Posts Tagged ‘J.J. Abrams’
Pilotos: Luck + Alcatraz
enero 25th, 2012 • Pilotos
Tags: Alcatraz, David Milch, J.J. Abrams, Luck, Michael Mann
(por Ibán Manzano)
1) LUCK. Prometo no hacer ningún chiste malo que incluya carreras de hípica y apuestas deportivas sobre Luck, el caballo ganador (ya he caído) de la HBO para el primer tercio del año. El hipódromo de Santa Anita, con todo el tráfico de dinero y sueños rotos, que suelen mover este tipo de competiciones, será el nuevo laboratorio (como antes lo fue Nueva Jersey, Baltimore, el Oeste fronterizo, la antigua Roma, los casinos de Atlantic City y Poniente) desde el que la cadena por cable estudiará las relaciones que estructuran el Poder. En una estrategia curiosa, el episodio piloto fue emitido el pasado diciembre pese a que Luck no arranca oficialmente hasta este domingo. Digo en una estrategia curiosa, porque el piloto de Luck resulta voluntariamente informe. No interpretéis esto como un reproche, al contrario: como muchas de sus hermanas Luck asume que la serie televisiva es el equivalente a la novela decimonónica.
Los primeros 60 minutos de lo nuevo de David Milch (al que le estaremos eternamente agradecidos por Deadwood) no son más que la primera piedra de una nueva catedral gótica que se irá edificando semanalmente en nuestra pantalla. El capítulo tiene además varios motivos para el regocijo: unos personajes con potencial para evolucionar corruptamente, primeras espadas en su reparto (Dustin Hoffman, Nick Nolte), una selección musical de aúpa y a Michael Mann tras la cámara. Michael Mann es para este que firma uno de los grandes. Algún día acabaré esa entrada en la que argumento que Inland Empire (David Lynch, 2006) es la otra cara de la moneda de Enemigos públicos (2009), por cierto una de las obras maestras de la pasada década. En esta ocasión, Mann está algo más comedido de lo habitual, por lo menos hasta que se lanza a filmar carreras de caballos en un digital de alta definición que deja sin habla.
2) ALCATRAZ. Vuestros tímpanos deben de estar reventados de tanto escuchar que Alcatraz es la nueva Lost o la nueva Fringe. Para ser sinceros la comparación no carece de base. El parecido es especialmente notable con la segunda. Lo cierto es que Fringe ya tenía algo de puesta al día (un día con cambiaformas, armas bacteriológicas y portales interdimensionales; un día de esos) de lo ensayado en Alias. El gran problema de Alcatraz es que uno no puede librarse de la molesta sensación de que a base de tanto fotocopiar los colores han acabado por diluirse. Todavía es pronto para llevarse las manos a la cabeza. La serie tiene una premisa de las que no se ven todos los días y sus responsables merecen que les concedamos un poco de paciencia. Ahora no nos acordemos demasiado, pero Fringe no tuvo exactamente una acogida calurosa cuando llegó a las pantallas hace cuatro años y, en cambio, mírala ahora, qué salud de hierro. Entre lo positivo a rescatar no sólo está el sugerente enigma central, sino un guiño hitchcockiano que demuestra conocimiento de causa y la agradable confirmación de que J.J. Abrams cada vez siente menos necesidad de justificar su abrazo a lo fantástico.
Semana Tintín. El affaire Lost
octubre 27th, 2011 • 1 comment Tintinazos
Tags: J.J. Abrams, Lost, Tintín, Vuelo 714 para Sidney
(por Ibán Manzano)
Vuelo 714 para Sidney, que apareció en las páginas del seminario Tintín en septiembre de 1966, fue saludado como una vuelta al canón tras las anteriores paradas, de carácter mucho más experimental, de Tintín en el Tibet (una aventura intimista) y Las joyas de la Castafiore (una aventura íntima). Para cuando terminó su publicación, en noviembre del 67, el tintinófilo de pedigree ya había detectado que Vuelo 714 para Sidney sólo se podía tomar como un regreso a lo conocido en las apariencias. Bajo la superficie (deslumbrante, con peripecias prodigiosas y con la recuperación de Rastapopoulos para la primera división) se encontraba un nuevo trabajo en el que Hergé sacaba réditos de tensar en la medida de lo posible la línea clara. Si en Las joyas de la Castafiore se servía de las estrategias de un mago que sacaba de la chistera un conejo, en Vuelo 714 para Sidney optó por el ilusionismo y por suspender la incredulidad del lector (y de los personajes) con un final que llevaba de vuelta a la casilla de salida. Es posible que esta sea una de las razones por las que se trate de uno de los álbumes más discutidos de la colección, además de porque se deja sentir en sus páginas el gusto por lo paranormal que profesaba su autor (y tan presente en los medios en aquellos años), lo que lo convierte en uno de las escasos tomos que aceptaron elementos de ciencia-ficción (quizás junto a La estrella misteriosa el puente más directo con Blake & Mortimer), así como en una temprana manifestación, una década antes, del término jump the shark.
