Posts Tagged ‘Lost’

Semana Tintín. El affaire Lost

(por Ibán Manzano)

Vuelo 714 para Sidney, que apareció en las páginas del seminario Tintín en septiembre de 1966, fue saludado como una vuelta al canón tras las anteriores paradas, de carácter mucho más experimental, de Tintín en el Tibet (una aventura intimista) y Las joyas de la Castafiore (una aventura íntima). Para cuando terminó su publicación, en noviembre del 67, el tintinófilo de pedigree ya había detectado que Vuelo 714 para Sidney sólo se podía tomar como un regreso a lo conocido en las apariencias. Bajo la superficie (deslumbrante, con peripecias prodigiosas y con la recuperación de Rastapopoulos para la primera división) se encontraba un nuevo trabajo en el que Hergé sacaba réditos de tensar en la medida de lo posible la línea clara. Si en Las joyas de la Castafiore se servía de las estrategias de un mago que sacaba de la chistera un conejo, en Vuelo 714 para Sidney optó por el ilusionismo y por suspender la incredulidad del lector (y de los personajes) con un final que llevaba de vuelta a la casilla de salida. Es posible que esta sea una de las razones por las que se trate de uno de los álbumes más discutidos de la colección, además de porque se deja sentir en sus páginas el gusto por lo paranormal que profesaba su autor (y tan presente en los medios en aquellos años), lo que lo convierte en uno de las escasos tomos que aceptaron elementos de ciencia-ficción (quizás junto a La estrella misteriosa el puente más directo con Blake & Mortimer), así como en una temprana manifestación, una década antes, del término jump the shark.

El amante de Lost es, sin lugar a dudas, de las personas sobre la faz de la tierra que mejor saben de qué va eso de saltar el tiburón. Fue su pan de cada día durante 6 años. En el amplio muestario de pistas ocultas que los guionistas de la serie fueron esparciendo a lo largo de los episodios y que comprenden a Homero, la Biblia, Alicia en el País de las Maravillas, Borges, episodios puntuales de La dimensión desconocida y la dramaturgia superheroíca no debería faltar en ningún caso Vuelo 714 para Sidney. Aparte de la conexión directa con el titulo (el vuelo 815 partía hacia Sidney), comparten razones argumentales (el avión que se estrella, la isla desierta que no lo está, las escotillas, el volcán, ruinas de antiguas civilizaciones, electromagnetismo) y un hallazgo similar (el juego con el olvido). Mejor miraos esta entrada, que lo explica con muchísima más gracia. Pero es que además, si afinamos un poco la vista sobre las andanzas del  reportero con bombachos, es posible que nos demos cuenta de que hay un vínculo menos obvio pero más profundo, al sintetizar el encuentro secreto entre un hijo ( Tintín) y su padre adoptivo (Haddock) en unos términos llenos de encanto y melancolía. El Castillo de Moulinsart es el único refugio que le queda a tipos como Christian Shephard y Anthony Cooper. Porque supongo que no hace falta que os recuerde que de otra cosa no, pero de conflictivos amores padre-hijo está llena la isla de  Perdidos. ¿Verdad Jack?

La zona cero de las ficciones

(por Ibán Manzano)

Un año ya. Un año desde que Perdidos nos abandonara, desde que bajara su telón por última vez –lo que en la jerga forera se conoció como el lostazo-. Un año y, lo siento Jack, te hemos decepcionado, de momento nada de regresar a la Isla. Tampoco parece que haya sido tiempo suficiente para valorar todo el alcance de una serie llamada a revolucionar la narrativa de su tiempo, por más que sepamos que la radicalidad de productos como Fringe sólo se entiende en el escenario postLost. Sin embargo, lo que más sorprende es que puede que un año después la pregunta capital de la serie, esa que nos alentaba a madrugar cada semana (al menos en mi caso), sigue sin respuesta: ¿de qué demonios va todo esto? El final con el que, reconozcámoslo ya, los guionistas empañaron su propio legado ha desenfocado el tema secreto de una ficción cuyo pecado último fue incumplir su pacto natural con el espectador. Crónicas y análisis postmorten (juro que he hecho los deberes y he devorado todo texto que contenga “osos polares” como tag) suelen coincidir en apuntar a la lucha entre el bien y el mal como el círculo concéntrico que esperaba en el núcleo duro a ser descubierto. En parte estoy de acuerdo, pero sólo en parte.

