a ser Ang Lee sin conocer las reglas del juego. El resultado es una sensibilidad impostada repleta de metáforas visuales obvias que intentan emocionar al espectador de forma tan impúdica que, en su exceso, además de verse las costuras, termina por violentar e irritar más incluso que sus constantes declaraciones erigiéndose como el indiscutible referente del cine artesano.
Fernando Trueba quiere que los Reyes Magos os traigan muchas cosas (apresuradas reflexiones superheroícas)
enero 5th, 2010 • 8 comments Sin categoría
Tags: Brian Singer, Dr. Manhattan, El regreso del Caballero Oscuro, Fernando Trueba, Superman, Umberto Eco, Watchmen
(escrito por Ibán Manzano)
5 de enero, La Cárcel de Papel se ha hecho eco esta mañana del siguiente extracto de la entrevista a Fernando Trueba publicada en La Contra de La Vanguardia:
P.- Buscamos la ejemplaridad perdida.
R.- Y no la hallaremos sin la épica. Pero hoy no tenemos héroes, sino superhéroes, que son todo lo contrario de la épica.
P.- ¿Superman no es un personaje épico?
R.- Un superhéroe es un imbécil vestido de forma estrafalaria, un fracaso de la ficción.
P.- Si los efectos especiales son buenos…
R.- Serán lo que sean, pero no son cine. El superhéroe carece de aliento épico, de grandeza: es fruto barato de esta época sin héroes pero con supergilipollas con superpoderes.
P.- A ratitos son humanos…
¡Sandeces! Un héroe de verdad es un cínico capaz de tragarse hasta su propio cinismo para jugárselo todo en un instante por los demás sin esperar nada a cambio.
Antes de reaccionar fulminantemente ( Trueba no sabe de lo que habla, Trueba desprecia el legado del superhéroe en la cultura popular, Trueba no aprecia cómo las fluctuaciones a las que se ha sometido la proteica figura de este desplazan una tradición mítica al interior de un producto de consumo que no hace más que sistematizar las ansiedades modernas, etc) seamos justos: Trueba no yerra en el diagnóstico, carecemos de épica. ¿Para qué queremos superhéroes si ya tenemos héroes?, ¿es a consecuencia de la necesidad actual por inflamar toda mitología? Si un superhéroe es la versión superlativa de un héroe, ¿no lo aproxima en demasía a la hipertrofia, a la caricatura?, ¿no es eso de la fuerza estratosférica, la velocidad hiperbólica, un tanto… burdo?, ¿es por ello que el alter ego de Superman para compensar parece salido de una screwball comedy?
La respuesta más evidente es que el superhéroe es una deidad para una época sin creencias, dioses de un Olimpo consumista de usar y tirar. El Superman de Brian Singer se evadía de la órbita terrestre sólo para divisar desde la ecuanimidad que le permitía esa distancia kilométrica la vida humana, tan insignificante ella. El Dr. Manhattan, su equivalente en Watchmen, en cambio, se refugiaba en Marte precisamente para no ser confundido con un dios nuclear (Dios existe. Y es americano, recordad). Entonces, ¿puede que Watchmen y El regreso del Caballero Oscuro, que apuntaban a humanizar al superhéroe, todo hay que decirlo, con estrategias opuestas, eran de hecho intentos de cargar su hercúlea figura de anchura trágica? Pero lo esencial es ¿puede una mitología de consumo albergar épica o no es más que la sublimación de un fracaso, envidia de pene?¿Mucho brazo-de-acero-levanta-muros-de-hormigón y poca esencia? Yo, la verdad, no tengo ni idea. Convendría (re)leerse el ensayo de Umberto Eco sobre los superhéroes o echar la vista atrás a esas 2 obras que sacudieron el arquetipo con consecuencias galvánicas. La próxima semana, por cierto, se estrena el Sherlock Homes de Guy Ritchie, que somete a 2 personajes icónicos bajo las maniobras del blockbuster de superhéroes. Con toneladas de estilo. De seguir así, el año que viene, por estas fechas, se estrenará una cinta familiar en la que tres guerreros maravillosos venidos de Oriente salvarán al mundo de su Apocalipsis: Gaspar dominará la esgrima, Melchor dispondrá de un arsenal de gadgets con los que forzar puertas y doncellas y Baltasar liberará tus chakras gracias a las más complejas técnicas de meditación trascendental. Y, oye, que me muero de ganas por verla. ¡Qué os traigan muchas cosas los Reyes, superhéroes!

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