El amante de Lost es, sin lugar a dudas, de las personas sobre la faz de la tierra que mejor saben de qué va eso de saltar el tiburón. Fue su pan de cada día durante 6 años. En el amplio muestario de pistas ocultas que los guionistas de la serie fueron esparciendo a lo largo de los episodios y que comprenden a Homero, la Biblia, Alicia en el País de las Maravillas, Borges, episodios puntuales de La dimensión desconocida y la dramaturgia superheroíca no debería faltar en ningún caso Vuelo 714 para Sidney. Aparte de la conexión directa con el titulo (el vuelo 815 partía hacia Sidney), comparten razones argumentales (el avión que se estrella, la isla desierta que no lo está, las escotillas, el volcán, ruinas de antiguas civilizaciones, electromagnetismo) y un hallazgo similar (el juego con el olvido). Mejor miraos esta entrada, que lo explica con muchísima más gracia. Pero es que además, si afinamos un poco la vista sobre las andanzas del reportero con bombachos, es posible que nos demos cuenta de que hay un vínculo menos obvio pero más profundo, al sintetizar el encuentro secreto entre un hijo ( Tintín) y su padre adoptivo (Haddock) en unos términos llenos de encanto y melancolía. El Castillo de Moulinsart es el único refugio que le queda a tipos como Christian Shephard y Anthony Cooper. Porque supongo que no hace falta que os recuerde que de otra cosa no, pero de conflictivos amores padre-hijo está llena la isla de Perdidos. ¿Verdad Jack?
Un apunte más sobre Super 8
agosto 25th, 2011 • 4 comments Sin categoría
Tags: Elle faning, J.J. Abrams, Steven Spielberg
(por Ibán Manzano)
En mi último AVE a Madrid pude empezarme El día del niño, heterogénea recopilación de textos alrededor de la figura del niño en la cultura popular que Rubén Lardín recoge en calidad de editor (así como de autor) y que apropiadamente subtitula “La infancia como territorio para el miedo”. Es ese territorio – resbaladizo, movedizo- el que el niño, el protoadolescente, debe conquistar para asegurar una madurez plena, y es ese territorio también en el que se situan las películas de Amblin de los 80 y por extensión Super 8, reconocida y autoconsciente remezcla de aquellas producciones. Llego tarde a una película sobre la que ya se ha escrito mucho y mejor (reconozco cierto placer culpable en haberla disfrutado a destiempo). No voy a desperdiciar un segundo en celebrar su condición de homenaje al cine del Spielberg ochentero. Eso ya se ha hecho sobradamente. Tampoco voy a entrar en algunas de las polémicas que ha generado a su paso. No son poco los foros de Internet que llevan días ardiendo acerca de la efectividad de su tercer acto. ¿Está o no a la altura del resto del metraje? Este artículo -os lo recomiendo- lo explica muy bien: lo está. Sencillamente, hay que atender al cambio de referentes.
Más interesante me resulta este otro asunto. ¿Se limita J.J. Abrams al mero simulacro de voces ajenas, las de papá Spielberg en este caso, o hay pulso bajo la sobrecarga cinéfila? Mi respuesta es que hay pulso. Pulso y vida. Y entiendo que no resulte fácil detectarle las constantes al enfermo. J.J. Abrams se parece, en este sentido, a su Alice (angelical Elle Fanning, para más datos acercarse al Somewhere de Sofia Coppola), esa chica que logra enamorar(nos) a través de un recital de interpretación, es decir, que logra capturar un momento irrepetible precisamente cuando toma prestada una voz que le es ajena. Pero no sólo es ella. Se podría decir que no hay un solo momento a pecho descubierto en esta cinta en el que una cámara no marque la clave del conjunto. El simulacro es para J.J. Abrams lo que le permite llegar hasta el fondo del asunto. Sólo así es posible comprender que bajo su sobreescritura, su tendencia a la cita intertextual, su apuesta por un sentimentalismo evidente de mercadillo, Super 8 se las apañe para capturar no poca magia.