Su verdadero triunfo, por el que debería ser recordada fue otro, el de haber sabido capturar el gran drama de este tiempo descreído: la muerte de las ficciones, la necesidad de volver a entregarnos a ellas. En este sentido, el accidente de avión se revelaba como mucho más que una metáfora post 11-s (la cual caducaba aceleradamente en cuanto los capítulos nos llevaban por donde les daba la gana y las escotillas se multiplicaban como setas), sino como algo distinto y más interesante: como una zona cero de las ficciones. Probemos con otro símil, los guionistas de Perdidos ejercieron durante 6 años como terroristas argumentales. Pusieron una bomba en el corazón mismo del dispositivo argumental con un objetivo revolucionario: acabar con la decadencia narrativa para volver a empezar de nuevo. Porque de hecho, si algo conectaba todas las tramas y personajes de Perdidos era la íntima necesidad de encontrar un Gran Relato (así con mayúsculas), un hilo conductor que dotara de sentido un diario de vivencias gobernado por la extrañeza. En un mundo que ha perdido a sus dioses (ahí estaban Jacob y su muerte) es más necesario que nunca aprender de nuevo a fabular, recuperar los mitos. En la conversación que Desmond y Jack tienen en el estadio, el primero anima al segundo a confiar en los milagros. Puede que esa sea la enseñanza que J.J. Abrams quiso compartir con nosotros, aparte de la de que volar en primera clase no nos asegura tranquilidad, aceptar lo misterioso como filamento de lo real. Perdidos, en sus mejores tiempos, me recordaba un poco a Terciopelo Azul en en esa idea que subyace bajo la obra maestra de Lynch, la de que este es un mundo extraño, pero afortunadamente  es también un mundo bello. Repetid conmigo: este es un mundo extraño, pero también un mundo bello; este es un mundo extraño, pero también…

¿Eh, Jack?

Será maravilloso viajar hasta Mallorca

(por Ibán Manzano)

48 horas después de su estreno y gracias a la web de Antena 3 (nota para la ley Sinde, aquí hay modelos de negocio por explorar) he podido ver la que ha sido la apuesta catódica de la temporada, El Barco. Pongámonos en antecedentes, la cadena ya se había granjeado lo más parecido que un canal español ha tenido a una audiencia de culto con El Internado, que con todos sus defectos (que eran muchos, severos y a tutiplén) supo captar lo que se estaba gestando entre el público: la necesidad de ficciones adictivas. Su último intento sería El Barco, una costosa megaproducción de Globomedia que a) saquea a Lost sin pudor (con El cojo en el papel estelar de John Locke) y b) ofrece la inmersión 2.0. más compleja que se ha visto por estas lindes (los personajes twittean en tiempo real, aunque con tan poco tino que confunden nombres reales de actores con personajes). Para nuestra desgracia, como ya ocurriera con El Internado, la sutileza narrativa brilla por su ausencia. Quizás la clave secreta esté en desafiar al espectador sin menospreciar su inteligencia, en lugar de producir en cadena secuelas corporativas adaptadas a nuestros salones. Hay que tener en cuenta que un espectador bien informado sabe distinguir el erotismo sedoso del porno casero. Sin embargo, me parece que la blogosfera se ha precipitado en decapitar a una serie que posee un material lo suficientemente anómalo como para aplaudirlo, podría darnos futuras alegrías en un mañana no muy lejano si un buen guionista enderezase el rumbo. No comparto la afirmación escuchada estos días de que (casi) todas las series españolas siguen siendo igual de malas. Hemos mejorado. Ahora tenemos a J.J. Abrams como referente. Eso es lo que se llama evolucionar.

El año que vivimos peligrosamente (I)

(por Ibán Manzano)

Tomo prestado el bello título de una película de Peter Weir -una aproximación más sentimental que política a la insurreción contra el presidente Sukarno de 1965-, que es además uno de sus trabajos más inspirados, para recordar algunos de los highlights del año que acaba.

