Posts Tagged ‘Mad Men’
Tomas Alfredson me ha robado el corazón
enero 12th, 2012 • 1 comment General
Tags: Alberto Iglesias, El Topo, John le Carré, Julio Iglesias, La mer, Mad Men, Thomas Alfredson
(por Ibán Manzano)
Empecemos con una grave acusación: Tomas Alfredson y Alberto Iglesias son unos ladrones. Me han robado mi idea maestra, la que pensaba incluir en algún guión que todavía no he escrito. Estoy hablando de la canción que suena en el momento álgido de El Topo, escena que por respeto a quien no la haya visto (no sé a que esperáis) no detallaré. El que ya se haya enamorado de esta obra maestra del género de espías, sabrá a lo que me refiero. Sin exagerar, es posible que se trate del mejor empleo de una canción en una escena del cine reciente y eso que ni siquiera sé muy bien a qué diablos viene. En realidad, La mer, pieza capital de la chanson francesa, está cansada de formar parte de bandas sonoras, pero lo que marca la diferencia es 1) la gracia que se marca el dúo Alfredson-Iglesias y 2) el intérprete, tito Julio en un francés francamente mejorable. Mitad colofón irónico, mitad exhibiciónn de gusto; lo cierto es que La mer no desentona ni un ápice entre tanto gentleman al servicio de Su Majestad.
Sé que es precisamente este superávit de saber estar el que ha alimentado las reseñas más negativas de la adaptación de la novela de John le Carré. Por ejemplo, en Venecia charlé a la salida del pase con varios espectadores que consideraban la película poco más que un impresionante pero vacuo ejercicio de estilo, un suma y sigue tras Mad Men, con las conspiraciones de los 70 y el viejo continente como nuevos telones de fondo. Esa interpretación yerra en lo fundamental. Qué duda cabe de que a Mad Men se la recordará por su alargada sombra en los editoriales de moda, pero su aportación más importante sigue siendo la de estar proponiendo un correlato de la América de la Guerra Fría a través de sus objetos, de sus ropajes. No me cansaré de citar el maravilloso 3×09, Souvernir, ese capítulo vacacional en el que el matrimonio Draper acepta ser cosificado para reactivar su apagado juego sexual. Entiendo que la adaptación original de El Topo que la BBC emitió en 1979 choque con la de Thomas Alfredson, a su lado queda desangelada. El trabajo en el diseño de producción de esta última sólo puede ser considerado como exquisito. Europa es un continente en sombras, habitado por fantasmas que buscan escapar del frío. Como un capítulo alargado de la seminal El prisionero. Pero si pese a todo sigues empeñado en que El Topo es poco más que un traje bien planchado, alejado de nuestro presente, entonces te recomiendo algo distinto: enciende tu televisor, echa un vistazo a los informativos.
Betty Frost
junio 11th, 2011 • 3 comments Superhéroes
Tags: January Jones, Mad Men, Michael Fassbender, X-Men: Primera generación
(por Ibán Manzano)
Para aquellos que hasta el momento nos habíamos mostrado esquivos a los cantos de sirena de la saga de los mutantes, esta X-Men: Primera generación supone una buena razón para la reconciliación: una aventura lúdica en clave de cine de espías de reluciente espíritu pop. Incluso su insólita reescritura de la Crisis de los misiles de Cuba que bien podría invitar a la risa involuntaria y la vergüenza ajena acaba por funcionar gracias a su descarado atrevimiento. Quizás le falte algo más de hondura a esta precuela para hacer justicia a la historia de amistad y posterior desgracia entre el Profesor Xavier y Magneto, pero suple las carencias con el mejor reparto en una película de superhéroes que hayamos visto (le da mil vueltas y algún que otro mazazo al mucho más hinchado cast de Thor). No voy a detenerme en alabar a Michael Fassbender quien tirando de chiste malo está magnético en cada secuencia en la que aparece. Ni tampoco voy a perder tiempo en la que es su respuesta intelectual, James McAvoy, ni en lo mucho que mola tener a Kevin Bacon como villano de la función (el número Bacon sigue y sigue estrechándose). Prefiero fijarme en la segunda línea de flotación formada eminentemente por rostros televisivos. De ellos la que más me gusta es January Jones como Emma Frost. Me es fácil pensar en Emma Frost como una encarnación casi lúbrica de los sueños de Betty Draper. Imaginaos a la señora Draper, vestido de flores, cigarro en mano, matando las horas muertas y la frustración doméstica fantaseando consigo misma como una ultravillana de gélida sexualidad capaz de poner al mundo al borde de la III Guerra Mundial en picardías blanco. Si a eso le sumamos que la hombría de Michael Fassbender me recuerda a la de Don Draper, entonces es probable que acabe disfrutando esta franquicia de refundación sesentera no como una saga protagonizada por freaks con poderes, sino como una reformulación antidoméstica y superheroíca de Mad Men. Soy consciente de lo que realmente está pasando, que este verano no va a haber Mad Men y la voy a echar de menos.
