Posts Tagged ‘The Wire’

The Crematorio

(por Ibán Manzano)

Decía Daniel V. Villamediana que el problema de muchos policiacos (o de cualquier género en definitiva) es que no se escribían a partir de recuerdos (o vivencias) propias sino a partir de recuerdos (o vivencias) de las películas policiacas que se han visto. Esto ocurría mientras en paralelo el nunca-menos-que-genial Noel Burgundy abría fuego en su twitter contra el tópico cahierista de comparar todo, pero absolutamente todo (las series, pero también las películas, el disfraz-huevo de Lady Gaga, los dos golazos de Messi en el partido de anoche o el polvo salvaje + resaca del fin de semana) con la ubicua The Wire. Hace dos días eran Los Soprano, mañana será Boardwalk Empire y pasado mañana, quién sabe si Juego de Tronos.

La coña tenía su razón de ser en el estreno de Crematorio, anunciada a bombo y platillo como la piedra de toque con la que medir una nueva era de la ficción televisiva española, y que ella misma se ha vendido sin pudor alguno como la The Wire española. Algo está pasando en nuestros televisores cuando series como El Barco, Ángeles o demonios o Crematorio empiezan a alejarse de los procedimentales más casposos (ya sabéis, periodistas, médicos y amas de casa poligoneras) y vuelven sus ojos hacia las parecelas catódicas más estimulantes del otro lado del Atlántico. Otra cosa son los resultados. Que no se me malinterprete. Crematorio tiene a José Sancho en un registro contenido y sólidas maneras, además de un valiente sentido de la oportunidad: un thriller mafioso en el levante español a dos días de los comicios municipales (el Bigotes y esa gente tan maja). También tiene alguna línea bien perfilada, como aquella que anuncia en boca de Sancho el fin del canibalismo económico ante el avance implacable del capitalismo corporativo. Pero, el resto, funciona como mero calco. Si hasta tenemos a Loquillo enmendando la plana a Tom Waits. Estamos aprendiendo a ampliar nuestro campo de batalla, de eso no hay duda, pero seguimos acomplejados a la hora de trasladar toda esa radicalidad a nuestra geografía. Y mira que me molan los crematorios. Apunte mental, al menos hemos descubierto por fin que con tres cuartos de hora sobra para contar una buena historia.

Crisis infinitas

PORTADA(por Ibán Manzano)

Ante una crisis económica que continúa calando en todos los ámbitos de nuestro entorno, el monográfico Imágenes de la crisis de Cahiers du Cinema España (nº 36) aspira a plantear un interrogante necesario, y, en la medida de lo posible, a responderlo. ¿Qué papel juega el cine en medio una debacle financiera de tal proporción?, ¿debe comportarse como agente pasivo o, por el contrario, tomar partido?, ¿significa lo mismo crisis en el cine que cine en crisis? The girlfriend experience y La doctrina del shock, dos trabajos que se estrenan simultáneamente en nuestras pantallas, suponen la oportunidad idónea para justificar este análisis. De la segunda cabe destacar que parte del ensayo homónimo de Naomi Klein, un minucioso repaso a los últimos 50 años de la historia occidental a partir de una perspectiva insólita y clarividente, el neoliberalismo estaría utilizando métodos equiparables a las torturas por electroshock para propulsar un terror social que conlleva todo tipo de catástrofe social.

Up in the air, Wall Street 2: Money never sleeps o Batalla en Seattle son sólo algunos de los títulos por los que el monográfico avanza, permitiéndose incluso, en un momento dado, retroceder a al crack del 29 y su consiguiente retrato en imágenes. Cabe destacar que varios de los articulistas coinciden en apuntar que el mejor desmontaje de la crisis capitalista procede de una joya televisiva que probablemente intuyó la inminencia de la tormenta financiera, The Wire, ensayo televisivo que desarticula las múltiples capas del american dream para concluir en una imagen tan elocuente como la de un sofá abandonado en medio de una barriada pobre tomada por la delincuencia. Convendría citar otro ejemplo catódico. En Los Soprano, aquella mafia que no logra aclimatarse a las nuevas formas del corporativismo es condenada al paroxismo. En una escena de la sexta temporada, un par de gangsters que antes gestionaban el barrio como su feudo particular son incapaces de someter a un antiguo ultramarino reconvertido en Starbucks. Si chantajean al encargado, la cadena de cafés lo reemplazará mecánicamente por otro como si no hubiera pasado nada. También 24 dentro de la esfera televisiva tradujo en su quinta temporada el aterrador vacío de poder democrático que subyace en el interior de un sistema regido en exclusiva por la lógica del mercado: un puñado de megaempresarios dirigen desde un loft de lujo, un limbo al margen de cualquier jurisprudencia, una conspiración que busca alumbrar una nueva guerra en oriente próximo que les permita meter mano al petróleo. El presidente es, en este caso, sólo un pelele en sus manos. ¿Alguien dijo Bush? Bush Jr., para más señas.

