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Amor bizarro

imhere(por Ibán Manzano)

En I’m here, el mediometraje de Spike Jonze que recientemente ha pasado por Sundance y Berlín, se incluye una imagen que podría posibilitar un salto evolutivo en el discurso del mito de Pigmalión, un robot hembra pierde el brazo en un concierto de un club underground de moda; su pareja, un robot macho de tamaño, complexión y etnia distinta, se arranca el suyo y se lo cede. El robot hembra se detiene unos segundos en reconocer desde la extrañeza un injerto que le resulta ajeno. En la cultura del simulacro, la imagen ballardiana del hombre del futuro, como un ser humano que abraza progresivamente su vida artificial ha quedado superada. El ser humano es casi un apunte, una rémora, un aparte en la era del plástico y el metal. Es posible que Spike Jonze no pretendiera más que dibujar una miniatura romántica, la versión mecánica de los amantes caníbales que los pintores surrealistas ilustraron, pero involuntariamente ha concentrado en esa secuencia -y en la posterior deriva del film- el principio de una nueva realidad sintética, el hombre del futuro camina paradójicamente hacia un futuro sin hombre.

I’m here es plenamente coherente consigo misma, sigue de cerca el melodrama sentimental de dos robots sometidos a un inclemente reajuste de identidad a consecuencia de un amor abrasivo, asimilando su estructura física como un collage de transplantes y mutilaciones del ser querido. No es, por supuesto, la primera obra protagonizada casi en exclusiva por androides, aunque probablemente sea la primera que los coloque en el centro de un romance de corte indie con todos sus tics. En la poderosa secuencia final, en la que el robot hembra descansa sobre la mesa de operaciones, con su cuerpo como un suma y sigue de pedazos de metal ensamblados, se nos presenta una nueva construcción frankesteiana, que no gira alrededor de la posibilidad de recrear una nueva humanidad, sino algo distinto, quizás superior. Visto así, en el plan de Dios, el ser humano sólo ha sido un mal necesario para llegar a algo más supremo. Algo con los ojos y la cara de C-3PO, por ejemplo.

7 días para Donde viven los monstruos y Spike Jonze habla

Donde viven los monstruos (Where the wild things are)

No cabe mejor manera de calentar el terreno para la inminente Donde viven los monstruos que una charla digital con Spike Jonze. Sí cabe, una charla digital con Spike Jonze más una sesión en común de Spotify. El pasado miércoles los lectores de El País chatearon con Spike Jonze, quién les propuso una playlist como hilo conductor para una divertida jam -entrevista con la idea de hacerla algo más íntima. Entre otros hits sugirió Big Mouth Strikes Again, All my friends de LCD Soundsystem o I´m shipping uo to Boston de Dropkicks, de los que confesó no saber mucho, pero también que estaba enamorado de su canción. Y entre otros asuntos explicó la elección de Karen O and the Kids, que son los que han puesto música a la cinta –su música es infantil y bestial al mismo tiempo- o cómo el disco Funeral, uno de los dos álbumes realmente imprescindibles de esta década – el otro es Neon Bible- le sirvió de inspiración para escribir, en colaboración con Dave Eggers, esta aproximación al lado salvaje de la infancia, vamos, a la infancia tal cual. No olvidemos que Wake up acompañaba a las primeras imágenes que pudimos ver.

Muchas son las ganas que le tengo a esta cinta, que por su largo parto ha adquirido un estimulante matiz de malditismo, más aún cuando algunas críticas que he podido leer la acusan de ser demasiado adulta para los niños y demasiado infantil para los adultos. De ser así, Spike Jonze ha obrado un milagro arrebatador, que andemos despiertos y soñando a un tiempo.

P.D. Spike Jonze eligió Summertime de Girls como punto y final. Después de advertirnos que no le teme a Avatar de James Cameron. Sus monstruos son más fuerte. Y yo le creo.

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