Jambalaya
abril 27th, 2011 • 1 comment Sin categoría
Tags: David Simon, Luck, Mad Men, Treme
(por Idir Mesian)
Viendo el incesante aluvión de estrenos que ha puesto en liza esta temporada, parece claro que la HBO quiere aprovechar el impasse de un año que se va a tomar Mad Men para recuperar la corona y volver a ser la referencia cueste lo que cueste. Después de la premiere de Juego de tronos la semana pasada, esta semana sigue sacando su artillería con la vuelta de Treme (y aún tienen la bala de Luck con Michael Mann, Dustin Hoffman y Nick Nolte en la recámara para la próxima temporada).
Ya me aventuraba hace unos meses a apostar que el retrato del NOLA post-Katrina acabaría logrando el mismo reconocimiento que su predecesora, aunque tendrá incluso más difícil superar el cliché de “drama musical” que lo que a The wire le costó superar el de “drama policial”. Es el (necesario) precio a pagar para disfrutar de David “fuck the average viewer” Simon.
Catorce meses después del huracán, cuando parece que ya nada se va a hundir más, algunas ratas están volviendo al barco y todo apunta a que, además del regreso de la delincuencia y el trasfondo de la crisis económica que Nueva Orleans vivió casi como ensayo previo de lo que vendría dos años después, en esta nueva temporada se va a remarcar aún más el perenne olvido que sufre la ciudad más outsider de los Estados Unidos por su propio país.
Aún no sabemos cómo se desarrollará la serie – ni siquiera si renovará por más temporadas –, pero no descartaría que tuvieran en mente en algún momento futuro recurrir a la victoria de los New Orleans Saints en la Super Bowl como aglutinador colectivo del orgullo de los de Louisina frente a las humillaciones constantes a su forma de entender la vida. Al fin y al cabo supuso cargarse desde dentro la campaña de publicidad más grande que hacen cada año sobre lo que significa ser estadounidense y superar la condescendencia con la que todo el mundo los miraba.
Accentuate the positive, han titulado este primer episodio, remarcando el carácter luchador que siempre acaba surgiendo de las calles y la música de NOLA. Una muestra más, junto con la sutilmente renovada cabecera, del optimismo que siempre acaba invadiendo la serie. Aunque también es cierto que es más fácil ser positivo cuando son los ojos de Lucia Micarelli los que te sonríen.
Leyendo “Reyes de la Avenida Madison”
abril 4th, 2011 • 5 comments Sin categoría
Tags: Mad Men, Matthew Weiner, Revolutionary Road, Vértigo
(por Ibán Manzano)
Cargar con Reyes de la Avenida Madison de casa al trabajo y del trabajo a casa es una de las maneras más acertadas que se me ocurren de celebrar que tras muchos desmentidos, rumores y dados envenenados por fin se confirma que habrá quinta temporada de Mad Men. Todavía me quedan algunas lecturas para acabarlo, pero puedo asegurar que se trata de un fascinante ensayo de más de 400 páginas sobre el fenómeno que rodea a la serie. La edición original del libro pertenece a 2009 y únicamente contaba con reseñas exhaustivas de los capítulos de las dos primeras temporadas. Para su salida al mercado español, Capitán Swing ha incorporando análisis de toda ralea no sólo sobre el texto, sino también sobre el contexto. Los autores facilitan una serie de claves históricas (los movimientos sociales, el papel de la mujer, la presidencia de Kennedy) para intentar comprender la lógica interna que rige el ecosistema de la serie y dar la medida de la histérica atención al dato de Matthew Weiner. También dedican párrafos y párrafos a la caligrafía visual de la serie que ha configurado un nuevo abc de lo cool, proponiendo psicoanalíticas teorías que nos dejarán sin aliento acerca del traje recto, más que una prenda de armario toda un arma dialéctica dentro de la mecánica argumental de la serie.