Treme. Mardi Gras way of life

Davis

(Por Idir Mesian)

SPOILERS

Únicamente con los diez episodios que conforman la primera temporada, Treme se ha ganado holgadamente un hueco entre las mejores series de la televisión. Al contrario que en The wire, la anterior gran obra de David Simon, en la que los primeros capítulos parecían un máster acelerado de guión, dirección y montaje acerca de cómo fabricar una serie, aquí todo está perfectamente engarzado desde la magnífica secuencia inicial del desfile seguida de la tan sencilla como devastadora (en todos los sentidos) composición de los títulos de crédito con el fondo musical de John Boutté.

A partir de ahí, con el mismo planteamiento caleidoscópico a partir de escenas cotidianas que tan bien le funciona a Simon, se construye un relato de impotencia y superación en el que todos los personajes tratan de conciliar sus propias tragedias con lo que el Nueva Orleans post-Katrina representa para ellos mientras intentan incrementar la tolerancia a la frustración de toda una sociedad representada sobre todo por dos personajes: el Davis McAlary de Steve Zahn y el Creighton Bernette de John Goodman. No tanto por su carisma (que habrá quien lo discuta) ni por la importancia que pueden tener sus historias (tan relativas como las del resto), sino por cómo personifican una particular lucha del carpe diem contra el memento mori desde la visión que cada uno aporta de Nueva Orleans, tan opuesta como complementaria para entender el fracaso de un pueblo y su necesidad de sobrevivir.

Con casi 2000 muertos a sus espaldas, no puede haber nada tan perturbador como acostumbrarse a escenas que mezclan camiones llenos de cadáveres hacinados de gente no identificada con la ilusión que despiertan los desfiles de carnaval por poder reencontrarse con vecinos y familiares que tuvieron que emigrar por las consecuencias del huracán. La Nueva Orleans de Creighton Bernette no lo pudo soportar y se acabó suicidando en uno de los momentos más duros que se han rodado desde aquellos episodios finales de Six feet under. Por su parte, la Nueva Orleans de Davis seguirá disfrutando de tantos bellos momentos de música y fiesta, aunque en el fondo sepa que por mucho que lo intente, esa suma de momentos serán sólo momentos, no una vida.

De regalo, el mítico vídeo del discurso para Youtube de Cray Bernette con su bluevelvetiana sentencia final:

Ready to be bitten again?

truebloodcartel

(por Ibán Manzano)

Parece que con la incorporación de los hombres lobo a su elenco, True Blood pasa a comportarse finalmente como la respuesta picajosa y ligera de cascos de Crepúsculo. Y oye, que me parece fantástico. Igual se le podría exigir a la tercera temporada que abrazara sin pudor el explotation más infame, pero eso probablemente conllevaría el cercenar parte de su inmensa eficacia como folletín post-teenager.

El 3×01 de True Blood tiene otros alicientes, el regreso de la cabecera con más carácter de la televisión actual –un paseo desquiciado por la American Gothic- y, sobre todo, una mayor cuota de pantalla para la Reina, una vamp encarnada con atroz lujuria por una Evan Rachel Wood que nunca lució más magnética. Si la segunda temporada hizo de la Hermandad del Sol una suerte de parodia del Klu Klux Klan actualizada a la sensibilidad chupasangres, sería divertido comprobar como en esta los problemas con el (narco)tráfico de sangre que implican precisamente al personaje de Rachel Wood se convierten en la versión libidinosa de The Wire. Aparte de eso, este 3×01, promete la liberación de toda las pulsiones homoeróticas más o menos disimuladas hasta la fecha. Puede que así la serie ataque a su público natural, que no es el homosexual, sino el que tiene ganas de carnaza y no siempre se atreve a pedirla.

I wanna do bad things with you, que dice su canción.

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