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Tito Oscar’10: Más sobre Black Swan
febrero 22nd, 2011 • 5 comments óscares
Tags: Black Swan, Darren Aronofsky, Fringe, MIla Kunis, Natalie Portman, Showgirls
(por Ibán Manzano)
La tercera temporada de Fringe va camino de convertirse en un psicodrama en toda regla: los guionistas (posibles spoilers sobre Fringe) han enfrentado a Olivia Dunham a su peor enemigo, ella misma. O para ser más retorcidos, a una versión mejorada de sí misma. En mi crítica para Pull The Metal no encuentro tiempo para detenerme en las similitudes entre Black Swan y la última temporada de Fringe, y eso que ambas juegan con el tema literario del doppelgänger. Aunque en el caso de la Portman, Aronofsky haya apostado sus cartas a la carnalidad de Mila Kunis como su reflejo maligno. Algo que para que negarlo, es perfectamente comprensible (fin de posibles spoilers).
Tampoco profundizo demasiado en muchos de las referentes sobre los que trabaja el último grito de los Oscar. Menciono por encima a Cronenberg o la filmografía anterior del realizador, pero nada sobre uno de los más obvios, los telefilms. Y eso que el argumento de Black Swan repleto de lugares comunes sobre el mundo del ballet y el éxito y que Jaime Pena identifica con el de Showgirls es lo de menos. Lo que importa es el talento natural de Darren Aronofsky para transformar este material de baja estofa en una poderosa vuelta de tuerca a uno de los ballets de más prestigio. El director asume la tesis de que bajo toda representación de alta cuna se oculta una trama que bien podría protagonizar Tori Spelling en horario de sobremesa. No es la primera vez que un culebrón acaba sublimado en trabajo de culto. Black Swan es sólo otro ejemplo más de una larga lista que quizás empezó con Twin Peaks hace más de dos décadas.
Veredicto: Lo mejor que se puede decir de Black Swan es que en cierta manera es imposible decir nada de ella, es una película que obliga a experimentarla para hacerle justicia.
Peso pesado: En este salto sin red que supone Black Swan dentro de una filmografía bien estructurada y cuya próxima parada es el Thor de Kenneth Brannagh, uno tiene la impresión de que Natalie Portman se esfuerza en cada plano para que la recordemos como la Norma Desmond de nuestra generación. Y vaya si lo consigue.
Peso pluma: Nina Sayers ejecuta un paso delicadísimo. Un aleteo la rodea presagiando tragedia. Gira sobre sí misma. De el escenario, impreciso, se escapa el un insulto de una compañera envidiosa. A lo lejos una música diabólica. Detrás, su propia voz reverberando. Si el domingo ganara el exquisito trabajo sonoro de Black Swan, supondría toda una demostración a la industria de Hollywood de que se pueden alcazar imaginativos logros fuera del manual de cocina del blockbuster. Aunque para eso, claro, la tenían que haber nominado.
Momento WTF!: Sí, ese en el que todos estáis pensando. Un GIF que lleva dando vueltas desde Venecia para alegría púber de todos y de muchas.
El año que vivimos peligrosamente (II)
diciembre 30th, 2010 • Listillas
Tags: Andrei Tarkovsky, Arcade Fire, David Lynch, Fringe, Leonardo DiCaprio, Naoki Urasawa, Origen, Pluto, Royksopp, Senior, The Suburbs
(por Ibán Manzano)
Continuemos recordando los grandes hitos de este año en el que aprendimos a vivir peligrosamente:
5) Tarkovsky. El estreno en 2002 de Solaris de Steven Soderbergh confirmaba que un blockbuster que publicitara el trasero de George Clooney no era exactamente la mejor forma de hacer justicia a Andrei Tarkovsky. Lo que nadie esperaba es que 8 años después en cambio sí lo fuera otro blockbuster de acción comandado por Leonardo DiCaprio. Inspirado de manera oficiosa en el Paprika del malogrado Satoshi Kon (este, uno de los titulares más tristes que nos ha legado el año), el núcleo duro de Origen consistía en un tarkovskiano drama de ciencia-ficción (Solaris de nuevo, pero también Stalker) disimulado bajo el magma de un atrofiado megaespectáculo hollywodiense. También en Fringe, serie que cada temporada eleva el nivel de su excelencia, el aliento de Tarkovsky se ha dejado notar en cada uno de sus universos alternativos. Por ejemplo, y van spoilers, en ese padre desolado que invoca el reflejo de un hijo muerto o en el hijo muerto enamorándose de una mujer que no es sino mero simulacro de su amor verdadero.
