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Leyendo “Reyes de la Avenida Madison”
abril 4th, 2011 • 5 comments Sin categoría
Tags: Mad Men, Matthew Weiner, Revolutionary Road, Vértigo
(por Ibán Manzano)
Cargar con Reyes de la Avenida Madison de casa al trabajo y del trabajo a casa es una de las maneras más acertadas que se me ocurren de celebrar que tras muchos desmentidos, rumores y dados envenenados por fin se confirma que habrá quinta temporada de Mad Men. Todavía me quedan algunas lecturas para acabarlo, pero puedo asegurar que se trata de un fascinante ensayo de más de 400 páginas sobre el fenómeno que rodea a la serie. La edición original del libro pertenece a 2009 y únicamente contaba con reseñas exhaustivas de los capítulos de las dos primeras temporadas. Para su salida al mercado español, Capitán Swing ha incorporando análisis de toda ralea no sólo sobre el texto, sino también sobre el contexto. Los autores facilitan una serie de claves históricas (los movimientos sociales, el papel de la mujer, la presidencia de Kennedy) para intentar comprender la lógica interna que rige el ecosistema de la serie y dar la medida de la histérica atención al dato de Matthew Weiner. También dedican párrafos y párrafos a la caligrafía visual de la serie que ha configurado un nuevo abc de lo cool, proponiendo psicoanalíticas teorías que nos dejarán sin aliento acerca del traje recto, más que una prenda de armario toda un arma dialéctica dentro de la mecánica argumental de la serie.
El artículo escrito por Jesús G. Requena (uno de mis mejores profesores de la facultad) es quizás en su brevedad uno de los más esclarecedores; pone en relación los títulos de créditos iniciales con el sueño recurrente de Scottie en Vértigo, bajo la afirmación de que ambas ficciones comparten como tema central la caída al vacío del hombre moderno. Tanto Donald Draper como Scottie pertenecen a esa generación de machos criados en la cultura de la imagen que intentan conquistar la felicidad a través de su simulacro, sin otra intención que escapar, como apuntaba Žižek en The pervert’s guide to cinema, de la pesadilla del fundido a negro. El análisis de Vértigo sirve como punto de partida para sumergirnos en otras referencias culturales no menos obvias. Don Draper recoge el testigo de esos hombres hechos a sí mismos a los que la prosa americana ya rindió cuentas en El gran Gatsby (con inminente y peligrosa versión al canto de Baz Luhrman) y que en el cine han sido llamados Charles Foster Kane, Daniel Plainview o Mark Zuckerberg. Imposible resulta dejar a un lado al “cronista de la era de la ansiedad”. Si hacemos caso a su palabra, Weiner no tuvo un ejemplar entre sus manos de Revolutionary Road de Richard Yates (uno de esos libros en los que cada palabra parece escrita con la misma naturalidad con la que parpadeamos) hasta la producción del piloto. Asegura que de haberla leído antes, “no hubiera tenido huevos” de toserle a este paisajista incontestable de los días del televisor en color.
Echo en falta por supuesto muchas cosas, aunque puede que las pocas páginas que me restan para acabarlo, me dejen satisfecho. Sobre todo creo que el papel de la música no está lo suficientemente explicado en términos dramáticos. Si el tiempo me lo permite elaboraré una lista de Spotify en la que cada canción vaya acompañada de unos de los cócteles que, esta vez sí, el libro nos enseña a preparar (rematando la jugada con una fiesta de altos vuelos, pág 245-258). No obstante, pese a que Reyes de la Avenida Madison no ofrezca toda la cohesión que cabría esperar, se pueden detectar yendo y viniendo por sus páginas los temas que siempre he creído que vertebran la serie. Como son 1) la publicidad como industria sintomática del capitalismo de los últimos 50 años, 2) el establecimiento de la cultura de las apariencias entre finales de los 50 y principios de los 60 y de la que Draper sería el ejemplo paradigmático, como creativo publicitario el spot más elaborado al que se enfrenta es su propia vida, 3) en esa misma línea, la obsesión americana por inventar un pasado mítico ante la falta de uno histórico, de nuevo una campaña publicitaria de altos costes y 4) la fetichización del deseo y sobre todo su proyección sobre los bienes de consumo. Al contrario de lo que nos parece en el primer visionado, Mad Men no es un tratado clínico sobre una época imaginativamente reeleaborado, sino que bajo su apariencia de naturaleza muerta se ocultan subterráneas corrientes de emoción. Ese escaparate de vestidos, actitudes y vasos de whisky esconde la lucha a muerte de unos personajes por eludir la certeza warholiana por la cual sus ansiedades están condenadas a sumarse a la cadena de producción de kenes y barbies a escala humana.
Shutter Island. Los renglones rectos de Martin
marzo 19th, 2010 • 4 comments Sin categoría
Tags: Dennis Lehane, Gangs of New York, Leonardo DiCaprio, Mark Ruffalo, Martin Scorsese, Revolutionary Road, Shutter Island, Thelma Schoonmaker
(Por Idir Mesian)
Leyendo no pocos artículos que se han escrito sobre la última película de Scorsese, podría parecer que en los thrillers lo único que importara ya es que exista un giro final con capacidad suficiente para sorprender a un espectador por otra parte cada vez más habituado a este tipo de recursos.