1) Lost se despide… ¿a lo grande? Si realmente los guionistas de Perdidos eran demiurgos privilegiados que trazaban a fuego los laberintos de la ficción catódica más popular de todos los tiempos, entonces es forzoso reconocer que hay algo diabólicamente genial en habernos entregado un final tan mediocre como blando: nos han condenado a buscar la resolución idónea más allá de su punto y final. En este sentido, la última temporada parece concitar consenso en una única dirección, para la mayoría de nosotros no ha estado a la altura de lo esperado. Eso, por supuesto, no nos permite negarle destellos singulares de genio que pocos productos pueden siquiera acariciar, por ejemplo el episodio dedicado a Desmond, Happily ever after, que volvía a revelar identidad mitológica bajo las formas de un relato de ciencia-ficción. Eso por no hablar, cuidado que van spoilers, de los últimos minutos de la serie que con todos sus defectos dejan un legado inapelable, un padre transmitiendo a su hijo la única certeza en un mundo lleno de enigmas, que todo antes o después acaba por morir.

2) La cosa se pone seria. Blake Edwards, Leslie Nielsen, Luis García Berlanga… los últimos meses del 2010 no han tenido la menor gracia. Las desapariciones de estos maestros de la carcajada coinciden con la tonalidad de un año especialmente gris que apenas se ha permitido comedias notables en contra de la consolidación que venía dándose en las últimos tiempos del posthumor y los nuevos arquetipos cómicos. En televisión la cosa ha ido un poco mejor, la renovación americana con Modern Family y Community como puntales de lanza de 2009 ha terminado de cuajar en 2010 mientras 30 Rock recuperaba brio y Futurama regresaba con las pilas bien cargadas. Incluso un trabajo tan rígido como Mad Men se ha permitido incorporar apuntes de humor absurdo -pienso en los viejecitos que conversan sobre el precio de las peras a los pies del apartamento de Don Draper-. Por último, este blog que ya os recomendé y que no dejaré de hacerlo, ha vuelto a poner las cosas en su sitio en esto de la risa.

3) La peli del feisbuk. Rashomon y Ciudadano Kane son los dos referentes más citados en las críticas de La Red Social. Lo que da una idea de la la talla de una cinta por cuyo argumento nadie daba un duro hasta hace dos días y que en cambio se ha convertido en un clásico instantáneo. La película, entre otras lecturas, narra la crónica de un desamor, un tipo frustado lucha por conseguir el afecto de su amada construyendo un simulacro con el que acercarse a ella para descubrir en el plano final que sigue estando tan lejos de la chica como al principio. También es la cinta que mejor ha retratado, junto con Film socialisme de Godard, estos inciertos días de crisis, probablemente porque comprende que el alcance de la misma va más allá de lo estrictamente económico.

4) Con t de Tumblr: Soy consciente de que escribir un párrafo elogiando a una red social por ser el último grito en redes sociales conlleva que de inmediato deje de serlo. Tumblr lleva ya varios años con nosotros, pero es en este cuando se ha masificado. En 2010 hemos tenido montones de tumblrs para el olvido y alguno que otro fantástico. Por ejemplo, estos dos de los que ya os hemos hablado, el primero que congela microgestos de cine en .gifs o el segundo en el que Kim Jong-il mira… vacas. También os recomiendo este tercero, en el que un amigo desgrana con tino aquellas cosas insólitas que sería un pecado no compartir con los demás.

De Emmy. Lost (Sexta temporada)

lost(por Ibán Manzano)

¿Posibilidades de Emmy? Pocos seguidores de Perdidos se atreverían a afirmar que la sexta temporada es la mejor, pero teniendo en cuenta lo injustamente que han tratado la serie durante estos 6 años, es impensable que los académicos se resistan a darle un Emmy a la pieza audiovisual más revolucionaria de la década.

Ya tiene ganado… Nada más recoger el Emmy en 2007, Terry O’Quinn anunció su intención de no volver a presentarse nunca más por su personaje de John Locke. Ha cumplido su palabra, el personaje con el que este año regresa no es exactamente el mismo. Los guionistas tuvieron la osadía (y necesidad) de corporeizar al villano de la función en uno de sus puntales más magnéticos -además del mejor actor-. La jugada vista en perspectiva demuestra que no era para tenerlas todas consigo, pero el buen hacer de O’Quinn ha bastado para evitar el ridículo. El actor ha elegido presentarse con el episodio El Sustituto, no le falta razón, quién lo vea, le votará; en él O’Quinn se expande aglutinando a todos los John Locke posibles.