6) Dos obras maestras de 2009… en 2010. Sins entido editó en nuestro país un año después de que viera la luz en el suyo Asterios Polyp, de igual manera que Norma puso punto y final a Pluto de Naoki Urasawa meses más tarde de que finalizara en Japón. Sobre la primera ya os hablamos aquí y sobre la segunda apuntar que se trata de otro trabajo inmortal de su creador, sólo inferior a Monster y 20th Century Boys en el sentido de que estas eran insuperables. Naoki Urasawa se atreve a enmendarle la plana al mismísimo Osamu Tezuka. El placer de leer un manga en el que el mayor artista vivo del medio canibaliza al padre fundador del mismo es difícil de condensar en palabras. Sobre todo porque Urasawa no se ha limitado a una simple revisión, ha interiorizado a Tezuka, poniendo todo su lápiz y trueno al servicio de la furia de Astroboy. En cualquier caso, tengo la impresión de que cualquier persona que llegue a su final le pasará lo mismo que a mí, llorará como un robot de I.A. superior.
7) Música del ayer para el mañana. Happiness de Hurts (la electrónica elegante según los anuncios de Spotify), algunas canciones de Surfing the void de The Klaxons o Halcyon Digest de Deerhunter se cuentan sin dificultad entre lo mejor de 2010. Aunque, por supuesto, la palma se la lleva Arcade Fire y su The Suburbs. Si por lo demás algo tienen en común todos estos discos es por su necesidad de poner música a los temas de siempre (el desencanto de la madurez en el caso de los canadienses) a través de sonidos de futuro. Arcade Fire llevó la apuesta más lejos que ninguno al proponernos un videoclip interactivo que aprovechaba las bondades del HTML para construir una épica individual al servicio de cada oyente. Luego están los casos de David Lynch o del Senior de Royksopp, ambos trabajos iluminan el camino por que el se desplazarán próximamente las nuevas tendencias sonoras. Directamente, son ciencia-ficción musical.
Y hasta aquí podemos leer. El resto de del 2010, en este enlace.
Olivia vs Olivia
septiembre 26th, 2010 • 1 comment Sin categoría
Tags: Fringe, J.J. Abrams
(Por Ibán Manzano)
Por motivos que es mejor no pasar por alto, eso que llamamos identidad (frágil, voluble, tremendamente maleable), ha sido el enemigo público nº1 del siglo pasado (y de esta primera década del que acaba de empezar): desde el psicoanálisis freudiano hasta las torturas por electroshock de, por ejemplo, el pinochetismo, pasando por la producción onírica de los surrealistas, la consciencia se ha convertido en el campo de batalla en el que se han librado los grandes conflictos de los últimos 100 años. La ciencia-ficción, en su acepción más profunda, ha recogido las principales ansiedades que se han despertado con todo ello. Fringe, esa magistral enciclopedia de ciencia-ficción (y weird tales), ha pasado de seducirnos con su respuesta a Alias (probad a buscar si no las 7 diferencias entre los pilotos de ambas series) para los días en los que el continuo espacio-tiempo ha dejado ser eso, continuo, y ha acabado incorporando la deglución del yo a su sustrato argumental. En realidad, nada nuevo, Fringe se ha dedicado a bombardear desde el minuto cero la psique de la protagonista, obligándola a tomar conciencia de la arbitrariedad de los cimientos que su mente tan cuidadosamente ha edificado con los años. Ahora, sencillamente en un paso más, acaba por enfrentarla a su peor enemigo: ella misma.
