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Crisis infinitas

PORTADA(por Ibán Manzano)

Ante una crisis económica que continúa calando en todos los ámbitos de nuestro entorno, el monográfico Imágenes de la crisis de Cahiers du Cinema España (nº 36) aspira a plantear un interrogante necesario, y, en la medida de lo posible, a responderlo. ¿Qué papel juega el cine en medio una debacle financiera de tal proporción?, ¿debe comportarse como agente pasivo o, por el contrario, tomar partido?, ¿significa lo mismo crisis en el cine que cine en crisis? The girlfriend experience y La doctrina del shock, dos trabajos que se estrenan simultáneamente en nuestras pantallas, suponen la oportunidad idónea para justificar este análisis. De la segunda cabe destacar que parte del ensayo homónimo de Naomi Klein, un minucioso repaso a los últimos 50 años de la historia occidental a partir de una perspectiva insólita y clarividente, el neoliberalismo estaría utilizando métodos equiparables a las torturas por electroshock para propulsar un terror social que conlleva todo tipo de catástrofe social.

Up in the air, Wall Street 2: Money never sleeps o Batalla en Seattle son sólo algunos de los títulos por los que el monográfico avanza, permitiéndose incluso, en un momento dado, retroceder a al crack del 29 y su consiguiente retrato en imágenes. Cabe destacar que varios de los articulistas coinciden en apuntar que el mejor desmontaje de la crisis capitalista procede de una joya televisiva que probablemente intuyó la inminencia de la tormenta financiera, The Wire, ensayo televisivo que desarticula las múltiples capas del american dream para concluir en una imagen tan elocuente como la de un sofá abandonado en medio de una barriada pobre tomada por la delincuencia. Convendría citar otro ejemplo catódico. En Los Soprano, aquella mafia que no logra aclimatarse a las nuevas formas del corporativismo es condenada al paroxismo. En una escena de la sexta temporada, un par de gangsters que antes gestionaban el barrio como su feudo particular son incapaces de someter a un antiguo ultramarino reconvertido en Starbucks. Si chantajean al encargado, la cadena de cafés lo reemplazará mecánicamente por otro como si no hubiera pasado nada. También 24 dentro de la esfera televisiva tradujo en su quinta temporada el aterrador vacío de poder democrático que subyace en el interior de un sistema regido en exclusiva por la lógica del mercado: un puñado de megaempresarios dirigen desde un loft de lujo, un limbo al margen de cualquier jurisprudencia, una conspiración que busca alumbrar una nueva guerra en oriente próximo que les permita meter mano al petróleo. El presidente es, en este caso, sólo un pelele en sus manos. ¿Alguien dijo Bush? Bush Jr., para más señas.

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