Tweetcrítica: La sexta temporada, al igual que hicieron las anteriores, ha vuelto a redimensionar el argumento de Perdidos. El último círculo concéntrico logra conectar con el primero a través de la vía espiritual. Es irreprochable que ante su vocación por construir una ficción que reinterpretara el mundo, Lost volcara su último suspiro en afrontar la inevitabilidad de la muerte. Por el contrario, ha tenido que llegar la sexta temporada para descubrir en los guionistas una actitud que por suerte no habían manifestado hasta la fecha: la pereza. Pese a lo que se lleva afirmando desde que se emitió la series finale, el principal error del último tramo no recae sobre la presunta falta de respuestas, sino más bien sobre lo opuesto, en unos guionistas incapaces de volver hacer lo que mejor han sabido hacer todo este tiempo, inquietarnos.

Más sobre los Emmy.

Lost, de epílogos y despedidas

(Por Ibán Manzano)

Demuestra una profunda coherencia interna que una serie que ha articulado todo su tramo final sobre la necesidad de aprender a decir adiós -asumir la muerte como presencia ineludible-, así como sobre el coste que esto conlleva, complete a destiempo su trayectoria vital con un epílogo presentado un par de meses después de la conclusión oficial, e ideado con la intención de hacer menos traumática para el fan la desoladora despedida que supuso el doble capítulo final.

Más allá de lo que contiene este epílogo, que recupera uno de los temas olvidados en la sexta temporada -la Iniciativa Dharma- con la intención de “atar algunos de los cabos sueltos”, y desmontando esa teoría de que los guionistas escogieron el final que escogieron porque no sabían de qué manera salir del berenjenal en el que se habían metido (otra cosa es si dicho final era el mejor posible), su virtud es la de volver a proponer en la segunda y última secuencia, radicalmente diferente a la primera, un nuevo pacto de incredulidad regido por la extrañeza entre espectadores y guionistas, que dicho sea de paso hacen aquí las veces de Christian Shephard al venir a recordarnos que todo acaba por morir, Perdidos incluida. En conclusión, el verdadero epílogo de la serie ha sido la última temporada, Lost se detuvo en el momento mismo en el que la explosión de una bomba termonuclear condujo a El Incidente, en el instante en el que el tiempo se espesó y nuestros protagonistas pasaron a ser espectros, figuras que perseguían la resolución a su existencia incluso después de muertos. El resto no fue más que una coda sentimental desarrollada en 18 capítulos.

Ahora sí, con pleno derecho, See you in another life, Jack.

Breves Emmy

(por Ibán Manzano)

Drama. David Simon y los Emmys tienen una relación, cuanto menos, complicada. Ahora no te quiero, Ahora tampoco. Si The Wire fue ignorada hasta extremos aberrantes, su nueva serie, Treme no ha empezado con buen pie. Su lugar natural lo ocupa una sorpresa mayúscula, True Blood. Ni siquiera los apelmazados académicos han podido resistirse a esta húmeda soap opera liberada de prejuicios. Ya me los imagino en el sofá fantaseando con chupasangres rubios de metro ochenta. Por lo demás, todo en la línea de lo esperado. AMC se postula como favorita gracias a sus dos diamantes, Mad Men y Breaking Bad. La primera en concreto atesora 17 nominaciones, entre las que se cuenta una para Christina Hendricks. Si no habéis visto el maravilloso videoclip que ha protagonizado para Broken Bells, no os preocupéis, os lo hemos dejado arriba. Pero Mad Men no lo tiene todo hecho, frente a ella se encuentra Perdidos. Probablemente los Emmys se pongan sentimentales y homenajeen a la ficción más revolucionaria que ha parido la televisión, la primera en colocar al espectador en el centro mismo del andamiaje narrativo.