Como muestra, el 3×01 de la recién estrenada temporada, vuelve con el adecuado título de Olivia, el nombre de la protagonista. Ante nuestros ojos se despliega en 42 minutos la irremediable disolución de la Olivia que conocemos en la Olivia de un universo paralelo -reverso maléfico, bad twin, otro de los temas capitales del pulp-. Para que la experiencia sea completa el capítulo ilustra este descenso a los infiernos con el viaje crepuscular que oficia en una Nueva York, irritantemente parecida a la que conocemos, un taxista, otro personaje episódico de los que tan bien suele caracterizar la serie (pienso en el terapeuta de los bolos de la temporada pasada), el cual, obrero de la conducción, acaba convertido en el involuntario Caronte que fuerza a Olivia a un retorno a un (falso) hogar, donde lo poco que queda de ella es un estado mental en ruinas. No deja de ser impactante (y aterrador) que una serie se atreva a asesinar -al menos en algún sentido- a su personaje central, aunque intuyamos que el camino no es sólo de ida. En cualquier caso, además de impactante, es retro, naif y hermosamente inguenuo que el fetiche visual para que no nos perdamos en los saltos de esta Alicia -¿soy el único que ve el innegable parecido entre los nombres de Alicia y Olivia?- psicótica sea una peluca sacada de algún mala serie televisiva de espías.
Fringe. Over There
mayo 27th, 2010 • 4 comments Sin categoría
Tags: Fringe, William Shakespeare
(por Ibán Manzano)
Primera semana de la era PL (Post Lost). Tras entregamos a los anxiolíticos para superar la marcha (lo sentimos, pero el ojo de Jack se ha cerrado definitivamente y no tiene visos de volver a abrirse nunca, aunque bueno, espera, nada es irreversible, ¿verdad?) hemos de asumir que no queda más que mirar hacia delante. No hay mejor manera para ello que aproximándonos a su heredera natural.
Fringe del mismo padre, J.J. Abrams, lleva dos temporadas haciéndose a cada capítulo más grande. En muchos aspectos se asemeja más a otras producciones de J.J, aplica al esquema Alias un argumento tipo Expediente X. La realidad es por tanto una abstracción alejada de cualquier certeza. En este sentido Fringe conecta sin problemas con la sensibilidad de la era del acelerador de partículas. Desde el final de la primera temporada el argumento se sumergió en investigar los roces entre dos universos paralelos. Con Over there podemos dar por inaugurado el salto definitivo al otro lado del espejo tras algunos tímidos intentos. ¿Será la tercera temporada un ajetreado paseo a lomos de un potro desbocado entre estas dos realidades? Eso esperamos. De las dos posibilidades que se abren, o seguir a Olivia por un mundo bizarro irritantemente parecido al que conocemos o quedarnos en casa con su bad twin, ambas, he de reconocerlo, me parecen fascinantes. Sobre todo si las aderezan con máquinas de escribir que conectan universos paralelos, ejércitos trepana cerebelos y psicólogos con procedimientos de bowling coach. También está muy bien eso de emplear como epicentro cósmico un teatro abandonado: establece una conexión directa entre William Shakespeare y la hard sci-fiction. Y eso nos encanta.
Semana Lost: Una reflexión antes del final
mayo 23rd, 2010 • Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: Fringe, Lost, Perdidos

(por Antonio Gandiaga)
A escasas horas del esperado final de Perdidos, cabe preguntarse qué es lo que nos lega esta serie. La respuesta a esta cuestión es casi tan difícil de hallar como aquellas que millones de fieles pretenden encontrar esta próxima madrugada, y que muy probablemente no recibirán.
Pero es que precisamente eso es Perdidos, un enigma sin fin (como el cuadro de Dalí), una apertura constante de puntos de fuga, tan difícil como atrayente para el que la observa. No forman parte de su naturaleza las contestaciones claras, las exactitudes. Tal vez por eso muchos se han decepcionado con esta última temporada, que nos ha venido a decir que los hombres (un médico de Los Ángeles o un sacerdote africano) son tan relevantes como los dioses que los crearon, y que estos comparten nuestras dudas y limitaciones.