El artículo escrito por Jesús G. Requena (uno de mis mejores profesores de la facultad) es quizás en su brevedad uno de los más esclarecedores; pone en relación los títulos de créditos iniciales con el sueño recurrente de Scottie en Vértigo, bajo la afirmación de que ambas ficciones comparten como tema central la caída al vacío del hombre moderno. Tanto Donald Draper como Scottie pertenecen a esa generación de machos criados en la cultura de la imagen que intentan conquistar la felicidad a través de su simulacro, sin otra intención que escapar, como apuntaba Žižek en The pervert’s guide to cinema, de la pesadilla del fundido a negro. El análisis de Vértigo sirve como punto de partida para sumergirnos en otras referencias culturales no menos obvias. Don Draper recoge el testigo de esos hombres hechos a sí mismos a los que la prosa americana ya rindió cuentas en El gran Gatsby (con inminente y peligrosa versión al canto de Baz Luhrman) y que en el cine han sido llamados Charles Foster Kane, Daniel Plainview o Mark Zuckerberg. Imposible resulta dejar a un lado al “cronista de la era de la ansiedad”. Si hacemos caso a su palabra, Weiner no tuvo un ejemplar entre sus manos de Revolutionary Road de Richard Yates (uno de esos libros en los que cada palabra parece escrita con la misma naturalidad con la que parpadeamos) hasta la producción del piloto. Asegura que de haberla leído antes, “no hubiera tenido huevos” de toserle a este paisajista incontestable de los días del televisor en color.
Echo en falta por supuesto muchas cosas, aunque puede que las pocas páginas que me restan para acabarlo, me dejen satisfecho. Sobre todo creo que el papel de la música no está lo suficientemente explicado en términos dramáticos. Si el tiempo me lo permite elaboraré una lista de Spotify en la que cada canción vaya acompañada de unos de los cócteles que, esta vez sí, el libro nos enseña a preparar (rematando la jugada con una fiesta de altos vuelos, pág 245-258). No obstante, pese a que Reyes de la Avenida Madison no ofrezca toda la cohesión que cabría esperar, se pueden detectar yendo y viniendo por sus páginas los temas que siempre he creído que vertebran la serie. Como son 1) la publicidad como industria sintomática del capitalismo de los últimos 50 años, 2) el establecimiento de la cultura de las apariencias entre finales de los 50 y principios de los 60 y de la que Draper sería el ejemplo paradigmático, como creativo publicitario el spot más elaborado al que se enfrenta es su propia vida, 3) en esa misma línea, la obsesión americana por inventar un pasado mítico ante la falta de uno histórico, de nuevo una campaña publicitaria de altos costes y 4) la fetichización del deseo y sobre todo su proyección sobre los bienes de consumo. Al contrario de lo que nos parece en el primer visionado, Mad Men no es un tratado clínico sobre una época imaginativamente reeleaborado, sino que bajo su apariencia de naturaleza muerta se ocultan subterráneas corrientes de emoción. Ese escaparate de vestidos, actitudes y vasos de whisky esconde la lucha a muerte de unos personajes por eludir la certeza warholiana por la cual sus ansiedades están condenadas a sumarse a la cadena de producción de kenes y barbies a escala humana.
Draperland
octubre 20th, 2010 • 6 comments Sin categoría
Tags: Lucky Strike, Mad Men, William Faulkner
(por Ibán Manzano)
Según el portal Tv.com, los espectadores no han sido demasiado generosos con el último episodio de Mad Men, puntuándolo (en el momento en el que escribo esto) con un 8,4 frente a la tendencia alcista de la web que suele colocar los capítulos sensiblemente por encima del 9. Esto sólo puede significar que estamos ante 44 minutos algo locuelos y voluntariamente anticlimáticos de Mad Men. Y así es. El 4×13, Tomorrowland, es una rara avis que cierra sin desentonar en lo más mínimo la temporada más anómala de la serie (que alcanzó su cumbre natural allá por el 4×07, The suitcase). No es habitual que en un episodio de una serie tan rígida asistamos a contrarreloj a la consumación sentimental de una relación que al comenzar el mismo ni siquiera existía.
