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Semana Lost: Sensaciones extraterrestres

jack-claire(Por Ibán Manzano)

A la hora de catalogar su indisimulado atractivo, una de las singularidades más evidentes de Perdidos ha sido su capacidad para seducir a una audiencia dispersa y aglutinarla. Visto así, la serie ha acabado por confundirse con la misma Isla donde sucede su argumento: cada uno ve en ella aquello que necesita ver.

Perdidos es, para quién esto suscribe, entre otras cosas, las siguiente….

1) Relato de supervivencia: Mientras las primeras temporadas basaban sus mcguffins en conflictos tan prosaicos como la búsqueda de agua, el reparto de víveres o el yo me piro a las cuevas; pues yo me quedo en la playa haciendo hogueras, las siguientes evolucionaron hasta centrarse en un naufragio de tintes existenciales. Robinson Crusoe o El señor de las moscas son sólo los referentes más obvios, pero ni de lejos los mejores.

2) Cómic de superhéroes: A través de los cada vez más evidentes dones que poseen los protagonistas (Hurley habla con los muertos, Desmond adelanta el futuro) y a partir de la incorporación al léxico de su argumento del término especial, Perdidos ha logrado esconder bajo una capa hiperrealista la poética subyaciente en las historias de superhéroes.

3) Tratado filosófico: Es osado por parte de este colaborador sacar a colación, no sé, pongamos que a Nietzsche en un producto masivo de estas características, además de evidenciar su completa ignorancia. Pero diablos, ¿por qué no? Aparte de las ideas circulares del tiempo, la tentativa que articula el último tramo de la quinta temporada, sobre el asesinato  de Jacob, rememora el poderoso Dios ha muerto. Y no es el único que podríamos citar. ¿Otro? Platón. Que la sexta temporada haya convertido en su epicentro simbólico a una caverna con nombres tachados a tiza parece ser algo más que un capricho argumental, las dos líneas narrativas que se alternan en los últimos episodios apuntan a representar la realidad ideal o trágica (la de la Isla) versus la dramática o en sombras (flashsideways) de las que el griego hablaba.

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4) Novela por entregas: Nunca el cliffhanger fue usado con tanta maestría y falta de rubor. A los guionistas les gusta compararse con Charles Dickens. En los podcasts (esa cosa tan 2.0 que se han inventado para alimentar su ego), suelen recordar la desazón que se palpaba en los puertos americanos cuando los del otro lado del charco esperaban con ilusión la siguiente entrega. A tenor de que lo que pasará el 23 de mayo, ya sabéis, el mundo llegará a su fin, parece que Lindelof y Cuse lo han conseguido.

5) Literatura Argentina: Desconozco qué puede opinar Borges de un producto de esta categoría, pero me cuesta creer que no le volviese loco del revés. Perdidos podría ser un Aleph y la Isla una Biblioteca de Babilonia contemporánea. Pero además de Borges es inevitable pensar en Sábato, cuyas novelas estaban habitabas por personajes encadenados a su propio Infierno, que normalmente se presentaba como un misterio formado por asfixiantes círculos concéntricos. Y eso sin cintar a Bioy Casares. La Constante es un capítulo muy bueno. Pero no existiría sin Chris Marker. Y Chris Marker no existiría sin Bioy Casares. Y así sucesivamente.

Jack-and-Claire-EW-Magazine-lost-10494707-400-3006) Epopeya homérica: La Iliada y La Odisea. Las dos historias que llevamos contando desde siempre. Bueno, desde que contamos historias. Perdidos es las dos, pero desordenadas. Nunca queda muy claro si estamos en guerra o de vuelta al hogar. De hecho, tampoco quedó claro qué es el hogar. Si Los Ángeles o ese pedazo de archipiélago de Hawaii. Y encima hay dioses caprichosos y héroes con debilidades y cíclopes-a-los-que-le-han-clavado-un-arpón. Y no nos olvidemos de Penélope. ¡Eso jamás!

7) Folletín de Aventuras: Escuela de Robinsones de Julio Verne, el autor que más y mejor se ha enamorado de lo inexplorado, comenzaba con un En en el que al lector se le ofrece la oportunidad de comprar una isla. ¿Hace falta que agregue más?

8.) Cuentos del más allá: Nunca una narración que acumulara tantas variantes para eludir la muerte (flashbacks, fantasmas, susurros, realidades alternativas, humos negros), fue a la vez tan escrupulosa con cada una de las defunciones de sus protagonistas. Aunque sabemos que morir en Perdidos no significa desaparecer, uno siente un respeto absoluto por la marcha de cada personaje. Bueno, de unos más que de otros. A mí la pelirroja me importó poco, la verdad, pero lo de Charlie, ¡Malditos guionistas!, no tuvo nombre. Aunque ya lo dice Jack, Nada es irreversible.

¿Y el título del post?, ¿a qué viene?, ¿qué es eso de las sensaciones extraterrestres?, ¿también hay marcianos en Perdidos? Pues no lo descartaría. Pero no, es sólo un adelanto del post que estamos preparando para mañana, Tweet Lost. Próximamente en los mejores blogs. Que también nos va lo de crear expectación.