El secreto de Super 8 reside oculto en el impagable plano que marca el inicio de todo-lo-demás. Ahí es donde demuestra que es mucho más que carne de Phenomena. Joe (un no menos maravilloso Joel Courtney, invocando al pequeño Elliot en cada silencio) se debate entre mirar a la chica, su chica, y asomarse a lo maravilloso. Y esta vez lo maravilloso adquiere la forma de un tren de mercancías con una criatura en sus entrañas a punto de descarrilar. Ese es, y todavía sigue siendo, el gran tema de toda la ficción abramsiana (¿abramsaniana?), el mismo que planteaba Perdidos y que sigue vigente en Fringe. La ventana a lo desconocido. Abrams esta vez se ha limitado a ajustar la lente a los ojos de unos críos para los que lo extraordinario no es tanto un monstruo lovecraftiano como un gesto de amor oculto bajo un paupérrimo maquillaje de zombie de serie b. Como en Cloverfield, en la que J.J. Abrams hacía las veces de productor, el monstruo no es más que el impulso del Ello -la adolescencia-, obligado a lidiar con el Superyó -la represión paramilitar-, al que sólo el poder de la imaginación -el cine, la maqueta de la nave- podrá reconducir hacia una edad adulta satisfactoria y en permanente diálogo con lo asombroso de la niñez. Y en medio, una crónica del Apocalípsis íntimo. No tan distinta, por cierto, del prólogo de Star Trek, donde el asalto a la nave Narada -caos, muerte, destrucción-, dejaba como aquí espacio para lo milagroso -el nacimiento del futuro Capitán Kirk-.
En cierto sentido, la cámara super 8 ejerce de reverso y complemento a la cámara digital de Cloverfield: es esa tensión permanente entre lo extraordinario y lo que es posible documentar la que dota de sentido a toda la ficción. No se trata por tanto de recuperar las películas de Spielberg como mero ejercicio de nostalgia o de tributo a la educación sentimental de una generación. Se trata de volver a filmarlas, con el riesgo que eso supone, con la renuncia que ello implica. Super 8 reconoce en su asombrosa imperfección que aquellas películas jamás podrán volver a la primera línea. Pertenecen a otra época.
Con apellido
marzo 2nd, 2011 • 4 comments Listillas, óscares
Tags: Billy Crystal, J.J. Abrams, John Galliano, Kirk Douglas, Lady Gaga
(por Ibán Manzano)
Caminan entre nosotros, se parecen a nosotros, pero molan mil veces más que nosotros.
1) Kirk Douglas-Billy Crystal. Cuando la gala que reconectaría con el sector más juvenil de la audiencia tiene sus dos momentos álgidos en a) un nonagenario con bastón y más tartamudez que Jorge VI de Inglaterra, pero suficiente energía como para batir a una banda de Latin Kings y embarazar a toda la platea y b) Un presentador de la década pasada revisitando con la tecnología Futurama a otro presentador de hace seis décadas, preocúpate.
2) Lady Gaga. Lo único que me separa de ser una marica al uso es que vivo al margen del fenómeno Gaga. Con esto no pretendo ir de antisistema: sencillamente por algún motivo que no me explico nunca he caído hechizado por las ondas de seducción masiva de la ultradiva. Sin embargo, no estoy tan ciego como para no reconocer en cada nuevo vídeo suyo un acontecimiento social, un festival de referencias retrofuturistas del que no escapa Born this way. Noel Burgundy en su twitter (os lo recomiendo y mucho) lo resume mucho mejor que yo, la escalada de vídeos progresivamente más excesivos de Lady Gaga acabará así: en 2016, su clip de tres horas, culmina con tu iPad explotando. (Ver vídeo).