Esta mutación radical en las maneras de Don Draper sólo se puede comprender como el definitivo cambio de piel de un superviviente nato que por fin se ha revelado como lo que es, un entusiasta de la belleza -en su caso a través de la fetichización de las mujeres- que busca garantizarla ante un opresivo entorno de naturalezas muertas. Esa misma belleza que en la segunda temporada se desataba a partir de unas líneas de Faulkner, en la tercera mediante las yemas de una profesora de escuela al acariciar la hierba y que en la cuarta se formula sobre la utopía de Tomorrowland, parque temático de un futuro sin margen para el desconsuelo. La consecuencia práctica se manifiesta en el rechazo a la empatía natural, la seguridad hecha a sí misma, la inteligencia pragmática y la belleza serena de la Dra Miller, en beneficio del último grito en secretaria-torbellino, encarnación de piernas infinitas del deseo que carece de estos atributos para la vida pero posee por contrapartida el único con el que quizás no se pueda comerciar: la chispa de la misma. No obstante, no nos adelantemos. Las consecuencias verdaderas de esta relación no las podremos valorar hasta que nos asomemos a la quinta temporada. Allí confirmaremos si Draper realmente está recitando un verso libre o por el contrario se ha dejado engatusar por un espejismo a lo Roger Sterling en una intentona por esquivar la crisis de la madurez, tan ferozmente retratada en la serie.
Si alguna vez osamos imaginar un mañana feliz para Don Draper en el que los cigarrillos lo rodearan por doquier, nos equivocamos de principio a fin. Lucky Strike ya es historia.
Vida rebelde
octubre 4th, 2010 • 7 comments Sin categoría
Tags: Arthur Miller, Clark Gable, John Huston, Mad Men, Marilyn Monroe, Montgomery Clift, Vidas rebeldes
(por Ibán Manzano)
Una de las maneras más satisfactorias de enfrentarse a la resaca de un domingo de octubre es dejarse encontrar por artículos como este -extensión de otro más preciso aparecido días atrás en el mismo El País-, sobre la publicación de varios poemas inéditos escritos por Marilyn Monroe. Marilyn Monroe es uno de esos enclaves fijos a los que la cultura popular seguirá aferrándose una y otra vez. Es comprensible la fascinación que ejerce sobre cualquiera y de la que el artículo se hace eco: hablamos del primer bien de consumo sexual forjado con plena consciencia por una industria cultural. A la construcción oficial del mito le ha ido acompañando muy de cerca un cierto espacio en el que maniobra precisamente el autor de este texto para la contraescritura sobre la descomposición de ese mito, ansiosos intentos de encontrar algo de hondura -y sensibilidad- tras ese cuerpo de escándalo. Y, por supuesto, no es por casualidad que dicha hondura realmente existiera.
Norma Jean nunca supo integrar su identidad en fuga en los voluptusos contornos de la Marilyn Monroe que Hollywood corporeizó. Su suicidio rubricó la derrota de ese pulso que ella mantuvo consigo misma, o contra Marilyn, alguien que, en el fondo, siempre le resultó extranjera. Una serie ambientada en aquella época como Mad Men, que si no recuerdo mal sólo ha mencionado explícitamente a la rubia platino en un episodio, toma el mito Monroe como espina dorsal, pues como los días de fama de la actriz no habla de otra cosa que del fracaso americano por hacer de la felicidad el definitivo producto de mercado del siglo XXI. La lectura es unívoca, aquella mujer, en el fondo quebradiza y timida, se dejó comprar y vender sin más contraprestación que la de reclamar un poco de amor que desgraciadamente nunca llegó como ella deseó. Hoy es un buen día, siempre lo es, y en ello estoy en las mejores compañías para recuperar Vidas rebeldes (1961, John Huston), desgarrador canto del cisne de Marilyn, desnuda como nunca ante el objetivo implacable, que se organiza alrededor de un frustrado exorcismo íntimo de un grupo de perdedores- Arthur Miller y esposa-, de donde emerge ella, indómita, dispuesta a no comulgar con aquellos que no aprecien la belleza desbocada de un caballo salvaje. Pero mejor, callémonos y dejemos que sea ella la que ponga voz. Después de todo, de eso iba esta entrada, ¿no?
Ay maldita sea me gustaría estar / muerta -absolutamente no existente- / ausente de aquí -de / todas partes pero cómo lo haría / Siempre hay puentes- el puente de Brooklyn / Pero me encanta ese puente (todo se ve hermoso desde su altura y el aire es tan limpio) al caminar parece / tranquilo a pesar de tantísimos / coches que van como locos por la parte de abajo. Así que / tendrá que ser algún otro puente / uno feo y sin vistas -salvo que / me gustan en especial todos los puentes- tienen / algo y además / nunca he visto un puente feo.
