Posts Tagged ‘Haruki Murakami’

Rayos y centellas

(por Ibán Manzano)

Y de un martillazo queda inaugurada la temporada superheroica de 2011. Por delante tenemos: youngs mutantes, capitanes superlativamente patrióticos, al ex de Scarlett Johansson luciendo palmito verde e incluso algo parecido a las franquicias norteamericanas ajustado a nuestras pantallas, pero con aventuras medievales y Sergio Peris Mencheta. Thor era una adaptación difícil y deseada, se la esperaba como la piedra de toque desde la que descifrar los designios secretos del megaestreno de 2012, Los Vengadores. Por desgracia, la presencia de Kenneth Branagh no parece haber garantizado nada. Si alguien soñaba con el inglés insuflando aliento shakespereano a esta tragedia cósmica se equivocaba. Es más, menos mal que no lo ha hecho. Los tímidos aportes a la causa (en el personaje de Loki, el más sibilino, el más desaprovechado) invitan a la risa involuntaria. Branagh partía de un mejunje difícil de cocinar, dioses nórdicos, extraterrestres y Nuevo México, pero su cinta sólo destaca por alguna escena de acción resuelta con temple, una reimaginación hortera de Asgard y el músculo cincelado de Chris Hemsworth como encarnación proteica de la divinidad. Me temo que me he quedado con con las ganas de saber qué es lo que realmente está sucediendo ahí arriba, más allá de lo nos que permite divisar el telescopio Hubble, ese baile de estrellas reemplazado por una guerra fraticida que nos prometieron.

En el apartado target de Thor, supongo, debe constar lo siguiente: garrulos con corazón y mamporreros con ínfulas. Suerte que la Marvel ha previsto un montón de mecanismos de reconciliación con el hijo de Odín. Tales como estos juguetes que regalan con tu hamburguesa favorita o esta serie de animación que ya podéis encontrar en Internet y que explora la relación cainita entre Thor y Loki.

El otro estreno de la semana es Tokio Blues. He vuelto a releer algunos pasajes de la novela de Murakami para mi reseña para Pull The Metal, pero sigo como al principio, sin conectar con ella. En cambio, como intento explicar en la crítica, hay a mi juicio una belleza singular y poco común en su adaptación, quizás por su buscada gelidez al aventurarse por el páramo de la juventud, que es aquí más que nunca estado secreto y desplazado, una conversación a media voz. Es cierto que la película se queda a un paso de regodearse en su propio éxtasis visual, pero esta vez he optado por apuntarme yo también al regodeo.

O como dicen los Beatles: I once had a girl//Or should I say, she once had me.

Venecia blues

(por Ibán Manzano)

Una pieza delicada tan formalmente perfecta como coherente en su desarrollo. Larga, premiosa, exhaustiva, pero siempre tensa (Luis Martínez, Diario El Mundo)

Todo se reduce a falsa intensidad emocional, a discursos monótonos recitados por actores de gesto vacío, acompañado de una música tan abusiva como chirriante (…) Tiene vocación poética, pero no transmite nada. (Carlos Boyero, Diario El País)

cinemaniablog_norwegianwoodEstos extractos pertenecen a las primeras impresiones que ha despertado la proyección de hace unos días de Norwegian Wood (Tokio Blues) en la Mostra de Venecia. No desvelamos nada nuevo si recordamos que se trata de la adaptación para cine del best-seller de mayor expansión del Japón contemporáneo, un superventas de estirpe sentimental con millones y millones de ejemplares a sus espaldas.

Albergo cierta curiosidad por descubrir lo que ha hecho con este material Tran Anh Hung. No porque simpatice especialmente con el cineasta vietnamita-francés, ni tampoco porque pertenezca a la (amplia) parroquia de lectores que han caído hechizados por el encanto de Murakami. Por el contrario, las 400 páginas de Tokio blues y el director de El olor de la papaya verde, comparten, a mi juicio, un rasgo esencial, son igual de melifluos; es por tanto bastante probable que además de compartir créditos en el cartel promocional, Murakami y Tran Anh Hung hayan encontrado la oportunidad idónea para sincronizar sus discursos en una puesta al día de la nada. Lo que no deja de resultar paradójico, pues el tema de Tokio blues no es otro que la enfermedad de la nada que contagia al Japón de finales de los 60; el suicido a lo largo del texto es expulsado reiteradamente a la superficie cotidiana de unos personajes atrapados en un país convaleciente. Es sorprendente que con este material de partida, Murakami sólo alcanzara a ofrecer un equivalente nipón y reader’s digest de El guardián entre el centeno sin quitar nunca el ojo del público occidental -no en vano Murakami ha sido traductor de Carver, Fitzgerald o Irving entre otros-. Sin embargo, sería insensato negarle al conjunto algunos destellos de lucidez, los que lo hayáis leído recordaréis el monólogo de Watanabe, el protagonista, en el último tercio del libro, quizás el único momento en el que la prosa de Murakami cuaja al subrayar toda la enervante tristeza que acompaña el tránsito a la madurez.

Por suerte para todos nosotros, las promesas incumplidas de Haruki Murakami ya habían sido recogidas por Murakami, por otro Murakami, el más desconocido Ryu Murakami, que en 1976 publicó Azul casi transparente; un librito de apenas 100 páginas que estoy empeñado en recomendar encarecidamente a todo el que se cruza por mi camino -3 amigos ya han sucumbido- y que podría ser fácilmente calificado como el libro más sórdido más bellamente escrito nunca. No conviene desvelar nada más sobre esta pequeña joya de lirismo abrasador que sigue de cerca a unos jóvenes que pasan los días instalados cómodamente en una orgía de autodestrucción lindante con una base paramilitar norteamericana. Su trazo quirúrgico y distante no engaña a nadie, (Ruy) Murakami es capaz de extraer toneladas de poesía, nada autocomplaciente, de una juventud sin rumbo; hasta conseguir que una vez finalizada su lectura deseemos que no se haya equivocado cuando se responde a sí mismo eso de ¿No está el mundo todavía bajo tus pies?. No te asustes: El mundo está todavía debajo de ti.

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