3) Charlie Sheen-John Galliano. Es posible que ni siquiera sean humanos (están por encima de las preocupaciones mundanas, de ti, de mi y de cualquiera que coja el metro) y que ambos hayan retorcido lo que se entiende por relaciones públicas con uno de los usos más perversos que recuerdo. Sobre todo Charlie Sheen que ha satisfecho el furor de la red inaugurando un cuenta en Twitter, que ya cuenta con más de 637.000 seguidores y amenaza con ser una fuerte inagotable de amarillismo.
4) J.J. Abrams. Volviendo a los Oscar, si la Academia sigue haciéndole el juego a trabajos de género como ha ocurrido estos últimos años, Super 8 parte con una ventaja añadida: será un películón (ver trailer). Si Super 8 estará en los Oscar, Fringe debería estar en los Emmy. El capítulo ochentero de esta semana, con un cierto regusto Dharma, bien lo merece. Si no me creéis, echad un ojo a la intro.
Será maravilloso viajar hasta Mallorca
enero 20th, 2011 • 1 comment Sin categoría
Tags: El barco, El internado, J.J. Abrams, Lost
(por Ibán Manzano)
48 horas después de su estreno y gracias a la web de Antena 3 (nota para la ley Sinde, aquí hay modelos de negocio por explorar) he podido ver la que ha sido la apuesta catódica de la temporada, El Barco. Pongámonos en antecedentes, la cadena ya se había granjeado lo más parecido que un canal español ha tenido a una audiencia de culto con El Internado, que con todos sus defectos (que eran muchos, severos y a tutiplén) supo captar lo que se estaba gestando entre el público: la necesidad de ficciones adictivas. Su último intento sería El Barco, una costosa megaproducción de Globomedia que a) saquea a Lost sin pudor (con El cojo en el papel estelar de John Locke) y b) ofrece la inmersión 2.0. más compleja que se ha visto por estas lindes (los personajes twittean en tiempo real, aunque con tan poco tino que confunden nombres reales de actores con personajes). Para nuestra desgracia, como ya ocurriera con El Internado, la sutileza narrativa brilla por su ausencia. Quizás la clave secreta esté en desafiar al espectador sin menospreciar su inteligencia, en lugar de producir en cadena secuelas corporativas adaptadas a nuestros salones. Hay que tener en cuenta que un espectador bien informado sabe distinguir el erotismo sedoso del porno casero. Sin embargo, me parece que la blogosfera se ha precipitado en decapitar a una serie que posee un material lo suficientemente anómalo como para aplaudirlo, podría darnos futuras alegrías en un mañana no muy lejano si un buen guionista enderezase el rumbo. No comparto la afirmación escuchada estos días de que (casi) todas las series españolas siguen siendo igual de malas. Hemos mejorado. Ahora tenemos a J.J. Abrams como referente. Eso es lo que se llama evolucionar.
Olivia vs Olivia
septiembre 26th, 2010 • 1 comment Sin categoría
Tags: Fringe, J.J. Abrams
(Por Ibán Manzano)
Por motivos que es mejor no pasar por alto, eso que llamamos identidad (frágil, voluble, tremendamente maleable), ha sido el enemigo público nº1 del siglo pasado (y de esta primera década del que acaba de empezar): desde el psicoanálisis freudiano hasta las torturas por electroshock de, por ejemplo, el pinochetismo, pasando por la producción onírica de los surrealistas, la consciencia se ha convertido en el campo de batalla en el que se han librado los grandes conflictos de los últimos 100 años. La ciencia-ficción, en su acepción más profunda, ha recogido las principales ansiedades que se han despertado con todo ello. Fringe, esa magistral enciclopedia de ciencia-ficción (y weird tales), ha pasado de seducirnos con su respuesta a Alias (probad a buscar si no las 7 diferencias entre los pilotos de ambas series) para los días en los que el continuo espacio-tiempo ha dejado ser eso, continuo, y ha acabado incorporando la deglución del yo a su sustrato argumental. En realidad, nada nuevo, Fringe se ha dedicado a bombardear desde el minuto cero la psique de la protagonista, obligándola a tomar conciencia de la arbitrariedad de los cimientos que su mente tan cuidadosamente ha edificado con los años. Ahora, sencillamente en un paso más, acaba por enfrentarla a su peor enemigo: ella misma.
