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Las mejores escenas de 2009

Zachary Quinto y Chris Pine en Star Trek

En lugar de escoger las mejores cintas de este 2009, he decidido seleccionar un top ten con las escenas absolutamente imprescindibles, sin las cuales no podemos seguir viviendo a partir de ya mismo. En cuanto me ponga al día, iré actualizando y moviendo ficha.

Además, vale repetir. Es por eso que Enemigos públicos figura hasta en 2 ocasiones por los minutos finales, pero es que, y no entraré en detalles para no rellenar esto de sucios spoilers, se trata de 2 escenas consecutivas que cargan, cada una a su manera, de sentido la perpetuidad trágica de John Dillinger. En cambio, el otro momento que más me ha atizado las neuronas lo oculta Star Trek, cuando Spock (Zachary Quinto) y Spock (Leonard Nimoy) se encuentran en los confines del universo, del tiempo, de la materia y más allá de todo lo que se nos ponga por delante. Una argucia narrativa muy del estilo Fringe que le permite a J.J. Abrams hacer lo que quiere con su inaugurada franquicia en un brillante juego metalingüístico que deja que el caos reine. Ah, claro, se me olvidaba, esta última también figura está en la lista.

¡Cuidado! No pinchéis en ver aquí si no queréis destriparos.

  1. Hasta la vista Mirlo Blanco, Final (Enemigos públicos) (ver aquí)
  2. Spock conoce a Spock (Star Trek)
  3. La ejecución de la familia de Shosanna (Malditos Bastardos)
  4. Dillinger a la salida del cine, Final (Enemigos públicos)
  5. La ablación (Anticristo)
  6. La lectora de labios (Los abrazos rotos)
  7. Créditos iniciales (Watchmen) (ver aquí)
  8. Resumen de la vida de Carl (Up) (ver aquí)
  9. El flashback (The Hurt Locker)

Crítica/ Reseña: The Hurt Locker

The Hurt Locker(Spoilers!)

Hay una manera de medir con eficacia lo que The Hurt Locker es capaz de aportar al género bélico y a un conflicto que –desgraciadamente- se sigue declamando en presente continuo, el alcance de su secuencia inicial, en la que un grupo de artificieros en misión afirma lacónicamente que lo que en Irak se echa en falta es hierba. Se refieren a la maría, pero también al césped. Hay mucho de incendiario imposible en querer que la hierba crezca encima de una llanura yerma a la que no llega el agua. También de desfasado colonialismo obcecado en sembrar sobre un desierto cuando nadie ha pedido que se siembre. O tan sólo es que echan de menos su casa. Como el Sargento James echa de menos su húmeda Louisiana. Y a la mujer que se quedó allí.

Pero si eso es, en parte, lo que aporta The Hurt Locker de fondo. Hay más en su superficie. Habrá quién caiga en el error de sentenciar que The Hurt Locker es una cinta inconexa, escasamente emocionante, pese a su evidente tensión y veracidad. Lo que pasa con The Hurt Locker es lo mismo que con Enemigos públicos, dos muestras de aproximación digital mucho más repletas de auténtica emoción que los codificados géneros a los que dicen servir. O de otra manera, puede que la historia del cine americano esté lleno de sentimientos sobreactuados y que estemos ante el inicio de una nueva, inmensa era. The Hurt Locker es una película tan intensa como debe serlo. Es la historia de unos soldados en Irak que quieren plantar semillas. También la del Sargento James, carismáticamente interpretado por Jeremy Renner, un hombre temerariamente adicto al Apocalipsis, a jugar con fuego, de los que guardan bajo su cama los restos de los explosivos con los que casi pierde la vida. A alguien así, está claro, no se le puede exigir que sepa de marcas de cereales. Tampoco de cómo regar la hierba.

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