Semana Lost: Objetos perdidos (I)

imprescindibles-de-perdidos(por Ibán Manzano)

Empezamos con la semana Perdidos en Y encima se llamaba Alabama, pero vamos teniendo en cuenta que ya la dedicamos un 90% del blog, no esperamos que notéis demasiado el cambio. Como mucho por el caudal de contenido; prometemos actualizar con furia temeraria.

Arrancamos con la ortodoxa e inevitable recopilación de los momentos más deslumbrantes de la serie. Si El País lo ha hecho, no vamos a ser menos.

P.D. Están radical y absolutamente desordenados.

1) Apertura (Piloto: 1×01, 1×02). De esta secuencia se dice lo mismo que de los primeros minutos de Salvar al soldado Ryan, que debería estudiarse en las escuelas de cine. Bien, igual es pasarse un poco. Pero el nivel de producción es  verdaderamente excelente, tiempos en que la serie manejaba presupuestos mucho más holgados. Supone además el Big Bang de Perdidos. La primera imagen, un ojo que se abre, es de una sencillez sólo comparable a su efectividad, la metáfora visual precisa para mostrar uno de los temas fundamentales de toda la serie, el renacimiento. Superada rápidamente, eso sí, por el fragmento siguiente, un hombre trajeado y encorbatado arrojado a la selva, un robinson postmoderno, que se mide no a lo natural, sino a lo sobrenatural.

2) Los grandes éxitos de Charlie (Grandes éxitos: 3×21). Vale, la muerte de Charlie fue muy dura. El Not´s Penny boat nos dejó sin aliento, ¡Maldita sea, viene más gente a la Isla!, ¡Maldita sea, siguen siendo los malos! Pero lo que de verdad moló fue el capítulo que consagraron a uno de los personajes que peor había evolucionado en la serie, aunque para ser sinceros, nunca fue gran cosa. Su despedida fue un bellísimo capítulo-homenaje tras una temporada en la que los guionistas nos deleitaron con infinitas maneras de cargárselo (entre otros, una flecha le atravesó el cuello), el cual aprovechaba sus últimos minutos para hacer balance de su pobre y miserable existencia (Charlie dixit). Que en el número 1 pusiera a Claire era algo ñoño, a Lost se le suele ir la mano con el azúcar. Pero fue el número 2, para el que no lo recuerde,  el día que aquella mujer me llamó héroe a las afueras del Covent Garden el más hermoso. Eso sí que eran superpoderes y no los de los piltrafillas de la, ejem, recién cancelada Héroes.

3) El Incidente (The Incident: 5×16, 5×17). Si hacer desaparecer una isla ante nuestros ojos no era suficiente salto con tirabuzón, erradicando con un fogonazo blanco el territorio que sustentaba el entramado de enigmas que asolaban a nuestros protagonistas, los productores se metieron en un más difícil todavía al final de la 5ª temporada. Jack llegó solito a la conclusión de que sus problemas de egolatría sólo eran solucionables material atómico mediante. Más allá de conectar con las ansias apocalípticas de su tiempo, la secuencia brillaba por sugerir un reseteo que absorbía toda la serie, volviendo a la casilla de partida. El tramposo fundido a blanco no era nada comparado con la expresión desolada de Jack, Kate, Sawyer y Juliet al dejar caer la bomba en un pozo sin fondo que difícilmente los haría más felices.

4) La cabaña de Jacob (El hombre tras la cortina, 3×19). Vale, ya, lo que nos faltaba, un fantasma. Locke y Ben visitan a Jacob. Será la primera de varias excursiones idénticas que han acompañado el último tramo de cada temporada. En la sexta parece algo mas difícil que esto ocurra, porque, bueno, Jacob está muerto. Ah, y Locke también. La primera visita nos dejó tan ojipláticos como a Ben al descubrir una silla que crujía, un farol que se movía en el aire y un espectro atrapado reclamando ayuda. Si ese momento desbordante de aroma lynchiano no fuera suficiente, la posterior visita a la cabaña se saldó con un Hay que mover la isla de sitio. No sabemos para qué valió, pero la sentencia aún resuena en nuestras cabezas. Lo que sí sabemos es cómo lo hicieron. Con una rueda de burro. Sí, nadie dijo que las respuestas fueran a ser más satisfactorias que las preguntas.

5) Christian, Sawyer se emborrachan (Forajidos, 1×16). A la espera de que el episodio final coloque donde se merece a Christian Shephard en la mitología de Lost (Que sea algo más que el Humo Negro, por favor, que sea algo más…), es imposible resistirse a la electrizante conversación que este sostiene con Sawyer en un tugurio de Australia repleto de líneas con madera de clásico y una frase a tatuar, Por eso los Red Sox jamás ganarán la liga. Paradojicamene, dos años después los Red Sox sí ganaron la liga. Cosas que pasan, supongo.

En breve, más y mejor. Lo prometemos.

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