Como muestra, el 3×01 de la recién estrenada temporada, vuelve con el adecuado título de Olivia, el nombre de la protagonista. Ante nuestros ojos se despliega en 42 minutos la irremediable disolución de la Olivia que conocemos en la Olivia de un universo paralelo -reverso maléfico, bad twin, otro de los temas capitales del pulp-. Para que la experiencia sea completa el capítulo ilustra este descenso a los infiernos con el viaje crepuscular que oficia en una Nueva York, irritantemente parecida a la que conocemos, un taxista, otro personaje episódico de los que tan bien suele caracterizar la serie (pienso en el terapeuta de los bolos de la temporada pasada), el cual, obrero de la conducción, acaba convertido en el involuntario Caronte que fuerza a Olivia a un retorno a un (falso) hogar, donde lo poco que queda de ella es un estado mental en ruinas. No deja de ser impactante (y aterrador) que una serie se atreva a asesinar -al menos en algún sentido- a su personaje central, aunque intuyamos que el camino no es sólo de ida. En cualquier caso, además de impactante, es retro, naif y hermosamente inguenuo que el fetiche visual para que no nos perdamos en los saltos de esta Alicia -¿soy el único que ve el innegable parecido entre los nombres de Alicia y Olivia?- psicótica sea una peluca sacada de algún mala serie televisiva de espías.
Pilotos, pilotos, pilotos…
septiembre 1st, 2010 • 6 comments Coming soon!
Tags: Boardwalk Empire, Frank Darabont, J.J. Abrams, Martin Scorsese, The event, The walking dead, Undercovers
(por Ibán Manzano)
Hoy es 1 de septiembre, lo que para muchos de nosotros implica que el verano -y las piscinas llenas de burbujas de colores- toca a su fin. Por suerte, hay motivos de peso para evitar un suicidio colectivo: la oleada de pilotos que sacudirán nuestros ordenadores este otoño; series de las que, con toda probabilidad, encontraremos una a la que seguir la pista después del primer episodio. Ahí van:
1) The walking dead: Admito que todavía no he acabado de leerme todos los números publicados del cómic de Robert Kirkman, pero eso no me impide reconocer en este serial gráfico un buen relato de zombies estructurado con artesanía y con una cuidada dosificación de las sorpresas. El tandem de trailer (arriba) más Frank Darabont me parece lo suficientemente jugoso como para esperar con ansia la lógicamente escogida fecha de estreno del 31 de octubre.
2) The Event: A sus creadores no se les ha calentado tanto la boca como a los de Flashforward, pero alguno ha apuntado que la serie generará la misma adicción que 24 y Lost… juntas. Ya hay apuestas circulando por la red sobre el tiempo que tardará el hype de verano en dejar paso al bluff de temporada. Aunque cabe la posibilidad de que todos nos estemos equivocando, de cabo a rabo. Veremos. Fecha de estreno, 22 de septiembre.
3) Undercovers: Tiene el aval J.J. Abrams, pero eso, bien lo sabemos sus seguidores, no nos asegura dedicación total por parte del hombre-tras-la-cortina-de-Fringe. Por desgracia he tenido la mala suerte de tragarme el resumen del episodio piloto que supuestamente circula por la red. Tranquilos, nada de spoilers, pero de ser cierto, es puro Abrams, asistimos otra vez al derrumbe contrarreloj del universo de sus dos protagonistas, combinado esta vez con una nada desdeñable ligereza tipo Mr and Mrs Smith y un sentido de la pirotecnia a lo Misión imposible. Veremos también. Fecha de estreno, 22 de septiembre.
4) Boardwalk Empire: Martin Scorsese no tiene una idea precisamente idílica de cómo se gestó su país y eso, eso… nos mola. En compañía de Terence Winter de Los Soprano, Marty se acerca a la caja tonta para presentar (y dirigir su episodio piloto) al rival de más peso de esta categoría. Steve Buscemi, Atlantic City, La ley seca y 60 millones de dólares en el 1×01 (abajo) forman una combinación ganadora, que sólo de pensarlo provoca escalofríos, desmayos y vértigos múltiples. Fecha de estreno, 19 de septiembre.