Mad Men sitcom
septiembre 7th, 2010 • Sin categoría
Tags: Mad Men, Matthew Weiner
(por Ibán Manzano)
Tras completar el visionado de The suitcase, el 4×07 de Mad Men, uno pasa a albergar una doble certeza en su interior, primero que ha visto un capítulo inmenso de una serie cada día más inmensa; segundo que tras agotar todas sus posibilidades con una arrolladora tercera temporada, la serie ha encontrado margen para la supervivencia. Matthew Weiner ha recurrido a extirpar la comedia de las fuentes en las que se inspira y la ha incorporado sin aparente esfuerzo al mundo de Don Draper. Este Mad Men parece más relajado, menos tenso, pero sigue siendo igual de profundo. No resultaría del todo desconcertante que la serie repitiera un cuarto Emmy como Mejor drama dentro de un año, tampoco que lo lograra en la categoría de Mejor comedia. The suitcase no es el primer capítulo de esta temporada en descubrir este nuevo tono. En el 4×04, The rejected, ya presenciábamos a través de un espejo semiplateado una divertidísima set piece, unas cuantas secretarias participaban en un estudio de consumo revelando sus ansiedades bajo la aparente ligereza de sus comentarios, una escena precisa en su timing y perfecta en su acidez. Un capítulo, además, rematado por un prodigioso golpe de humor absurdo y algo lynchiano -la aparición de los dos viejecitos en el pasillo del desolado apartamento de Don Draper discutiendo a propósito de unas peras-.
Para The suitcase, el 4×07, Weiner ha contado con una única localización espacio/temporal y una premisa de aliento buñeliano (o a lo Cortázar, si se prefiere), que sostiene los 40 minutos alrededor de la irreductible fuerza de atracción que ejerce la agencia de publicidad sobre sus empleados, especialmente sobre Peggy, la cual intenta reiteradamente zafarse de ella sin conseguirlo. La propia Peggy protagoniza en exclusiva este capítulo en compañía de Don, cruzándose ambos infinidad de veces por los pasillos de Starling, Cooper, Draper, Pryce & asociados, sin acabar de abandonarse el uno al otro y dejando a cada encuentro un poco más de sí mismos en los despachos. El capítulo maneja para ello infinidad de recursos cómicos, ágiles réplicas, líos y enredos de sociedad -el prometido celebrando el cumpleaños con la familia política- e incluso una salida de tono escatológica. En el último tramo, el espesor dramático se impone casi sin proponérselo, recuperando una línea argumental apuntada al principio de la temporada. Sin embargo, lo mejor resulta que está aún por llegar, la capacidad por encontrar en el insólito clímax de un combate de boxeo en off lugar para la declaración de amistad más auténtica (y ortopédica) que esta semana veremos en nuestro televisor.
De Emmy. Mad Men (Tercera temporada)
agosto 28th, 2010 • 1 comment Tweetcríticas, óscares
Tags: Emmy 09/10, jon hamm, Mad Men
(Por Ibán Manzano)
¿Posibilidades de Emmy? A los académicos les chifla repetir ganadores. Esa es su mayor baza.
Ya tiene ganado… Mover a Elizabeth Moss de la categoría de Mejor Actriz Principal a la de Secundaria parece una estrategia demasiado astuta como para no ser recompensada.
¿Posibilidades de Emmy? Año 2001, la recién llegada A dos metros bajo tierra pone fin al tímido tratamiento televisivo de la muerte. Tras aquella inmensa primera temporada los guionistas se mostraron incapaces de ir más allá, el argumento arrinconó progresivamente el tabú de la muerte hasta convertirlo en un mero prólogo por episodio. La 3ª temporada de Mad Men corría el riesgo de padecer del mismo mal, una vez superado el uso de la literatura de Cheever como síntoma de la América de entonces (y de hoy). Visto así la 3ª es a un tiempo compendio y renovación, fin de discurso y nuevo comienzo. La más manierista de las tres. Sus 12 episodios penetran como nunca en la tragedia íntima de Don Draper hasta convertir los tempranos 60 en una suerte de proyección tempestuosa de su interior. Además, el episodio final, titulado apropiadamente Shut the door, Have a seat parece apuntar: Tranquilice a su señora, todavía hay Draper para rato.
