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Esperando a la 6ª temporada (II): la búsqueda del gran relato

Desmond, Kate y Locke en Perdidos

(Segundo de una serie de textos que publicaremos como anticipo a la temporada final. Aquí, el anterior. Aquí, las críticas de la 5ª temporada)

Ahí va una afirmación con la que me ganaré el infierno –por eso y por lo que disfruto de la noche-: Perdidos es el Ulises contemporáneo. Pónganse, por supuesto, todas las comillas que se consideren necesarias –que son muchas-. Empecemos por una de esas pistas que a los guionistas tanto les gusta deslizar –y que, reconozcámoslo, conllevan el peligro de convertir al espectador en un criptógrafo coetáneo de Dan Brown-. En el episodio 316 (5ª temporada), Benjamin Linus, villano de miopía pronunciada y calculada en pro de la maldad, lee el Ulises de Joyce a bordo de un avión. No se le puede negar la mayor, Benjamin es, cuanto menos, ambicioso en su lectura, se trata de la gran novela, la que dio origen al pensamiento moderno, el punto y final a la tradición literaria como sistema de conocimiento aglutinador. O digámoslo de otra manera, el libro tras el cual nunca más se volvió a escribir igual.

En Perdidos converge un cúmulo de referentes, los de siempre (ejemplo: mitología), pero también los de hoy, algo más cotidianos y de escala más baja (ejemplo: el 11-S, el Mago de Oz, la ciencia-ficción de serie b), de una manera cuestionablemente peligrosa. Todo en un corpus dramático en permanente evolución, en un dispositivo de suspense que se reinventa a si mismo, aun a riesgo de vulnerar sus propias normas, con una temeridad que recuerda al Ulises .Y aquí es donde la cosa se pone interesante. Porque Perdidos es un Ulises que contiene, a su vez, su negativo. Es decir, su Odisea. Noel en su ultrarrecomendable blog se hacía eco de las palabras de Doc Artz, bloguero de culto que visto en la tesitura de condensar Perdidos en 25 palabras afirmó que es nuestra Iliada. Perdidos es nuestro Ulises, pero, en efecto, además es nuestra Iliada –o nuestra Odisea-. El resultado es atrevido, pues supone contrastar que las mitologías contemporáneas sólo pueden erigirse sobre su propio cuestionamiento, albergando en su interior su dispositivo de autodestrucción.

Perdidos comenzó en 2004 como un certero reflejo de un estado de perplejidad colectiva, articulado sobre una colisión de referentes que divergían en un sinfín de direcciones, pero ha acabado por revelar la ansiedad que cada una de estas microficciones siente por recuperar la gran narración unificadora. La disparidad de sus tramas -empezamos discutiendo por las provisiones de agua y hemos acabado participando en la partida de ajedrez con la que 2 dioses se juegan nuestro destino-, sólo acentúa esta necesidad. Perdidos sería un brillante ejercicio de la narración tras el fin del gran relato, sino fuera porque su revolución es la de proponer la vuelta al mismo a partir de sus restos. Y es eso y no otra cosa lo que la convierte en el texto audiovisual más audaz que nos hayamos echado a la cara. El culmen de este espectro narrativo probablemente lo recoja la 2ª temporada, con la dialéctica de si pulsar el botón o no. De creer o no creer, en definitiva, para una audiencia que no es que sea atea, sino más bien descreída. También apunta Doc Artz que Perdidos es un mito en expansión.  De ser cierto nuestros mitos, está claro, se reelaboran sobre la marcha, se escriben en presente. No hay que ser blasfemo. Perdidos no posee el alcance del Ulises, ni qué decir de Homero. Pero una cosa está clara, nunca más se volverá a narrar -audiovisualmente- igual.

Esperando a la 6ª temporada. Desmond es Ulises

Desmond Hume

En su inminente publicación Televisión y culto: una simbiosis multilateral, Víctor J. Moreno desmonta algunos de los arquetipos que subyacen bajo las series de televisión. En el avance al que ya hemos podido echar un ojo cita como caso ejemplar a Perdidos y sus analogías con la mitología griega, la insularidad de la ficción de la ABC la vuelve en efecto ciertamente permeable a los relatos griegos.

Moreno se detiene en el ejemplo más evidente, y que a nadie pillará de nuevas, el de Desmond David Hume como un Ulises escocés y recopila varias semejanzas del viaje que los 2 emprenden para acreditar una heroicidad con la que merecerse el corazón de su Penélope y en el que sufren  mil y un infortunios, entre ellos una tormenta que los empuja a una isla (o a varias) con la consecuencia de dilatar lo imposible la espera. Destaca además que los 2 eran hombres de armas (¿a qué viene si no esa machacona insistencia con que Desmond fue militar al servicio de Su Majestad, la Reina?), que no caían nada bien a su familia política, o que se batieron en duelo con un cícople (esto es Bakunin) clavándole una lanza (esto es un arpón) en el pecho, amén de aportar algún dato preocupante, pues o es una casualidad o el grado de genialidad (esto es frikismo) de los guionistas provoca estremecimiento: Penélope evitó exactamente a 108 pretendientes con el ardid de destejer por las noches antes de que Ulises volviera a Ítaca a por el merecido descanso del guerrero. Y 108… bueno ya sabéis todos lo que 108 significa para Desmond.

El artículo, en cambio, no dedica espacio a otros asuntos de interés, como los frondosos rizos del hijo de Desmond, Telémaco, dicho Charlie, ni tampoco le da cancha a La Constante (The Constant, 4×05), ese capítulo tan típicamente fan. Y eso que da mucho juego. Primero porque recuerda a La jetée, o antes que eso a La invención de Morel, lo que no tiene nada que ver con La Odisea. Segundo, ahora sí, porque sintetiza el alma del poema homérico en su versión love story. Penélope, en el mismo, se define por la espera perpetua, pero siempre fiel, mientras que Ulises trabará amistad con otras féminas (diosas, ninfas, de todo) y su reto consistirá en no olvidar a su amada. El algo cursi recurso de un número de teléfono es empleado por los guionistas para resumirlo. En La Constante, Desmond se enfrenta precisamente al olvido desplazándose por el tiempo, y sólo el recordar a Penélope dotará de sentido a su viaje. No sería aventurado especular sobre el final de la serie con el ojo echado a los trazados de La Odisea. ¿Que cómo acaba La Odisea? Lo sentimos, pero este blog no es amigo de los spoilers.

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