Comedia. Entramos en zona conflictiva, a la todopoderosa Tina Fey se le puede haber acabado el chollo. El género ha estrenado este año dos propuestas más estimulantes, el pseudomusical Glee y el pseudomockumentary, Modern Family, dos teleseries despiertas que han aglutinado un buen número de candidaturas. Ni qué decir tiene que me inclino por la primera. Ya habrá tiempo de ir analizando a todas las nominadas con calma -atentos a nuestras futuras reseñas-, pero Modern Family tiene un motivo de peso para ganarse vuestro corazón, en ella Sofia Vergara luce el peor spanglish nunca visto en la televisión mundial. Creedme, es así.

Más sobre los Emmy.

Semana Lost: The End

copialeave(por Ibán Manzano)

Dejémoslo claro antes de meternos en faena, sería una falta de estilo imperdonable consagrar esta reseña a desgranar los pros y contras del último capítulo de Lost. Y lo siento, pero si por algo quiero pasar a la posteridad es por haber tenido estilo, la de tardes que me he pasado forzándome a que me gustara la tónica sólo para poder presumir de beber gin-tonic. No, definitivamente hay cosas de las que un caballero no debe hablar. Tiempo habrá de valorar el alcance de una serie que empiezo a sospechar que no era una serie. Lo que es, no tengo la menor idea.  Y eso que no me cuesta lo más mínimo hacer sangre de una resolución blanda, en la que se les ha ido la mano con el azúcar, conceptualmente brillante, pero rematada por un kitsch sincrético poco digerible, aunque con un plano -la felicidad casi en tiempo de descuento de Jack puntuada por el lametazo de Vincent- que legitima al 100% tan aparatoso viaje. Pero insisto, tiempo habrá. Lo de hoy es otra cosa. El final de una época. La muerte de un mito. O más bien, su asimilación al folclore popular. A través de sus lagunas narrativas y de su ambivalencia, Lost es ya una de esos relatos orales que se transmiten de padres a hijos (que papá Christian contaba a Jack) y que se inventan sobre la marcha. Unos creerán saber por qué los niños no nacen en la Isla, otros, todo sobre los poderes de Walt, los menos, quién construyó la estatua. Y lo mejor, es que igual ninguno se equivoca. Es lo que ocurre con las leyendas.

En cualquier caso, este blog tiene la titánica tarea de sobreponerse y encontrar otros temas sobre los que seguir hablando. Seguramente tarde o temprano Perdidos volverá a filtrase a lo largo de sus artículos. Hay cosas que no se pueden evitar. Es la fascinación de asomarse al abismo. A un abismo bajo una lluvia apocalíptica en el que un bien y un mal corporeizados dirimen su última batalla (por el momento) en la recién adquirida humanidad de este. Pero lo que nunca volverá a ocupar, lo prometemos, es un post en exclusiva. Los guionistas han querido llegar a buen puerto y eso, no nos queda otra, hay que respetarlo. Quién me haya leído, aunque sea de refilón, a lo largo de todas estas entregas habrá notado que, aparte de mi obsesión insana con la serie (gracias por los sms de apoyo, pero no, todavía no me he suicidado), no me he cortado un pelo en citar a los grandes: Homero, Joyce, La Biblia, Alan Moore. Pues bien, ahora que esto acaba, voy a descubrirme, sacando a colación un referente cuanto menos… desconcertante. De la más baja ralea. La intro en español de Bola de Dragón. (Desconozco si la versión nipona es igual). Yo que crecí con ella y le tengo mucho cariño, conservo una frase alojada en mi cabeza, que a medida que se cerraba el ojo de Jack me golpeaba con saña, mientras no me quedaba otra que asumir que pese a las apariencias los protagonistas de Perdidos están condenados a un destino irresoluble, a un paraíso artificial (como Dorian), a un limbo que jamás los dejará marchar del todo, en el que poco sirven veleros, aviones, helicópteros o submarinos de 3d mal renderizado.

Y en esa canción, la de Bola de Dragón, se decía algo así como Este mundo es una isla sin par, donde hay un tesoro escondido en él. Y no sé vosotros, pero este servidor piensa dejarse la piel y los días que le quedan en encontrarlo.