Para el hombre que lo tiene todo
julio 27th, 2010 • Sin categoría
Tags: Donald Draper, El mago de Oz, L. Frank Baum, Mad Men, Matthew Weiner, Richard Yates
(por Ibán Manzano)
Hace tres años descubrimos en Don Draper a un tipo abonado al éxito; el episodio piloto, Smoke gets in your eyes, se afanó con esmero en desmontar la presunta felicidad que acompañaba al personaje. Es fácil detectar en Draper la metonimia más evidente de la América de su tiempo (y del nuestro), un self-made man que sustenta todo su magnetismo en la imagen que los demás se han hecho de él, no quedándole otra que verse obligado a falsear un pasado mítico para ellos, en iguales parámetros que los que también utilizó su país.
El episodio 4×01 abre exactamente con la misma pregunta que estructuraba el arranque de la serie, ¿Quién es Don Draper?, la imposibilidad de responder con satisfacción a tal cuestión es la misma que entonces; en medio, sin embargo, el irritantemente frágil mundo de Don Draper que habíamos ido desvelando a través del infinito baile de máscaras que supone cada capítulo ha eclosionado (ningún episodio es más eficaz en este sentido que Souvernir, 3×08, en el que Draper y esposa representan papeles ajenos a los suyos en un país que también les es ajeno, Italia, actuando como objetos de intercambio antes que como personas). Se podría entender la premiére de la cuarta temporada como sinónimo de claudicación, Draper debe volver a ser Draper y la estructura especular del capítulo así lo atestigua. Además, la vuelta de Mad Men sigue revelando sutilezas inéditas en las relaciones de poder de la sociedad de los 50/60, es especialmente significativa uno de los primeras secuencias en los que a cada plano de un publicista le sigue el de su correspondiente y entregada secretaria, la versión escotada y con minifalda de su jefe, todo supervisado bajo la atenta mirada de la secretaria-reina de la colmena, Joan Halloway. Una lectura no muy arriesgada de Mad Men nos haría pensar en ella como la respuesta televisiva a la obra de Richard Yates. Otra un poco más valiente nos permitiría asumir esta crónica de ascenso como el biopic encubierto de El Mago de Oz en el Nueva York publicitario del siglo pasado. Draper como el personaje de L. Frank Baum es un farsante que miente para satisfacer la necesidad de los demás. Para ambos la (auto)propaganda no es un negocio, sino una cuestión de supervivencia.
Los mejores episodios piloto de la televisión
noviembre 11th, 2009 • 4 comments Señoras que planean un suicidio colectivo cuando acabe Lost
Tags: 24, A dos metros bajo tierra, Alias, Ally McBeal, Expediente X, FlashForward, Friday Night Lights, Los Soprano, Lost, Mad Men, Picket Fences, True Blood, Twin Peaks
Aproximadamente cada 48 horas, alguien en algún lugar del mundo escoge sus episodios piloto favoritos. AOL, en su caso (reproduzco lista más abajo), se decanta por el de Perdidos como el más mejor del mundo mundial. En la lista incluye algunos tan estimables como el de 24 o el de ese monumento televisivo conocido como Los Soprano, que por cierto tuvo mejores capítulos en su 1ª temporada (¿os acordáis del sensacional, por brutal, Universidad?) Se echa de menos a Alias, más que nada porque el piloto de Alias es algo así como todo lo que tiene que ser un piloto, punto por punto. También se echa de menos los de Six Feet Under, Expediente X, Ally McBeal (sí, has leído bien), Picket Fences y si me apuráis un poquito el de Mad Men. Y, por supuesto, el único que podría mirar al de Perdidos a los ojos sin bajar la cara de vergüenza. Esto es, Twin Peaks.
Sugiero variantes para futuras listas de mejores episodios piloto.
a) Los pilotos prometedores que han acabado en bluffs hiperbólicos: FlashForward, Friday Night lights (algún día contaré mis problemas con esta serie)
b) Los pilotos ni-fu-ni-fa- que han acabado en éxitos estimables: True Blood.
c) Los pilotos fantasmas, como el de de Fuerza 5, la action serie que Mía (Uma Thurman) dice haber protagonizado enn Pulp Fiction. ¿O eso fue lo que se llamó Kill Bill?
Mi top 2, diga lo que diga AOL, y en parte lo dice, se queda entre Twin Peaks y Lost. De esta es evidente. Una serie tiene que ser lo mejor que te ha pasado en la vida cuando en su piloto va y se muere… ¡el piloto!
La lista de AOL:
The O.C
Glee
The Cosby Show
The Mary Tayler Moore Show
Desperates Housewives
Dallas
ER


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