En su progresiva demolición de lo temporal, Perdidos ha ido acercándose a un cierto desenfoque de la realidad, a la abstracción, como también ha hecho la espléndida (casi lynchiana) segunda temporada de Fringe. Y es por su inabarcable creatividad por lo que debe perdurar*. Cierto es que ha inaugurado también una nueva forma de ser espectador, pero los targets, las polls, los comments y los grupos de Facebook son casi lo menos interesante de estos tiempos.
Escribe el crítico Carlos Reviriego que “si aceptamos que Twin Peaks es el Ciudadano Kane de la televisión, Perdidos bien podría hacer las veces de El año pasado en Marienbad“. Eso por lo menos.
[*y por lo bien hecha que está. Solo hay que ver otras series para darse cuenta.]
Fringe. El detective cantante
mayo 10th, 2010 • 1 comment Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: Fringe, J.J. Abrams, Roal Dahl
(por Ibán Manzano)
Un amigo mio (un artistazo visual) lo dejaba claro, el episodio musical de Fringe es una basura porque Buffy ya lo hizo antes y mejor. No lleguemos tan lejos. El episodio musical de Fringe no es de hecho ni siquiera muy musical. La promoción de Glee ha llevado a la Fox a realizar esta curiosa campaña, contaminando todos sus shows. La serie de J.J. Abrams se ha tomado un respiro antes de lo que será, segurísimo, un tramo final de traca (de hecho ya he podido ver el siguiente y pinta genial). Este último episodio más que musical, es un pulp de detectives de los años 40, con un villano, el entrañable Walter Bishop, a medio camino entre el Mago de Oz y un personaje, por ejemplo Charlie, expulsado de un relato de Roal Dahl. Es cierto que la mezcla de géneros no termina de ser todo lo armoniosa que uno podría esperar, a los actores no se les ve muy cómodos, pero también tiene algún que otro momento deslumbrante. El capítulo es hábil para recrear el infierno que asola a un padre incapaz de domar sus dominios interiores destapados por la fuga de un hijo que reniega de él. También para condensar todos los vectores argumentales de las dos temporadas de la serie en la dialéctica de un cuento para niños con el que ponernos al día por si se nos había pasado algo por alto. Para niños superdotados, eso sí.
El calvo se pone sentimental (Fringe 2×08. Crítica)
noviembre 24th, 2009 • 1 comment Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: August, Fringe, The observer
¿Qué es eso que se supone que no ha de hacer aquel que presume de neutral? Sencillo, involucrarse. August, epidodio 2×08 de Fringe -atentos a los múltiplos de 4 que, según los productores, serán los que más chicha tengan- resitua un elemento imprescindible, pero hasta el momento marginal de la mitología de Fringe, allí donde se merece. Es más, le insufla alma. Y corazón.
The observer no pasaba de chiste periférico con estructura de personaje de ¿Dónde está Wally? Ahora sabemos que, además, llora. August, el capítulo de esta semana, es uno uno de los mejores de lo que llevamos, confirma a Fringe como una serie madura, desprendida de titubeos: sabe hacia donde va y tiene un plan. El capítulo dota de corporeidad sentimental a The observer, el calvo sin cejas que se había paseado sin entrometerse por los sucesos paranormales que ocurren capítulo tras capítulo. Con esta jugada Fringe desvela parte de sus contornos y obliga al espectador – el verdadero observador- a entender la serie como debe ser, implicándose. Lo que le ocurre a The observer, que dice sentir eso que se llama amor, no es tan distinto a la mecánica cuántica. Presume de ser una variable independiente que ratifica el experimento, pero su sola presencia desvirtúa el resultado. Y en el caso que nos ocupa el experimento ha hecho ¡boooom! justo donde queda el ventrílocuo derecho. O el izquierdo, ¿qué más da?


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