(Más sobre la Semana Perdidos, aquí)

Semana Lost: Carta a los Reyes Magos

poster1(Por Ibán Manzano)

Queridos Reyes Magos (ya me entendéis, Lindelof, Cuse, Bender, Abrams -¿todavía estás en la serie?- y demás fauna rara), he sido muy bueno estos seis años, ¡cuántos madrugones antes de ir a currar!, ¡cuántos! Esta semana además he hecho los deberes y me he dejado barba (total look Jack) y pienso negarme a beber durante lo que queda de finde algo que no sea Whisky MacCutcheon. Así que aquí va mi lista de peticiones para la series finale. Cosas que de suceder, para que negarlo, me harían inmensamente feliz:

  1. Ver osos polares por todas partes
  2. Que, parafraseando a un lector de este blog, Rafaware, descubramos que los flashbacks eran flashforwards, que los flashsideways son viajes en el tiempo, que los viajes en el tiempo son flashbacks y así sucesivamente.
  3. Que Desmond la líe parda.
  4. Que se cumpla la profecía de este y un helicóptero saque a Claire de la Isla.
  5. Que vuelva Walt-dos-metros y, bueno, todos los niños, Aaron, JiYeon, Charlie Junior, los dos que se fueron con la azafata… Bueno, la azafata también puede volver.
  6. 4, 8, 15, 16, 23, 42 sin parar y por un tubo.
  7. Que suene Bob Dylan o Patsy Clane en el Concierto ese que parece tan importante. O que suenen los dos ya puestos. Y que el cover lo haga Geronimo Jackson (Más info, aquí)
  8. Que NO salga Jacob, tampoco su hermano. Menos su madre.
  9. Giacchino. Mucho Giacchino.
  10. Penny. Mucho Penny. Y un poco de Christian Shephard. Sí, ya sé que está muerto. Pero, ¿importa?
  11. Que ese volcán que se mencionó en la tercera temporada, valga para algo. O van a tirar por tierra mi teoría de que Perdidos es un remake encubierto de Vuelo 714 para Sidney.
  12. Una nueva escotilla que nunca habíamos visto. Y nuevos personajes misteriosos que ocultan revelaciones. No hay ironía.
  13. Un montón de muertes a lo Artz.
  14. Que Jack encuentre lo que anda buscando. Aunque igual entonces ya no me cae tan bien. No, mejor que no lo encuentre.
  15. Que la última frase sea See you in another life, brotha. Y la diga Jack. Mirando a cámara. A poder ser.

Termino con un extracto de un monólogo de Charlie, que llevo intentando colar por algún post toda la semana, y no había manera.

Estamos vivos. Es una isla preciosa. Dormimos bajo las estrellas y el día menos pensado vendrán los helicópteros a rescatarnos

Semana Lost: Espotifai

Lost(Por Ibán Manzano)

Dentro de este inclemente (e infrecuente) ritmo de actualización pensaba dedicarle espacio a Michael Giacchino. Pero, ¡ay amigos!, ABC se me ha adelantado, con un artículo espléndido que concluye que escuchar música tampoco volverá a ser lo mismo cuando acabe Lost. Bueno, al menos, la música que ponen por televisión.

En realidad, el artículo pasa bastante de largo de Giacchino, quién merecería un monumento, de momento ya tiene un justísimo Oscar (aunque yo este año iba más con Fantástico Mr. Desplat), sino que prefiere centrarse en el uso de la música diagética. El Make your own kind of music en Desmond o el Dowtown en Juliet. Y acordémonos también del disco que se le rallaba al Dr. Chang al principio de la quinta temporada, una jugosa pista sobre lo que se avecinaría en los siguientes episodios.

Y los dos temazos de Jack, bueno de Jack el greñas, diseminados por las finales de la tercera y la cuarta. Scentless Apprentice y Gouge Away. Nirvana y The Pixies. En los comentarios del artículo se ha abierto el debate sobre qué canción se merece Jack como despedida. Knockin’s on heaven’s door es una una apuesta segura. Y me mola. Ey, un momento. ¿Dylan y Lost compartiendo plano? ¿Estamos preparados para algo tan contundentemente orgásmico? Malito me pongo sólo con imaginar.

Os dejo la lista de las canciones. He colado Blue Velvet. Por hacer la cosa aún más redonda.

P.D. El artículo comete un error imperdonable, ¿Cómo se han podido olvidar de El monstruo se come al piloto, el futurible megaéxito de ventas que Charlie compone en el 1×22?

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