Evidentemente, si en realidad esto fuera cierto, Shutter Island no pasaría de ser un producto previsible, a pesar del esfuerzo de Scorsese por dar al final cierta ambigüedad y una gran carga perturbadora con su último plano. Sin embargo, la lección de cine que da el neoyorquino es tal que se acaba imponiendo por sí misma a debates tan estériles. La manera en la que desde el inicio le toma el pulso a la adaptación de la novela de Lehane, luchando por cada escena para dotar a la película de una coherencia narrativa global desde todas las perspectivas que se planteen tira por tierra cualquier crítica reduccionista acerca de si el final se veía o no venir. Aquí, como en todo, el disfrute no se debería encontrar en la presencia de una gran sorpresa, sino en la capacidad que se muestra a lo largo de la cinta de introducirte plenamente en el delirio del protagonista. Aquí no se ve un paseo más o menos crudo por la locura, aquí se ve cómo se construye la locura en sí misma a través de los ojos del espectador, para lo cual, una vez más, el montaje adquiere una relevancia casi tan importante como la dirección (¿de verdad alguien puede creerse que tantos fallos de raccord y saltos de eje sean errores de la siempre impecable Schoonmaker?).
Y de la misma manera que Scorsese se ha empeñado en recordarnos por qué es uno de los grandes del cine, DiCaprio también parece dispuesto a demostrar que el propio Martin no se equivocaba cuando comenzó a apostar por él en la ya lejana Gangs of New York. Siempre selectivo en sus papeles y siempre bien rodeado (gran química la que genera con Mark Ruffalo), ofrece en esta ocasión un registro totalmente distinto al de su anterior trabajo en Revolutionary Road, tan complicado como aquel y del que sale igual de triunfante. Sin embargo, cosas del destino quizás, parece que le va a costar tanto como a su gran valedor conseguir la ansiada estatuilla.
Las heridas crean monstruos, dicen en un momento de la película. Quién sabe si para Scorsese la herida quizás haya sido precisamente ese Oscar finalmente ganado por una película sin duda algo menor dentro de su filmografía comparada con sus grandes obras maestras. Tampoco es esta Shutter Island una de sus mejores películas, pero sin duda es una de sus mejores direcciones. Y así se lo acabarán reconociendo.
Revolutionary Road. Los Mendes Vs Los Wheeler.
agosto 2nd, 2009 • 4 comments Sin categoría
Tags: Kate Winslet, Leonardo DiCaprio, Revolutionary Road, Richard Yates, Sam Mendes
(Spoilers)
Revolutionary Road (novela) es mejor que Revolutionary Road (película). Eso nadie lo duda. Pero, ¿a qué se debe? Hay respuestas para todos los gustos. Muchos consideran que la sutileza del libro es intraducible a otros medios. No les falta razón, pero creo que el problema de la adaptación no es una cuestión de grados. Más bien creo que el problema de la adaptación es que Mendes, y el guionista Justin Haythe, no entendieron del todo el drama. Hay un breve suceso en la trama que resume gran parte del encanto de Revolutionary Road. La Señora Givings esa-vecina-cotilla-que-todos-tenemos regala a los Wheeler (esto sí aparece en la película) unas gardenias para que las cuiden. Cuando la tragedia se desencadena, la Señora Givings enseña la finca a una nueva pareja (esto no aparece) y, en el fondo del cajón, encuentra las gardenias marchitas. En un alarde de lucidez, la primera vez que este personaje escapa de su caricatura, afirma ¿Qué se puede esperar de un matrimonio que ni siquiera lograr cuidar unas plantas? Metáfora del aborto autoinfligido por April.
Se suele discutir sobre quién es más egoísta, si Frank, por traicionar sus sueños, o April, por caprichosa, sin entender que se merecen el uno al otro. El hecho de que se crean mejores que el resto de la comunidad (les gusta compararse con el mediocre matrimonio amigo) y no hagan nada más que pavonearse, los revela incluso más mezquinos que sus vecinos. Aquí Yates recoge un pensamiento del marido de dicho matrimonio amigo, que siempre ha fantaseado –húmedamente- con acabar sus días al lado de una mujer con la estrella de April. Un pensamiento que es incontestable, Al menos, mi mujer sigue viva. No persiste ni asomo de conformismo en su voz, se ha dado cuenta de que April puede ser un ángel tocado por la gracia divina, pero si no está hecha más que para la desdicha, no ha de merecer tanto la pena. El error es entender Revolutionary Road como un drama sobre un matrimonio de clase media atrapado por el reverso del American Way of life, sin precisar que ellos mismos han edificado los muros, se han encerrado a cal y canto y han tirado las llaves al mar. Sólo por un momento en la novela April parece entender su responsabilidad cuando una clarividencia cruza su mente, Al final las cosas importantes en la vida las tiene que hacer uno mismo, señala. Así sí, April. Así es como se proclama la revolución.
(Completar visionado con la serie Mad Men)


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