Posts Tagged ‘Hayao Miyazaki’

Animerrealidad

(por Ibán Manzano)

Su primer ministro lo acaba de confirmar, Japón está ante su peor crisis desde la II Guerra Mundial. Viendo las televisadas imágenes que nos llegan del tsunami que ha arrasado la costa japonesa, uno tiene la impresión de estar ante la adaptación en imagen real de un desolador anime. No voy a tirar del tópico de que la realidad supera a la ficción, está claro que así es. Parece como si el japonés fuera un pueblo obligado a enfrentarse periódicamente al apocalipsis. Una danza de la muerte ligada a su genética insular. Un vistazo rápido a la producción cultural de los últimos 50 años nos permite sacar una conclusión inquietante, ningún país (ni siquiera el estadounidense, tan acostumbrado a volar por los aires su geografía urbana y especialmente el Empire State), se ha preguntando tantas veces por cómo será su propio fin (o peor, por lo que sigue tras el punto final).

Por desgracia hay más. Estamos leyendo (ahora mismo en todas las portadas digitales) que un nuevo actor se acaba de sumar a la macabra representación, el riesgo de fusión nuclear en Fukushima. No es sólo el fantasma radioactivo de Chernóbil el que se nos viene a la cabeza, es probable que inconscientemente también estemos invocando fotogramas de Akira de Otomo con la que esta tragedia a tiempo real guarda un inquietante parecido. Akira es todavía a estas alturas la ilustración más aciaga que se haya parido de un futuro distópico. El anime, como campo de pruebas para el fin de los tiempos. Una pantalla en blanco sobre la que dibujar un paisaje de desolación atómica. Hace apenas unos días terminé de leerme el imprescindible estudio Cine de animación japonés, un ensayo-río que recoge las aportaciones de diferentes expertos sobre el tema. Una de las preguntas recurrentes que se repite en casi todos los capítulos es por qué uno de los subgéneros más populares del manga está protagonizado por robots gigantes que combaten a muerte en ciudades hipertecnologizadas y postatómicas sin más solución que ser arrasadas. La respuesta parece contenida en aquellas palabras que Akira Shirayama, uno de los líderes de las revueltas estudiantiles del AMPO 1970, pronunció con encendido ánimo y que venían a decir que su generación nació con las bombas de Hiroshima y Nagashaki, con el gran hongo nuclear que mató a miles de nuestros compatriotas, con la carne quemada y deforme, con el miedo a la técnica, a la ciencia, convertidas en armas mortales. Un paisaje de ansiedades filtrado a lo largo de las múltiples formas del anime. Su lenguaje posibilista parece el más idóneo para conjurar desde el horror cualquier desastre colectivo especialmente relacionado con la tecnología, en un punto equidistante entre la entrega salvaje a la misma y el choque directo con la tradición. Por supuesto, no hay que olvidar que el cine en imagen real también ha respondido con sus propios ejemplos. En las kaiju eigas se resumió el temor colectivo a que Hiroshima tuviera segunda parte. Las películas de Godzilla (y su progenie) metaforizaron en un monstruo gigante esa impresión de que más que un aciago día a borrar de la Historia, Hiroshima constituía la (vergonzosa) herencia espiritual que sobrevuela occidente cual nube radiactiva.

Vayamos ahora a la imagen que acompaña esta entrada, un oso panda abraza en medio del caos a un policía. Fue tomada en 2008 pero se ha filtrado como si fuera una viñeta más de esta catástrofe. Y bien podría ser así, porque en ella se observa un gesto empeñado en salvar la distancia irreconciliable que en estas 48 horas ha separado al hombre de la naturaleza. Una instantánea que explora en clave amable (y necesaria) nuestra relación más profunda con el medio. Un tono que recuerda antes que a Otomo a otro embajador de los lápices y colores nipones, Hayao Miyazaki. Quedémonos con eso, con benévolos dioses jabalíes y con castillos en el aire. Será todo mucho más fácil.

Los cerdos también vuelan

(por Ibán Manzano)

Prefiero ser un cerdo que un fascista
(Porco Rosso)

Porco RossoTras 10 películas en su haber (la mayoría de ellas, obras maestras) y varias series de televisión, Hayao Miyazaki ha decidido afrontar su primera y rumoreada secuela. Porco Rosso: The last sortie contará las nuevas aventuras del piloto antes conocido como Marco Pagot, – convertido en cerdo por culpa de un maleficio y en cazarrecompensas que persigue a los piratas del Mar Adriático por culpa de la posguerra-, y quién ahora surcará los cielos de la península Ibérica en plena Guerra Civil española.

En realidad, Porco Rosso no se aleja un ápice de otros héroes crepusculares (y de ficción) que han atravesado la Europa de entreguerras, llevando sobre sus hombros una forma de moral en extinción, excluida a la fuerza del mundo que la II Guerra Mundial acabaría por perfilar. No hace falta bajar demasiado al detalle para encontrar similitudes evidentes con Max Fridman, el ex agente francés que Vittorio Giardino imaginó en varias novelas gráficas, las cuales os recomiendo encarecidamente leer, y cuya última aventura, No pasarán, también lo llevó hasta una Cataluña al borde de la derrota. Con esta nueva película, Miyazaki concluirá el ritual que transformará a Porco Rosso en unos de los grandes héroes románticos del Siglo XX, pues como la inmensa mayoría de ellos, habrá plantado cara al fascismo en nuestra contienda nacional. Puede que en gran medida se lo debamos a Hemingway y a otros intelectuales que escribieron sobre las Brigadas Internacionales, pero el influjo que la Guerra Civil española ejerce sobre el arte popular está fuera de toda duda, en ella parece manifestarse los últimos rescoldos de un idealismo irrecuperable sólo apto para perdedores. Para la película todavía habrá que esperar, pero seguro que merece la pena aunque sólo sea por volver a disfrutar de las más bellas batallas aéreas jamás filmadas, digo, dibujadas.

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