Fringe. El detective cantante
mayo 10th, 2010 • 1 comment Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: Fringe, J.J. Abrams, Roal Dahl
(por Ibán Manzano)
Un amigo mio (un artistazo visual) lo dejaba claro, el episodio musical de Fringe es una basura porque Buffy ya lo hizo antes y mejor. No lleguemos tan lejos. El episodio musical de Fringe no es de hecho ni siquiera muy musical. La promoción de Glee ha llevado a la Fox a realizar esta curiosa campaña, contaminando todos sus shows. La serie de J.J. Abrams se ha tomado un respiro antes de lo que será, segurísimo, un tramo final de traca (de hecho ya he podido ver el siguiente y pinta genial). Este último episodio más que musical, es un pulp de detectives de los años 40, con un villano, el entrañable Walter Bishop, a medio camino entre el Mago de Oz y un personaje, por ejemplo Charlie, expulsado de un relato de Roal Dahl. Es cierto que la mezcla de géneros no termina de ser todo lo armoniosa que uno podría esperar, a los actores no se les ve muy cómodos, pero también tiene algún que otro momento deslumbrante. El capítulo es hábil para recrear el infierno que asola a un padre incapaz de domar sus dominios interiores destapados por la fuga de un hijo que reniega de él. También para condensar todos los vectores argumentales de las dos temporadas de la serie en la dialéctica de un cuento para niños con el que ponernos al día por si se nos había pasado algo por alto. Para niños superdotados, eso sí.
Recopilación de críticas de los episodios de Lost (Quinta Temporada)
septiembre 1st, 2009 • 5 comments Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: J.J. Abrams, Lost
Los que se pasen por aquí y sigan casi 6 años después enganchados a Lost, no negarán que andamos más desorientados que nunca: nos han agarrado la cabeza y vapuleado con tanta saña que la mayoría no sabemos ni donde tenemos los pies, ni mucho menos hacia donde se dirige la temporada final. Mérito indiscutible de unos guionistas. a los que a veces dan ganas de pegarles una colleja, aunque dure poco, rápidamente vuelven a ganarse un pedazo de cielo. A lo que iba, para pasar tan largo hiatus, recopilamos aquí las críticas de los episodios de Perdidos, reseñas de la quinta temporada, de su tramo final. Iremos complentando. Bon apétit.
- The Incident (5×16, 5×17). Escrita por este servidor, escrita por Ángel Rodríguez
- Whatever happened, happened (5×11)
Escuela de Robinsones. La Herbert Jablonski sale a subasta
agosto 11th, 2009 • 8 comments Sin categoría
Tags: Daniel Defoe, Escuela de Robinsones, J.J. Abrams, Julio Verne
He sumado a mis lecturas veraniegas –este año, por otro lado, bastante escasas- Escuela de Robinsones. Un comentario efectuado por el doctor Walter Bishop en uno de los primeros episodios de la televisiva Fringe acerca de la capacidad detonadora de la imaginación del visionario autor de La vuelta al mundo en 80 días (a.k.a. el primer científico –no acreditado- de la NASA) hizo que me picara la curiosidad. J.J. Abrams es especialista en devolverme a los textos de mi infancia, que aventuro, deben ser también los de la suya. Por otro lado, Escuela de Robinsones, no es una novela al uso dentro de la bibliografía de Verne, consiste en uno de los escasos relatos de humor que escribió, una parodia del Robinson sistematizado por Defoe. Publicada originalmente por entregas en Magasin d’Education et de Récréation, en ella se relata las aventuras de Godfrey Morgan y su afrancesado instructor, Tartetelett, en una misteriosa isla, a la que llegan vía naufragio, y donde quedan confinados a su suerte, mientras asisten sorprendidos a extraños sucesos.
Con un brillante uso de la narración, Verne acumula misterios que se saca de golpe en el último capítulo con la explicación de que todo ha sido una broma. Verne se ríe incluso de la sobredimensionada emigración asiática con un oriental que va y viene por la historia sin ton ni son. Algo así como afirmar que los chinos salen hasta de debajo de las piedras. Otro punto a su favor, son los títulos de los capítulos, titular bien es casi tan arduo como escribir, ahí el buen cuentacuentos se gana el 90% de su crédito (dejémoslo en el 50). Me fascina especialmente el que encabeza el primer capítulo, dónde el lector encontrará la posibilidad, si lo desea, de comprar una isla en el Pacífico sur. ¡Anda, lo mismito que tito J.J. lleva ofreciéndonos desde hace 5 años!. Lástima de la crisis.



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